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El país del pequeño Nicolás

La política española está llena de pequeños Nicolases, de impostores, timadores, falsarios, presuntos y supuestos

Desde la Transición hasta aquí, la democracia española se ha levantado sobre un lecho de mentiras en el que ahora nos hundimos

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Visto lo visto en estos últimos años y más aún en este último mes, lo del pequeño Nicolás no es una excepción ni un caso extraordinario: la política española está llena de pequeños Nicolases, de impostores, timadores, falsarios, presuntos y supuestos. De señores aparentemente respetables que son vulgares chorizos, de dirigentes que predican una cosa y hacen la contraria, de ladrones que presumen de honradez, derrochadores que piden austeridad, corruptos que dan lecciones de ética, reyes poco ejemplares y Gobiernos que incumplen todas sus promesas. No, el pequeño Nicolás, no es un rareza, no es la excepción, es la definición del comportamiento de la casta española: nadie es quien dice ser, son una estafa, todo el sistema es una simulación.

Lo vemos cada día en los periódicos, que se han convertido en una galería de impostores: Rato no era ese gran gestor del que presumía la derecha sino un poco fiable economista, su milagro económico con Aznar era un globo, Aznar no es el ejemplo de rectitud moral que vendía sino otro aprovechado inmoral que hace negocios hasta con dictadores sanguinarios, Zapatero no era Bambi sino una bomba de relojería, Esperanza Aguirre no es una pobre sexagenaria inocente sino una artista del escapismo y el disimulo con mucha caradura, Pujol no es molt honorable sino molt despreciable, Rajoy no es un honesto registrador de la propiedad sacrificado por la patria, sino un aprovechado con una caja B en su partido acusado de recibir sobres en negro. Por no hablar de todos esos empresarios, sindicalistas y políticos de izquierda y derecha que vivían en una gran mentira. Todo es tan falso que hasta el presidente no es real, es un plasma.

Estamos rodeados de impostores. Patriotas que evaden a Suiza. Ricos que roban como si no tuvieran nada. Liberales que chupan de la teta del Estado. Socialistas republicanos al servicio del mercado y la monarquía. Monarquías que esconden los oscuros negocios del rey, de su hija y de su yerno. Populares que hablan de lucha contra la corrupción mientras sueltan a corruptos como Matas y presumen de transparencia y colaboración con la justicia mientras destruyen pruebas. Socialistas que lavan su cara con Pedro Sánchez, que pone de ejemplo al consejero de Gas Natural Felipe González y mantiene en sus puestos a Chaves y Griñán. Socialistas y populares que se llenan la boca con la palabra “democracia” pero no convocan elecciones cuando sus presidentes cesan o dimiten. En su neolengua, las palabras significan lo contrario de lo que son. Tanto en los dichos como en los hechos, engañan.

Ahora estamos descubriendo que el rey estaba desnudo desde el principio y la corte llena de embusteros. Desde la misma Transición, que se vendió como modélica pero estuvo llena de trampas; desde el socialismo, que empezó con el engaño de la OTAN y acabó sembrando España de pícaros, hasta la traición de Zapatero a sus supuestos principios y los múltiples engaños de Rajoy, pasando por la gran estafa que fue Aznar y la gran mentira que ha sido la ejemplaridad del rey, está claro que nuestra democracia se ha construido sobre un lecho de falsedades, medias verdades e imposturas en el que ahora nos estamos hundiendo. Lo he dicho otras veces: la democracia española es una simulación en diferido. La verdadera democracia en directo está por llegar.

Así que el pequeño Nicolás no ha inventado nada. Sólo repite lo que ha aprendido de los mayores.

Javier Gallego es director de Carne Cruda. El programa se emite todos los martes y jueves a las 12:00 en www.carnecruda.es

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