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Las Valientes

Se acaba el año, pero el trabajo en defensa de los derechos humanos debe continuar. Un trabajo que no sería posible sin las y los activistas, periodistas, sindicalistas, que denuncian los abusos en todos los países del mundo. Al peligro que corren quienes lo hacen, se añade otro en el caso de ellas: el de ser mujeres. Analizamos el año que han sufrido estas valientes.

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Azza Soliman, abogada que atiende a víctimas de violencia sexual en Egipto / IN-LIGHTING

Azza Soliman, abogada que atiende a víctimas de violencia sexual en Egipto / IN-LIGHTING

El último informe publicado por Amnistía Internacional sobre asesinatos y desapariciones forzadas de defensores y defensoras de derechos humanos documenta, entre otros, los casos de 30 mujeres asesinadas por defender estos derechos en diferentes partes del mundo. Leyéndolo una se pregunta cuándo y por qué esas mujeres decidieron arriesgar su vida.  

Muchas de ellas eran abogadas o periodistas, y, quizás sin pensarlo, al hacer su trabajo se convirtieron en defensoras de derechos universales. Porque con sus crónicas sobre la violencia en Chechenia, Natalia Estemírova, secuestrada y asesinada en 2008, estaba defendiendo la libertad de expresión. Porque al formar parte de una asociación de juezas y jueces, Mireya Efigenia Mendoza, también asesinada, contribuía a fortalecer el sistema de justicia en Honduras.

Cuando mujeres valientes como ellas se oponen a leyes y prácticas injustas de los gobiernos, cuando  informan y sensibilizan a la ciudadanía, cuando apoyan a personas en entornos difíciles, o cuestionan la opinión pública discriminatoria, o interfieren en intereses poderosos, están en riesgo su profesión, el desarrollo de su actividad, e incluso su vida. Y con ellos, los derechos en nuestras sociedades. Porque cuando se silencia la causa que se investiga desaparece el problema. Y cuando se acalla una agresión sexual la discriminación de género se hace invisible. Y cuando la impunidad se extiende, la vulneración de los derechos humanos se generaliza

Póster de Berta Cáceres en la Comunidad Esperanza, Honduras // Amnistía Internacional /Sergio Ortiz

Póster de Berta Cáceres en la Comunidad Esperanza, Honduras // Amnistía Internacional /Sergio Ortiz

Defender los derechos relacionados con el territorio y el medio ambiente puede ser una actividad muy peligrosa. El asesinato en 2016 de Berta Cáceres simboliza cómo los gobiernos y otros agentes, cuando ven amenazados sus intereses políticos y comerciales, atacan a las personas defensoras y a sus organizaciones. En Filipinas, Gloria Capitán también murió tiroteada porque se oponía a la ampliación de una planta de combustión de carbón, por los posibles efectos para la salud y la subsistencia de la comunidad local.

Por ser mujeres, las defensoras sufren un peligro añadido. Se enfrentan a formas específicas de violencia de género, ataques sexuales y campañas de difamación e intromisión en su vida privada más íntima, sobre todo en las sociedades fuertemente patriarcales que tienen concepciones estrictas de la sexualidad y del papel de las mujeres en la comunidad y en la familia. Y sin embargo, siguen denunciando los abusos.

Impresiona el lúcido testimonio ante la Asociación para los Derechos de la Mujer y el Desarrollo de Aura Lolita Chávez, indígena y defensora de los derechos humanos en Guatemala, al mostrar la discriminación múltiple:

“Cuando me amenazaban, me decían que ellos me matarían, pero que antes de matarme me iban a violar. No les decían esto a mis compañeros varones. Estas amenazas son muy específicas para las mujeres indígenas. Existe además un racismo muy marcado hacia nosotras. Se refieren a nosotras como esas mujeres indias rebeldes que no tienen nada que hacer, y nos consideran como menos humanas”.

Historias valientes como la de Azza Soliman, abogada que atiende a víctimas de violencia sexual y denuncia que en Egipto las mujeres están expuestas a la violación y, por ello, el gobierno la acusa de “mancillar la imagen del país” y le prohíbe viajar. O como la de Atenea Farghadani, una estupenda dibujante encarcelada en 2015 por publicar viñetas satíricas contra la restricción de los derechos sexuales y reproductivos en Irán, y  hoy liberada con el apoyo de Amnistía Internacional.

No podemos olvidar que quienes defienden los derechos humanos rompen muros de silencio y ayudan a cambiar leyes. Claros ejemplos son el de Pakistán, que declaró delito el homicidio por “motivos de honor” en 2016, y, recientemente, el de Australia, que ha aprobado el matrimonio de personas del mismo sexo.

Acabamos el año poniendo nombre a  mujeres valientes a las hemos hecho visibles como agentes del cambio y recibiendo la noticia de que Helena Maleno, periodista, investigadora y defensora de derechos humanos, ha sido citada (aunque de momento la vista ha sido aplazada) en un juzgado de Tánger (Marruecos) para declarar en relación con un posible delito de tráfico de personas.

Al estar enfrentándose a peligros específicos por motivo de género, las mujeres defensoras de derechos humanos requieren de protección específica contra las amenazas y la violencia que reciben. Y es fundamental que se reconozca explícitamente los desafíos y riesgos concretos a los que hacen frente. Desgraciadamente, las más visibles no son las únicas. Pero, afortunadamente, todas las personas podemos hacernos defensoras de quienes, como ellas, defienden con su acción nuestros derechos.

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