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La sumisa Europa Von der Leyen

(De izq. a der.) La presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, la Alta representante para Asuntos Exteriores, Kaja Kallasand, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der LeyenEFE/EPA/OLIVIER HOSLET
10 de marzo de 2026 22:14 h

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Puede que fuera la Europa unida la primera que empezó a fallar a los ciudadanos. Lo cierto es que el penoso momento que vive la UE es más un resultado que el origen. El hecho es que los tres cargos más destacados de la Unión, Ursula von der Leyen (presidenta de la Comisión), Kaja Kallas (Alta representante para Asuntos Exteriores) y Roberta Metsola (presidenta del Parlamento europeo), las tres del PPE, han abandonado los principios fundacionales de la Unión Europea al entregarla sumisa a Donald Trump y la guerra ilegal que perpetra junto a Netanyahu.

Fue, no por esperado, menos impactante oír a Von der Leyen decir “Europa no puede confiar en el sistema basado en reglas (...) No puede ser la guardiana del viejo orden mundial que se ha ido y no volverá. Necesitamos una política exterior más realista”. Era rendirse a los Estados Unidos de Donald Trump y aceptar la ley de la fuerza que ha impuesto.

Ha causado revuelo entre algunos miembros de la UE y se minimiza un tanto su declaración -exprofeso, declaración de intenciones- porque la política exterior no entra en sus competencias, pero es que Kallas y Metsola se expresan de forma similar. Tanto para el genocidio de Gaza como en la guerra contra Irán. Firmes defensoras las tres de Israel, ese que “abre oportunidades” y “tiene derecho a defenderse”... ejecutando un genocidio contra la población de Gaza y que, adictos a los crímenes de guerra, habrían usado fósforo blanco contra viviendas libanesas habitadas, según Human Rights Watch.

De lo que sí han de sentirse responsables, al menos, es de aceptar que haya saltado por los aires “el viejo orden mundial” sin hacer nada por corregir semejante anomalía. Restablecerlo sería tan fácil como echar de la Casa Blanca a Donald Trump y eso empieza por no situar a Europa como un felpudo a los pies de tan dislocado presidente. De hecho, Von der Leyen debería dejar su puesto de inmediato. No puede ser presidenta de su órgano de gobierno cuando no respeta sus principios.

Porque la Unión Europea tiene como finalidad promover la paz y “el estricto respeto” al derecho  internacional y a la Carta de Naciones Unidas. Prohíbe los “actos de agresión”, busca resolver conflictos por “medios pacíficos”, y abstenerse de “amenazas” o “el uso de la fuerza” para garantizar la seguridad internacional.  El Tratado de Lisboa reafirmó, además, que el papel exterior de la Unión Europea “se basará en el respeto de los principios de la Carta de las Naciones Unidas y del Derecho internacional”. La ley de la selva impuesta no tiene nada que ver con esto. 

Menos mal que Teresa Ribera, vicepresidenta y comisaria europea de Competencia, se ha pronunciado absolutamente en contra de lo declarado por Von der Leyen con una gran valentía. Ha sido la única entre los miembros de la Comisión. Considera “muy peligroso” cuestionar el derecho internacional y recuerda que es una base esencial de la seguridad europea. También discrepa el portugués Antonio Costa que preside el Consejo Europeo, el órgano compuesto por todos los jefes de Estado o de Gobierno de los países miembros, a quien compete precisamente fijar una postura en este punto. Considera un paso en falso el de Von der Leyen y dice que “el unilateralismo no puede ser el camino y la UE debe defender el orden internacional”.

La Comunidad Europea (CEE) viene de mucho más atrás. Nace como reacción a la gran guerra mundial que provocaron los fascismos. Para que nunca más se repitieran. Ahora la UE en concreto les tiene abierta la puerta y el paso hasta la cocina.

Quizás convenga recordar algunos antecedentes y contexto. Europa es el segundo continente más pequeño en extensión, tras Oceanía, y alberga en torno a 735.000.000 habitantes, el 11% de la población mundial. Considerada cuna de la civilización occidental, fue de hecho quien formó el “concierto internacional” al expandirse y explorar el mundo para bien y para mal. La “la vieja Europa” representó durante siglos el sueño de la tierra de los valores: tolerancia, respeto, pluralidad, educación. Los norteamericanos celebraban en Europa -en París o Venecia- su rito iniciático al mundo cosmopolita. Ni les cuento lo que fue para los demócratas españoles conseguir entrar al fin -tras reiteradas negativas a causa de la dictadura- en ese club donde, entonces, se respiraba libertad y progreso y dolía menos la caspa patria apegada a las raíces.

No hay derecho a lo que han hecho con la Europa unida. Se fue lastrando con una paquidérmica burocracia mientras se teñía de ese azul conservador que termina llamando a la ultraderecha. Cuando cayó el Muro de Berlín en 1989, componían la CEE 12 países. Pasan a ser 15 con la incorporación, en 1995, de Suecia, Austria y Finlandia. Once de aquellos gobiernos eran, entonces, socialdemócratas. Desde 1999 la mayoría de los hoy 27 países que componen la Unión Europea -con ese nombre desde el Tratado de Maastricht de 1993- tienen gobiernos conservadores y los ciudadanos votan también derecha y ultraderecha para regir todas sus instituciones.

La crisis estafa del capitalismo en 2008 fue un punto crucial en la deriva de la UE. Muy medida la decisión de ejecutar a Grecia para cortar de paso inclinaciones de gobierno progresistas en España y Portugal. Nosotros aún resistimos a pesar de incontables zancadillas locales y ahora, encima, de los poderosos sicarios del mundo -Trump y Netanyahu- que se aceptan como un nuevo orden que sustituye al anterior incluso con aplausos.   

Es el que impone la fuerza y la violencia para conseguir los objetivos, y no de país siquiera, sino de sus élites corruptas. La sumisión que algunos dirigentes, como la presidenta de la Comisión Europea o el canciller alemán, incluso el neerlandés Secretario General de la OTAN, demuestran su complicidad con el peor uso de las acciones de gobierno. Porque vivimos en comunidad y nos dotamos de organismos e instituciones para algo tan obvio como que trabajen por el bienestar y el progreso de los ciudadanos. Existen organismos de control -y si no funcionan correctamente se mejoran- para cortar y sancionar las desviaciones. Con los principios del Derecho. Pero esto de que un psicópata endiosado, convicto de varios delitos, decida bombardear países y secuestrar o matar a sus dirigentes no es ningún camino de “orden” mundial. Esto ha sido entrar en un delirio sin otro precedente próximo que el nazismo de Hitler. Aquello se zanjó con guerra y miles de muertos y de daños, para lo de ahora bastaría con echar de sus puestos a los agresores y a sus cómplices evidentes. ¿Seguro que no hay congresistas republicanos estadounidenses decentes que depongan a ese grano purulento que nos han lanzado al mundo? Sería un principio. En Europa también sobran unos cuantos cargos ostentados indignamente. Von der Leyen, la primera.

“Occidente puede correr la misma suerte de otros imperios extinguidos, dejando un vacío bajo la palabra Europa pero la Historia no admite vacíos: imparable la Vida los llena y todo ocaso ofrece una ocasión”… escribía José Luis Sampedro en Reacciona (2011) y hay que buscar esa ocasión, una salida a todo esto por la cuenta que nos trae.

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