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Pesadilla en pensiones street

(Ampl.) El gasto en pensiones crece casi un 3% en octubre, hasta la cifra récord de 8.831 millones

Antón Losada

El siempre inquietante género del terror tiene un nuevo subgénero repleto de infinitas oportunidades para estremecernos y encogernos el corazón y el estómago. A los clásicos fantasmas, aparecidos, zombis, vampiros, hombre lobo, momias, demonios, endemoniados, exorcistas y psicokillers sumen ahora lo último en sustos al por mayor: los pensionistas y sus pensiones, el verdadero terror del Siglo XXI; usted no sabrá qué es sentir verdadero miedo hasta que adquiera la condición de pensionista o se acerque el día de adquirirla e intente –en vano- averiguar cuál será el monto de su retiro.

Las múltiples sagas y franquicias del terror pensionista, desde Reforma diabólica, La maldición de Toledo o La noche de los pensionistas vivientes, ofrecen variaciones, a cada cual más terrorífica, sobre un mismo guión básico: millones de pensionistas aterrados, perseguidos por un gobierno armado con unas pensiones cada vez más pequeñas y letales mientras asusta, de la manera más sangrienta posible, a millones de cotizantes horripilados para que que corran a contratarse un plan privado. Esta semana se ha estrenado con gran aparato propagandístico la penúltima entrega de una de las franquicias más aclamadas por los fans del subgénero de terror pensionista. Se trata de La matanza de la Hucha de las pensiones 12. La trama es bien conocida: un gobierno desquiciado y fuera de control entra a saco en la Hucha de las pensiones y la deja en los huesos y cubierta de casquería y miembros seccionados; por si a alguien no le ha quedado suficientemente claro que, si no quieres acabar igual, más te vale ir corriendo al banco, a refugiarte en algún fondo de pensiones donde más de la tercera parte de su rentabilidad se irá en comisiones para la entidad.

El mismo gobierno que hace apenas un par de semanas aprobaba nuevos incentivos para los planes de pensiones privados, que ya nos cuestan al año cerca de 2000 millones en recaudación fiscal, extraía más de 3500 millones de euros de la Hucha porque decía no tener suficiente para pagar la extra de navidad a los pensionistas. Apenas quedan 8000 millones de los cerca de setenta mil millones que llegó a guardar. Zapatero no la tocó, no porque fuera un gran gestor sino porque, cuando nadie compraba deuda española, ahí estaba la hucha de ese sistema público de pensiones supuestamente insostenible para financiar al cien por cien al Estado. En seis años de mandato el ejecutivo de Rajoy ha devorado la Hucha con la ferocidad y la saña de Freddy Krueger o el Jason de Viernes 13.

La Hucha no paga las pensiones, sólo constituye un recurso extra para pasar situaciones coyunturales de apuro. En nuestro sistema de reparto, las pensiones se pagan mes a mes con las cotizaciones de los trabajadores y ahora no alcanza porque si los salarios son bajos, las cotizaciones también. Para meter aún más miedo, una y otra vez se nos repite que el gasto y el montante medio de las nuevas pensiones se dispara año tras año. Pero sólo es una media verdad. La cuantía media de las pensiones era de 1041 euros en 2013, hoy suma 1062. En 2016, por primera vez, la cuantía media de las nuevas pensiones bajó, concretamente un 0.8%. Nuestra inversión en pensiones sigue varios puntos por debajo de los países con que nos gusta compararnos: Alemania, Francia o Italia.

Las rebajas fiscales efectuadas o prometidas por Rajoy han beneficiado primordialmente a las grandes sociedades, a las rentas de capital y a los tramos más altos del IRPF; dos de cada tres euros de esas rebajas han ido a parar ahí. La deducción fiscal media por planes de pensiones aplicada por las rentas superiores a 60.000 euros multiplica por siete a la deducción media aplicada por quienes ganan menos. Se llama redistribuir a favor de aquellos que más tienen y así claro que resulta completamente imposible sostener un sistema público de pensiones.

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