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Cuatro claves sobre la tragedia del vuelo MH17 en Ucrania

La hipótesis más plausible apunta a que el Boeing 777 fue derribado por error por los separatistas de la autoproclamada Nueva Rusia 

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Artículo en colaboración con Eurasianet.es

Como es lógico, en el breve plazo transcurrido desde la tragedia del vuelo MH17 de Malaysia Airlines que sobrevolaba territorio ucraniano, los interrogantes no resueltos superan en mucho a las escasas certezas. 298 muertos y un clima de acusaciones cruzadas entre el gobierno de Kiev, el de Moscú y los separatistas de las “Repúblicas Populares” de Donetsk y Lugansk (que reivindican la independencia del territorio históricamente conocido como Novorossiya o Nueva Rusia) llaman a la más absoluta de las cautelas. Por ello, se ha de entender éste como un análisis de urgencia en el que aportar algunas claves que permitan aventurar un relato de lo ocurrido (necesariamente provisional) y de sus implicaciones. 

1. ¿Quién derribó el avión y por qué?

Uno de los pocos aspectos sobre los que existe ya cierto acuerdo es el derribo del avión utilizando un misil tierra-aire. La trayectoria de la caída de la aeronave, sus restos y los de los propios pasajeros descartan una avería, así como un impacto aire-aire: es decir, el vuelo MH17 no fue atacado por un caza. 

El Boeing 777 sobrevolaba Donetsk a 10.600 metros de altitud cuando fue derribado. Entre el armamento pesado disponible en la zona, únicamente un sistema de misiles antiaéreos de tipo Buk-M1 (denominado SA-11 Gadfly en la nomenclatura de la OTAN) sería capaz de haberlo alcanzado; sobre esto también existe consenso. Tanto Ucrania como Rusia poseen unidades Buk-M1, aunque las instaladas en territorio ruso no llegaron a tener al avión dentro de su radio de alcance. Pero sí lo tuvo la unidad (una o varias, según diversas fuentes, incluidas rusas) que poseían desde hacía semanas los separatistas. 

Dentro del cruce de acusaciones a tres bandas entre ucranianos, separatistas y rusos, han surgido múltiples teorías; algunas de ellas ciertamente conspirativas o propagandísticas, sin pruebas concluyentes que las sustenten. Desde Moscú se ha afirmado, por ejemplo, que los Buk-M1 ucranianos fueron utilizados en el horario de la catástrofe, y habrían disparado pensando que lo hacían contra una aeronave rusa; incluso podrían haberlo hecho creyendo que se trataba del avión presidencial de Putin. La televisión estatal rusa RT difundió también las declaraciones de un supuesto controlador aéreo español del aeropuerto de Kiev (cuya identidad y credibilidad son dudosas, a la vista de anteriores comentarios), afirmando que dos cazas ucranianos escoltaron al avión de Malaysia Airlines para sospechosamente abandonarlo minutos antes del ataque. A día de hoy, la cuenta en Twitter de esta persona aparece cerrada. 

El gobierno ucraniano, por su parte, apuntó en las primeras horas a la posibilidad de un derribo por un caza ruso, o por baterías Buk-M1 desde territorio ruso; si bien después han concentrado sus acusaciones en el uso de estos sistemas por los separatistas, apoyándose en una grabación difundida por el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU). Aunque esta fuente tampoco sea en modo alguno imparcial, en ella se oye a miembros de las milicias conversar sobre el vuelo MH17 creyendo inicialmente que era un avión militar ucraniano; lo que parece coherente con otras informaciones de las que disponemos. 

La gravedad del suceso, su repercusión internacional y la imposibilidad de ofrecer una justificación moral para un ataque a un vuelo de pasajeros nos conduce a pensar que, con independencia de la veracidad de la grabación previa, se trató de un error de los separatistas. Tanto el ejército ucraniano como el ruso cuentan con la tecnología necesaria para identificar cualquier aeronave, y es además improbable que cualquiera de los dos apuntase a un avión que transitaba por una concurrida ruta comercial. 

Por otro lado, las milicias rebeldes ya habían disparado y alcanzado antes a varios aviones de la fuerza aérea ucraniana. El mismo día del siniestro, el líder militar de los separatistas (el mercenario ruso Igor Girkin, alias Strelkov) se jactaba en las redes sociales de haber derribado dos aviones, uno de ellos todavía sin identificar; para después eliminar dichos mensajes: 

Como se ha apuntado, es poco probable que los atacantes supieran que era un avión de pasajeros, ya que no sólo no ganarían nada en términos militares con su derribo, sino que verían deslegitimados sus argumentos en favor de la independencia ante la opinión pública. Hay que recordar además que las milicias separatistas tampoco son un ejército profesional: algunos de sus miembros son voluntarios o mercenarios con experiencia en combate, pero pueden carecer de la formación y la tecnología necesarias para emplear eficazmente un sistema de misiles tierra-aire, identificando claramente los blancos. 

2. ¿Quién proporcionó el misil?

Hay dos posibilidades: que fuera suministrado directamente por Moscú o que fuese obtenido de un arsenal ucraniano. La primera sería coherente con lo que ha estado ocurriendo hasta ahora, ya que se ha observado a los milicianos disparar MANPADS (misiles más pequeños y portátiles, empleados por ejemplo contra helicópteros) cuyo origen parece ser ruso. Para los separatistas, la frontera con Rusia es su principal vía de abastecimiento, tanto de financiación o equipamiento militar como de combatientes. 

