La pregunta que Vito Quiles no le hará a María José Catalá
Sois demasiado jóvenes para recordar que, en la inauguración de la Exposición del Ninot de 2023, tres pendencieros acosaron al Gobierno municipal y a las Falleras Mayores de València. La bronca, a las puertas del Museo de las Ciencias, fue violenta, pero fugaz. Aparecieron de la nada, encendieron la cámara y empezaron a disparar insultos contra una comitiva atónita. Fueron unos minutos intensos e interminables. De repente, el fuego cesó. Apagaron la cámara y se marcharon.
Pero yo les seguí, móvil en mano. Entre risas comentaban la gresca. Parecía que deambulaban sin rumbo, pero nada más lejos de la realidad. María José Catalá y Carlos Mazón, todavía candidatos, les esperaban estratégicamente alejados de la bulla. ¿Qué tal ha ido, Javier? ¡Cuánto tiempo, Ricardo! Tú también has venido, Cristina. Recreo las palabras, pero no el tono. En la imagen se ve cómo se saludan con la complicidad de quienes se conocen bien.
En el vídeo puede escucharse a Javier Negre dirigiéndose al cámara: “Esto no se graba”. Pensaba que estaba entre amigos hasta que se percató de mi presencia. Entonces, el agitador ultra vino a increparme. Tras él se situaron los otros dos pandilleros. También María José Catalá me dirigió unas palabras. Sabían que les había pillado. Era evidente que Catalá y Mazón estaban esperando a los alborotadores para celebrar la bronca, cuando su lugar debía estar en la comitiva oficial. Todo estaba preparado. Todo estaba coordinado.
El tiempo ha pasado. La relación se ha mantenido. A Negre lo hemos visto en Fallas por el Ayuntamiento y dando palmaditas a Carlos Mazón en la puerta de un CECOPI. Por si faltaban más elementos para consolidar el vínculo, acaba de aparecer una nueva pieza de este engranaje entre el Partido Popular valenciano y los pseudomedios de comunicación ultras. Alma Alfonso, la diputada que abrió las puertas de su despacho a Vito Quiles para que se grabara vídeos contra el presidente del Gobierno, su esposa y los periodistas.
Alfonso es una persona del círculo de confianza de María José Catalá. Tanto es así que se ha publicado que la alcaldesa de València anda intrigando para promocionarla en el Congreso de los Diputados. De hecho, le ha encargado que presente en solitario una iniciativa parlamentaria sobre el soterramiento de las vías de Serrería, el tema estrella con el que la primera edil intenta extender una cortina de humo para tapar que lleva tres años de parálisis.
Porque a nadie se le escapa que María José Catalá no despega. Vive en una crisis permanente. Cuando no es Vox, son sus concejales. Y ahora, de nuevo, su entorno más cercano vuelve a colocarla en el foco cuando todavía no se ha sacudido ni el caso Olano ni la investigación de Anticorrupción sobre ella y otras dos concejalas. Por alguna razón, ningún agitador ultra se ha apostado en la puerta consistorial para preguntar por todo ello a Catalá. En cambio, sí se sentó cómodamente en la silla de Alma Alfonso.
Ahora se la conoce por acoger al acosador ultra, pero en València ya teníamos noticias sobre su existencia. Casualmente, la empresa de su marido fue la única candidata para quedarse con un contrato de adjudicación de suelo público para vivienda pública. Un pelotazo urbanístico en toda regla por valor de 300 millones de euros construido sobre suelos afectados por la dana en La Torre-Faitanar, donde estaba previsto un edificio de 20 alturas.
Un negocio redondo que no cuadró porque los socialistas denunciaron que todo el proceso estaba plagado de irregularidades. Lo paradójico de este caso es que, si era tan urgente construir sobre estas parcelas, ¿por qué el Ayuntamiento no ha vuelto a licitar el contrato? Una pregunta incómoda que ni Vito Quiles ni Javier Negre le harán. Porque es evidente que a María José Catalá la urgencia le desaparece cuando no hay amigos a quienes adjudicar el negocio.
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