Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.

La mano invisible del Gobierno

Cristóbal Montoro

Antón Losada

Que los ricos vamos ganando era una obviedad. Que vayamos ganando con semejante vapuleo es la noticia. Oxfam acaba de contarnos que la recuperación ha favorecido cuatro veces más a los más ricos; cada día nos parecemos más a los USA: el 1% de los españoles controla la cuarta parte de la riqueza nacional. España se mantiene imbatible entre los países más desiguales de la Unión Europea, ampliando y consolidando su ya sustancial ventaja. La CE sitúa a España en el liderazgo indiscutible de la desigualdad, junto a potencias como Bulgaria, Grecia y Lituania; la media que reciben los mayores perceptores de renta multiplica por seis y medio la media percibida por los menores.

Preguntado Cristóbal Montoro, el ministro de los dineros, al respecto de este pequeño detalle del aumento de la desigualdad, nos recordó que estamos en una economía de mercado y las empresas fijan los salarios, a ellas les corresponde dar pasos firmes en favor de la igualdad. Parece innegable que si aumenta la desigualdad en España se debe, en parte, al espectacular aumento de los desniveles salariales en un país donde la crisis ha hecho crecer los sueldos más altos a una media del 7%, mientras reducía y precarizaba sin piedad las nóminas medias y bajas. Pero la desigualdad no se mide sólo en términos de salarios, ni la renta depende exclusivamente de los salarios.

El Gobierno puede, por ejemplo, utilizar la política fiscal para promover políticas redistributivas. De hecho, el Gobierno de Rajoy lo ha hecho: ha redistribuido riqueza con entusiasmo, pero hacia los más ricos. La redistribución hacia arriba ha consistido en castigar a las rentas de trabajo y al consumo a la hora de subir los impuestos y beneficiar a las rentas de capital a la hora de bajarlos.

El Gobierno puede, por ejemplo, potenciar los programas y servicios públicos para favorecer a los ciudadanos con menor renta, aliviando su carga de costes y compensando sus bajos ingresos con mejores prestaciones. Tanto lo puede hacer que, en nombre del fetichismo del déficit y con la coartada de la crisis, hemos visto como se han recortado sistemáticamente los programas y prestaciones que más beneficiaban a las rentas más bajas o han encarecido el acceso a los mismos, mientras se incrementaban y mejoraban los beneficios fiscales para quienes podían permitirse pagar servicios privados.

España no es país para trabajadores. Es país para ricos. Aquí los asalariados pagan religiosamente con sus impuestos los bienes y servicios públicos mientras, cada vez más, los rentistas los disfrutan o reciben sustanciosos descuentos fiscales por sus prestaciones privadas.

El Gobierno puede, por ejemplo, regular y controlar mejor que las grandes corporaciones no exploten sistemáticamente a millones de consumidores débiles y desorganizados. Pero no hay día que no recibamos una información sobre cómo se maquina sistemáticamente para alterar el precio de las cosas y servicios básicos como la energía o las comunicaciones sin que este Gobierno haga nada.

La conclusión resulta obvia. No es solo el mercado, amigo Montoro –que diría Rodrigo Rato-. También son las políticas del Gobierno Rajoy las que nos mantienen en este liderazgo indiscutible de la desigualdad europea. No es únicamente la mano invisible de Adam Smith, también es –y mucho- la mano invisible del Gobierno.

Etiquetas
stats