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La vuelta de Obama a Irak

¿Qué lleva puesto Obama?

Sergio Maydeu

La errática política exterior de Obama vuelve a sufrir un nuevo giro con la anunciada vuelta al escenario iraquí. La irrupción y avance de ISIS -ahora Estado Islámico EI- en Siria e Irak ha encendido todas las alarmas en la comunidad internacional, especialmente tras la proclamación el mes de junio del llamado Califato Islámico y la ofensiva yihadista en territorio iraquí. La estrategia estadounidense que se había basado en frenar la expansión yihadista apoyando a las fuerzas iraquíes, dejando la iniciativa al gobierno, se ha visto superada por los hechos.

La administración Obama anunció a principios de agosto esta vuelta parcial por motivos humanitarios. El EI había iniciado una campaña de persecución contra las minorías étnicas y religiosas del norte del país, especialmente acusada contra los yazidíes. Obama habló públicamente de la necesidad de detener el genocidio y de proteger al personal estadounidense presente en el país. Autorizó una misión de asistencia humanitaria en la región así como el inicio de una campaña de ataques aéreos selectivos contra posiciones del EI para ayudar a las fuerzas iraquíes y kurdas (peshmergas).

La inestabilidad del gobierno iraquí, especialmente significativa los últimos meses, ha sido un factor determinante para entender la intervención de EEUU. En el año 2006 accedió al poder el chii Nuri Al Maliki en plena etapa post-Hussein, con la difícil tarea de reconstruir el país. Ocho años después su gestión política había conseguido justo el efecto contrario, hasta el punto que la permanencia del propio Maliki en el gobierno era un amenaza para la estabilidad de Irak. Era necesario restablecer el equilibrio interno entre suníes, chiíes, kurdos y otras minorías, y eso pasaba por recomponer puentes que Maliki había roto y que, a la par, habían facilitado el trabajo a EI en su avance territorial. Las fuerzas iraquíes habían sido incapaces de frenar este avance y solo los peshmergas conseguían a duras penas detenerlo. La división del país era un hecho y EI estaba sacando rédito.

No es un tema menor el affaire Maliki. Su negativa durante semanas a dejar el cargo a pesar de presiones internas y externas puso contra las cuerdas al propio Estado iraquí y amenazaba con generar un conflicto interno de imprevisibles consecuencias. El apoyo de EEUU e Irán a las maniobras internas para forzar la salida de Maliki ha sido clave. Su salida y el nombramiento de Haidar al Abadi como nuevo primer ministro ha puesto las bases para la conformación nuevos acuerdos entre suníes, chiíes y kurdos para hacer frente común a EI. La parálisis del gobierno iraquí parece que llega a su fin.

La otra clave para explicar la intervención de EEUU es el control de las reservas de petróleo y gas que hay en Irak. Una de las principales fuentes de financiación de EI es la venta de hidrocarburos de los yacimientos que controla. La estrategia de EI pasa por controlar cuantos mayores pozos les sea posible y la estrategia de EEUU y el gobierno iraquí para evitar que eso suceda. Por eso, en coordinación con los kurdos, han realizado los primeros ataques aéreos para frenar el avance del EI en el Kurdistán iraquí, zona que acumula importantes reservas de hidrocarburos.

El marco de operaciones de EI en Irak y Siria ha abierto un nuevo frente para Obama que le fuerza a decidir qué hacer en ambos países. La primera incógnita quedó despejada con el inicio de las campañas aéreas selectivas contra EI dando cobertura a fuerzas iraquíes y kurdas que, ahora si, actúan de forma más coordinada y la anunciada negativa a enviar tropas estadounidense a suelo iraquí. Veremos a corto plazo si da resultado. Siria es la segunda incógnita y a la vez la más compleja. Una posible alianza con el régimen de Asad supondría traspasar, de nuevo, una línea roja que de cara a la comunidad internacional, y su propia opinión pública, dificilmente sería entendible. Todas las opciones son malas o poco realistas. Por cierto, de momento sin contar con aval de Naciones Unidas. ¿Lo buscará?

Un último apunte sobre el que no se está prestando la atención debida: el aumento del flujo de refugiados y desplazados internos. Los datos actuales de ACNUR sobre Irak son demoledores, más de 1,2 millones de desplazados internos, a los que hay que añadir 225.000 refugiados sirios acogidos desde el inicio de la guerra civil siria en 2011. La actual crisis humanitaria generada por este conflicto -3 millones de refugiados y 6,5 millones de desplazados- ha provocado una fuerte inestabilidad en los países de acogida: Turquía, Egipto, Jordania, Irak y, especialmente, en Líbano. Un aumento significativo del volumen de refugiados y desplazados por el avance de EI en Irak y Siria sería catastrófico para la región. Obama y la comunidad internacional también tendrán que lidiar con esto.

La vuelta a Irak no debería sorprendernos sencillamente porque en realidad Estados Unidos nunca se fue. Es cierto que las tropas estadounidenses habián salido oficialmente en 2011. Era una promesa electoral del propio Obama. Pero la ayuda estadounidense militar y financiera al gobierno iraquí se había mantenido. Irak es un país bisagra clave en la política exterior estadounidense en Oriente Medio, también para todos sus vecinos.

La política, cuando no la guerra, hace extraños compañeros de viaje. El avance del EI está llevando a Irán, Estados Unidos, Turquía, Unión Europea, el régimen de Asad o Rusia a defender la misma posición. Las diferencias están en el cómo y el quién. EI es una amenaza para todos.

A nivel interno Obama tiene otra tarea, y es la de convencer a la opinión pública estadounidense de reabrir una puerta que él mismo había cerrado. Republicanos y demócratas coinciden en la necesidad de hacer frente esta amenaza, aunque discrepan cómo conseguirlo.

Es interesante recordar aquí las palabras del secretario de prensa de la Casa Blanca, Josh Earnest, cuando le preguntaron en referencia a Irak a si evitar un humanitarian catrastrophe -importante citar las palabras exactas- responde al interés nacional norteamericano. Su respuesta fue que depende, solo si pueden provocar y afectar los intereses de EE.UU. En eso están.

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