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CV Opinión cintillo

No fue un lapsus. Es lo que piensan

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Cuentan que Susana Camarero anda intentando convencer a periodistas y extraños de que lo de llamar prostitutas a las ministras del Gobierno de España fue un lapsus. No sé, Ric. Un lapsus es otra cosa: decir “¡buenos días!” en lugar de “¡buenas noches”, llamar “Pepito” a “Juanito” o “rosa” a un “clavel”. Lo suyo es otra cosa, y más teniendo en cuenta de quién se trata.

Porque (al menos a mí me pasa), cuando pronuncio Susana Camarero me viene a la cabeza la imagen de una persona que ejerce la política del ruido, el camorrismo y la bravuconería. Ella, la encubridora de Mazón, que fue la cara y la voz de la estrategia de manipulación y mentiras sobre la dana. Un mérito que le sirvió para que la bautizaran como la Goebbels valenciana. Camarero, la responsable de las residencias y de la teleasistencia, que el 29 de octubre de 2024 también se fue a una entrega de premios tras desconectarse el CECOPI.

Por todo ello debería haber dimitido. Pero eso solo lo puede hacer quien tiene conciencia. Y es público y notorio que el PP es experto en amparar las responsabilidades de sus cargos públicos. Caiga quien caiga. De lo único que han dimitido es de la dignidad y la decencia. Así que quien se deje engañar por Susana Camarero es porque quiere, que ya somos todos mayorcitos para que nos tomen el pelo.

Porque vamos a ver. Esta persona vuelve a actuar de la misma manera con Pérez Llorca que con Carlos Mazón. Porque tiene que agradecer que, en lugar de cesarla, el president sustituto la haya mantenido como vicepresidenta con la cartera de Igualdad. Y, como responsable de la materia, fue la encargada de salir a defender el enchufe de la mujer de Llorca en la Diputación de València. Para tapar la mangarrufa optó por la estrategia de decir la barbaridad más gorda, a la que tan aficionada es Isabel Díaz Ayuso.

Así que no puedo dejar pasar la oportunidad que me brinda este espacio para recordar que Vanesa Soler no es funcionaria de carrera desde “hace 20 años”, como dijo el presidente de la Generalitat en Les Corts. Accedió a su puesto de trabajo en el Ayuntamiento de Finestrat como personal eventual. Y ganó la plaza en la Diputación de València frente a tres aspirantes con más años de antigüedad gracias a un informe a medida, como ha revelado este diario.

Por tanto, no fue un lapsus fruto de un mal momento. Porque situaciones difíciles vivimos todos y no vamos por ahí ni agrediendo ni insultando. Fue algo premeditado y meditado. Puede que no fuera consultado con ese asesor experto en la política de baja estofa que también sigue susurrando al oído de Pérez Llorca. Susana Camarero no da puntada sin hilo.

Por eso solo puedo aplaudir la valentía de las asociaciones y las mujeres feministas que le han dirigido un escrito para reprobar sus declaraciones. Las 125 entidades firmantes tienen claro que no es una simple salida de tono, sino que se trata de unas declaraciones que revisten una especial gravedad por tratarse de la responsable de Igualdad de la Comunitat Valenciana.

Las organizaciones han tildado sus manifestaciones de agresión simbólica y escándalo institucional. Por partida doble: por un lado, ataca a las mujeres víctimas de la explotación sexual y, por otro, supone un ataque directo al feminismo y a los principios básicos de la democracia, que se sostienen en el respeto, la dignidad y la igualdad ante la ley.

En cambio, aún estoy esperando escuchar a la alcaldesa de València reprobar a su compañera. María José Catalá ese día estaba en Les Corts ejerciendo de palmera. Sentada dos filas por detrás de Susana Camarero, ¿qué hizo cuando escuchó que la vicepresidenta del Consell llamaba prostitutas a las ministras del Gobierno de España: aplaudir o avergonzarse? Me temo que lo primero, ella, que se autoproclama feminista.

¡Ay, si lo fuera! María José Catalá sabría que las mujeres que defienden el feminismo “no merecen el trato despectivo que reciben casi constantemente”, como denunció María Cambrils, sino “toda clase de auxilio y solidaridad, ya que batallan, inspiradas en el bien colectivo, por la razón y la justicia”. Pero sabemos que ni Catalá es feminista ni lo de Camarero fue un lapsus. Dijo en voz alta lo que piensan cuando creen que nadie les escucha.

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