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Connecticut, Congo, Colombia

Las armas son un negocio manchado de sangre. Después de los terribles sucesos de Connecticut, el debate sobre su uso ha vuelto a la agenda dentro de EEUU. Pero ese debate debe ampliarse también a todo lo que EEUU exporta fuera de sus fronteras y las terribles consecuencias que esta situación descontrolada provoca.

Armas de juego a punto de ser destruidas por el ejército en Ciudad Juárez, México, 16 de febrero de 2012.© AP/PA Photo/Eduardo Verdugo

Armas de fuego a punto de ser destruidas por el ejército en Ciudad Juárez, México, 16 de febrero de 2012.© AP/PA Photo/Eduardo Verdugo

Las armas han vuelto a conmocionar al mundo. La terrible muerte de 20 niños y 6 adultos en Connecticut asesinados a tiros ha reactivado, en las agendas políticas y medios de comunicación, el debate sobre el control de las armas.

En una emotiva rueda de prensa, el presidente Obama recordó: “Hemos vivido esta situación ya demasiadas veces”, y nos dio una buena noticia: “Vamos a tomar medidas significativas para impedir que esto vuelva a suceder”.

Ojalá sea así, pero es importante mirar más allá. Es importante no quedarse dentro de las fronteras de EEUU. También es necesario poner en la agenda política y pública norteamericana el impacto mundial del comercio internacional de armas, que cuenta con una regulación deficiente. Por tercera vez en 100 años hay una oportunidad para remediar esta situación.

El dolor por las muertes en Connecticut puede servir para algo, y generar respuestas globales y soluciones globales a los otros muchos terribles impactos de este descontrolado comercio letal, que tiene un coste humano elevadísimo. A diario, miles de personas mueren, resultan heridas o son violadas u obligadas a huir de sus hogares debido a la violencia armada y los conflictos.

Estados Unidos es, con diferencia, el mayor comerciante de armas del mundo alcanzando en 2011 el 78% del comercio mundial. Y dentro de esas exportaciones, es uno de los Estados más implicados en transferencias irresponsables. Suministra armas a quienes violan los derechos humanos, destruyen vidas y ponen en peligro los medios de vida de miles de personas.

EEUU -al igual que diversos Estados de la Unión Europea- suministró grandes cantidades de armas a Gobiernos represivos de Oriente Medio y el Norte de África a pesar de los claros indicios de que podrían utilizarse para cometer violaciones graves de derechos humanos como torturas, ejecuciones extrajudiciales u homicidios ilegítimos, como resultado del uso excesivo de la fuerza por parte de las fuerzas de seguridad contra manifestantes pacíficos. Un caso claro es el de Egipto. Durante la época de Mubarak, EEUU fue el principal exportador de armas a este país.

Otro receptor de este terrible negocio han sido las fuerzas armadas de Colombia. Tanto desde las Naciones Unidas como desde organizaciones internacionales llevamos décadas documentando las violaciones de derechos humanos del ejército colombiano. A pesar de ello, empresas estadounidenses llevan años colocando sus productos en las peores manos.

Otro ejemplo es el caso de la munición estadounidense utilizada en la República Democrática del Congo en casos de violaciones a mujeres. Es una paradoja que la secretaria de Estado, Hillary Clinton, exigiera justicia y condenara la violencia de género en estos casos, pero no se cuestionara que para cometer esas violaciones se había utilizado munición "made in USA" cuya exportación había autorizado su propio gobierno.

Lamentablemente, ni sabemos los nombres ni conocemos las caras de todas las víctimas inocentes de las exportaciones irresponsables de ciertos materiales de defensa norteamericanos en países como Colombia, Egipto, República Democrática del Congo, o Pakistán, entre otros. Pero no por ello debemos ignorarlas. Todo lo contrario: en estos días tras la matanza de Connecticut, se merecen que también las tengamos presentes.

Y sobre todo se merecen que EEUU, de una vez por todas, asuma el liderazgo que necesita la adopción de un Tratado Internacional sobre el Comercio de Armas que regule este comercio mundial. El pasado verano, sus intereses electorales truncaron esta posibilidad. Esperamos que en la próxima Conferencia Final del Tratado sobre Comercio de Armas en marzo de 2013 dejen de lado sus intereses económicos internos y hagan realidad la adopción de una sólida regulación que impida las transferencias de armas cuando sea probable que vayan a ser utilizadas para cometer atrocidades, es decir, graves violaciones de derechos humanos o del derecho internacional humanitario. EEUU tiene mucho que decir y hacer al respecto. La pelota está en su tejado. El mundo está mirando.

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