Una multitud se levanta en Minneapolis contra el autoritarismo de Trump, los abusos del ICE y el asesinato de Renée Good
En Minneapolis fue asesinado George Floyd en mayo de 2020 por un policía que le asfixió con su rodilla en el cuello. Aquella muerte alumbró grandes movilizaciones y propulsó el movimiento Black Lives Matter por todo Estados Unidos. En Minneapolis también ha sido asesinada, el pasado 7 de enero, Renée Good, de 37 años y con tres hijos: Good recibió tres disparos en la cabeza por parte de un agente del ICE.
Ante ese asesinato, la Administración Trump ha reaccionado acusando a Good de ser una “terrorista”, sin prueba alguna, y no investigando al agente autor de los disparos, Jonathan Ross. Y, ante ese asesinato, Minneapolis y el estado de Minnesota han reaccionado con una movilización masiva este jueves, con una huelga general –la primera de este calibre en EEUU en ocho décadas–, una manifestación y un gran acto en el pabellón Target Center, donde miles de personas se han reunido tras la marcha multitudinaria por el centro de la ciudad al grito de “fuera ICE”. Unas protestas que también se han producido en otras ciudades de EEUU en solidaridad con Minnesota, como Nueva York, Washington DC, .
Pero la movilización en Minneapolis (428.579 habitantes) no tiene que ver solo con una gran manifestación, sino con los cientos de grupos organizados por barrios para proteger a la comunidad migrante de las redadas del ICE: desde proporcionar paquetes de alimentos de “ayuda mutua”, hasta cuidar a los niños y acompañar a las personas mayores.
En Minneapolis, las personas que no son US citizen –ciudadanos con nacionalidad estadounidense– tienen miedo de salir de sus casas. Y las que lo son y se exponen, ya saben que pueden acabar como Renée Good.
“Desde el asesinato de Renée, los colegios están dando clases híbridas”, explica Elise Roberts, madre de dos niños del sur de Minneapolis: “Tienen miedo de llevar a los niños a clase”, relata sobre las comunidades migrantes, que se encierran en sus casas, con lo que supone eso de pérdida de ingresos también y de falta de mano de obra para buena parte de los negocios de la ciudad.
Los barrios de MInneapolis –y de muchas ciudades de EEUU–, cuentan algunos de los movilizados, se organizan a través de grupos de Signal y forman una red de ayuda mutua, de acompañamiento y de alerta de las actividades del ICE, en lo que se ha convertido un laboratorio tanto para políticas autoritarias de Trump como para la organización comunitaria que las combate.
La jornada de protesta en Minneapolis se ha vivido con temperaturas entre los -25º y los -30º centígrados, un tiempo gélido en el que se hace muy difícil permanecer mucho tiempo en la calle. Aun así, una marea ciudadana ha recorrido el centro de la ciudad mientras los comercios permanecían visiblemente cerrados: cientos de negocios han cerrado sus puertas, y trabajadores y estudiantes se han quedado en casa hasta las movilizaciones de la tarde.
“Generalmente, se nos ve como personas que solo protestan”, argumenta Roberts, “cuando en realidad solo intentamos mantener seguros nuestros barrios, responder a las necesidades urgentes de las personas que queremos y regresar a nuestra vida normal. Simplemente, estoy respondiendo a la avalancha de problemas que el ICE está provocando en mi comunidad. No elegimos esto… estamos reaccionando ante ello”.
Y la reacción de esta ciudad, tanto en la protesta como en la organización comunitaria frente al ICE es algo que los implicados ponen en valor. Javier Murillo, puertorriqueño, residente en la ciudad gemela de St Paul y una de las personas participantes del acto en el Target Center, explica: “Me llena de orgullo vivir en estas calles, porque para mí esto parece el equivalente a que en 1930 los alemanes se hubieran sublevado para proteger a la comunidad judía. Es lo que está pasando. Aquí, principalmente los blancos americanos, aquellos con ciudadanía estadounidense, están arriesgando sus vidas para proteger a sus vecinos. Y hoy, en este frío increíble, que salgan ahora 60.000 personas a la calle es increíble”.
“Cada vecindario tiene una comunicación a través de Signal”, explica Murillo, “y se están protegiendo las escuelas. Yo vivo al lado de una escuela y desde la mañana hay patrullas de vecinos para ver si llega la migra. Es increíble. Para mí, una parte importante de hoy es que el resto del país vea que podemos resistir”.
En efecto, el estado de Minnesota es singular: es un potente bastión demócrata en el que nunca han ganado los republicanos, y controlan todas las administraciones, lo cual es algo que no soporta Donald Trump, que ha lanzado una cruzada contra el gobernador, Tim Walz, ex candidato a la vicepresidencia con Kamala Harris, la comunidad somalí, numerosa en Minnesota y a la que ha calificado de “basura”, y la congresista Ilhan Omar, para quien ha pedido la cárcel.