Sin embargo, un medio ruso informó a finales de junio que las milicias habían capturado una base de la defensa aérea ucraniana con sistemas Buk-M1, los mismos empleados en este caso. En cambio, otros expertos como Mark Galeotti consideran que esto último habría sido una simple estratagema propagandística, y que los misiles fueron proporcionados por los rusos. Lo que parece seguro es que se trata de un sistema avanzado y complejo de manejar; por lo que también quedaría por dilucidar si fue acompañado por personal capacitado para utilizarlo (en cuyo caso se trataría de un error mucho mayor), o fue operado directamente por miembros de las milicias separatistas.   

3. ¿Por qué no se cerró el espacio aéreo de una zona de guerra?

La cadena de responsabilidades políticas, legales y económicas no concluirá en el hipotético momento en que se conozca la autoría del disparo. Es difícil explicarse cómo permanecía abierto el espacio aéreo de una región en guerra donde se habían producido previamente derribos de aviones, por más que fueran militares; o por qué Kiev no desvió las rutas comerciales para impedir el paso por el Donbass una vez supo que los rebeldes contaban con misiles de alcance superior a los 20.000 metros. En la semana anterior, distintos vuelos que atravesaban rutas similares habían desviado su trayecto; si bien es cierto que otros no lo hicieron, incluso siendo de las mismas compañías. 

Con respecto al vuelo MH17, se ha abierto una batalla de responsabilidades entre Malaysia Airlines y distintas organizaciones de control aéreo europeas e internacionales. Tanto Eurocontrol como la empresa aseguran que el avión volaba 300 metros por encima de la zona de exclusión aérea fijada por las autoridades ucranianas. Sin embargo, la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) advirtió ya en abril que la zona era insegura en su totalidad. Con todo, la principal pugna va a producirse en torno a cómo y quién va a desarrollar la investigación de la catástrofe, especialmente en cuanto al acceso a las cajas negras encontradas por los separatistas. 

4. ¿Cómo va a influir este suceso en el conflicto de Ucrania?

Desde principios de mayo especialmente, ha quedado patente que las capacidades del ejército separatista (la Milicia Popular del Donbass) dependían de la ayuda económica, suministros, armamento y voluntarios o mercenarios procedentes del otro lado de la frontera. Así, con independencia de la implicación directa de las autoridades rusas en este abastecimiento, en el momento en que éstas tuvieran una determinación firme por dificultarlo o impedirlo, el aparato militar de Nueva Rusia quedaría herido de muerte y con él la misma entidad secesionista. Putin ha tenido y tiene en su mano “cerrar el grifo”, y con ello poner una fecha aproximada de fin del conflicto armado tal como lo conocemos.  

¿Por qué no lo ha hecho? ¿qué objetivos persigue?, y, sobre todo, ¿estaría dispuesto a intervenir directamente dependiendo del contexto? Son preguntas que ya nos planteábamos antes de lo sucedido con el vuelo MH17, entendiendo que había tres opciones en las preferencias del Kremlin:  

  • Como objetivo a corto plazo, seguir apoyando a los rebeldes de manera soterrada para forzar una negociación con Kiev que estableciera un Estado federal, donde las regiones del este alcanzaran el autogobierno; así como bloquear cualquier posibilidad de integración de Ucrania en la OTAN. Esta sería la posición por defecto de Rusia. 
  • Si en un momento dado la supervivencia del bando separatista estaba en peligro, aprovechar la oportunidad para entrar abiertamente en la guerra (bien con ataques limitados o con una invasión terrestre), justificándolo como “intervención humanitaria” para proteger a la población rusoparlante. Aunque Moscú se ha mostrado más reacia a este grado de implicación, no podría descartarse teniendo en cuenta precedentes como Georgia en 2008 o Crimea en este año. 
  • Si no se lograba ningún resultado con la primera opción, y la segunda se consideraba demasiado arriesgada, seguir facilitando el apoyo necesario a los rebeldes para alargar la guerra sin intervenir directamente; creando una situación de independencia de facto en el marco de un conflicto “congelado”. Este escenario podría ser compatible con una negociación que culminase al menos en un Estado federal ucraniano, como solución intermedia.  

El derribo del Boeing 777 puede suponer un vuelco en los acontecimientos. Si nuestra hipótesis provisional (y la de otros autores) es correcta, la Milicia Popular del Donbass habría abatido por error el vuelo de Malaysia Airlines; pero utilizando una batería Buk-M1 que opera en sus manos gracias en alguna medida a Rusia, bien por haber sido transportada desde territorio ruso, por haber proporcionado Moscú entrenamiento para su uso, o por ambos motivos. Incluso si se tratase de un arma capturada por los rebeldes al ejército ucraniano, el apoyo sostenido que han recibido de Rusia en todos los ámbitos sitúa a ésta en una posición ciertamente incómoda ante la opinión pública internacional, como colaboradora indirecta de la tragedia. 

Dado que Rusia y EE UU tienen medios tecnológicos suficientes para conocer quién fue el responsable del ataque, el presidente ruso podría verse forzado a desvincularse progresivamente de los separatistas, para evitar tanto un refuerzo de las sanciones como un deterioro irreversible de su imagen internacional (ya gravemente dañada en los últimos meses). Este repliegue podría traducirse en la disminución de los suministros que reciben los rebeldes a través de la frontera; lo cual, si bien tampoco causaría su inmediata desmovilización, les condenaría antes o después a la derrota. Una opción que sin duda no es la deseada por Putin, en tanto que supondría realizar concesiones para alcanzar una solución dialogada; pero que sin duda sería preferible a prolongar indefinidamente esta crisis, que ya parece haber escapado a su control.  

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