“Es importante saber que las políticas del estado de Minnesota son de las más progresistas del país”, explica Elise Roberts: “Personas de todo el país se han mudado aquí con la esperanza de encontrar protección. Pero ahora no podemos confiar en nuestro gobierno para que cumpla la ley ni trate a las personas con la dignidad básica que merecen. Estamos aquí protegiendo a nuestra comunidad, cariñosa, acogedora y profundamente unida, frente a nuestro propio gobierno, que está usando nuestros impuestos para aterrorizarnos. Les han dicho que gozan de total impunidad y que no serán investigados. Nuestra policía local no puede intervenir porque están en clara desventaja numérica y no quieren iniciar una guerra civil”.
Jessica Garraway, profesora de Secundaria y miembro de la Federación de Educadores de Minneapolis, explica: “Soy activa en mi sindicato y también soy miembro del Círculo de Solidaridad Obrera, que es una organización que intenta impulsar el movimiento obrero para contraatacar y luchar contra ICE, pero en última instancia contra el sistema capitalista. Y hemos estado organizando y luchando para llegar a un momento como este y, con suerte, algo más grande después de esto. Esto realmente no tiene precedentes. No hemos tenido una paralización laboral y empresarial a esta escala probablemente durante décadas.
“El estado ha estado matando a personas negras y morenas de forma constante, sin ninguna razón justificable, durante décadas y décadas”, prosigue Garraway: “Y creo que el hecho de que la gente viera en video el asesinato de Renée fue algo muy importante, una mujer blanca que solo intentaba recoger a su hijo. En el video se ve cómo él la insulta justo después. La brutalidad del gobierno federal en esa situación es realmente un factor movilizador para la ciudad. Y creo que para este país también. No creo que estuviéramos donde estamos ahora, con toda esta gente movilizada”.
Según Garraway, ha sido “un momento decisivo, como cuando se produjo el asesinato de George Floyd. Y es interesante que en Minneapolis ocurran estos trágicos asesinatos de personas inocentes. Pero también evidencia el espíritu de lucha y la pasión de la gente aquí. Y creo que estamos desempeñando un papel realmente importante al mostrarle al país cómo es la resistencia, no solo con lo de hoy, sino también con las patrullas que se han estado realizando, la ayuda mutua que se ha estado brindando en el terreno... Soy profesora, y los profesores se están organizando, los padres se están organizando... Es una resistencia masiva para proteger a los niños en nuestras comunidades. Enseño a estudiantes inmigrantes, y prácticamente todos mis estudiantes están aprendiendo de forma virtual en este momento, los padres tienen miedo de enviar a sus hijos”.
La profesora recuerda: “Hace un par de semanas tuvimos una situación en una de nuestras escuelas secundarias, donde agentes del ICE detuvieron a algunos de nuestros maestros que intentaban proteger a los estudiantes, y se utilizó gas pimienta. Ese fue uno de los incidentes que nos llevó a cancelar las clases en nuestro distrito durante dos días. Y ahora estamos implementando el aprendizaje virtual opcional debido a la preocupación que tenemos por nuestros hijos y sus familias”.
Protestas y represión
La jornada de movilización arrancó a las diez de la mañana en la zona de salidas de la Terminal 1 del aeropuerto de Minneapolis-St. Paul. Una protesta que se saldó con la detención de un centenar de líderes religiosos.
Sheigh Freeberg, tesorero del sindicato UNITE HERE Local 17, explica a elDiario.es el sentido de iniciar el día de movilización con una protesta en el aeropuerto: “El aeropuerto es uno de los centros económicos de este estado. El aeropuerto también está gestionado por inmigrantes. Entra en el aeropuerto y mira a tu alrededor. ¿Quién carga tu equipaje? ¿Quién te ayuda a alquilar un coche? ¿Quién te sirve la cerveza? ¿Quién te prepara la comida? ¿Quién te cobra cuando compras agua y aperitivos? Todos son inmigrantes. Nuestro aeropuerto funciona gracias a la mano de obra inmigrante y, en este momento, el ICE está aterrorizando a esos inmigrantes”.
“Y las personas que dirigen el aeropuerto no están haciendo nada para detenerlo. Además, el aeropuerto es el lugar desde donde se traslada a todos los detenidos”, prosigue Freeberg: “Si un detenido es trasladado fuera de Minnesota. Nuestro aeropuerto no solo está permitiendo que ICE aterrorice a las mismas personas que lo convierten en un aeropuerto tan estupendo, sino que también está permitiendo que ICE deporte a nuestros vecinos y a los miembros de nuestra comunidad y los lleve al campo de concentración de Texas”.
“Quiero asegurarme de elegir mis palabras con mucha claridad”, añade el sindicalista: “Se trata de un campo de concentración donde mueren personas a diario y las condiciones se están deteriorando, y nuestro aeropuerto está permitiendo que los miembros de nuestra comunidad sean llevados allí. Por eso el aeropuerto es tan, tan importante”.
Una vecina de un barrio próximo al aeropuerto explicaba cómo había arrancado el día en sus calles: “Hemos tenido redadas del ICE desde muy temprano esta mañana. La pizzería del barrio, la gasolinera más cercana, el parque donde juego sóftbol... Todos los secuestros a primera hora de la mañana con los vecinos saltando de la cama y corriendo con esta temperatura para intentar ayudar. Y luego alertas de que se han ido y solo queda un coche vacío. Es constante”.
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