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Guerra y paz

Blair, Bush y Aznar en la reunión de las Azores que desembocó en la invasión de Irak de 2003.
18 de marzo de 2026 21:13 h

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Leo y escucho que determinadas investigaciones constatan que una buena parte de los jóvenes han encontrado (o creen encontrar) en los algoritmos y en la IA los mejores consejeros que desplazan a sus padres, profesores y tutores en esa tutela y protección del menor. Esto es peligrosísimo. Que un joven o una joven confíe más en la Inteligencia Artificial que en sus propios progenitores y educadores no es una buena noticia para el porvenir de esas personas en edad de formación y aprendizaje.

Pero a la vista está. Cada vez son más las personas (jóvenes y adultas) que vemos en la calle, en el metro, en el bus, en el gimnasio, en el restaurante, pendientes de ese objeto paralelepípedo que, como una prolongación de la mano, atrae la atención de los ojos que se desentienden del entorno humano y real que les rodea. Y los jóvenes, todavía sin formar, son caldo de cultivo para quienes pretenden atraerles en las redes a sus postulados ideológicos y políticos. No hay más que ver determinadas encuestas que dan miedo, por la ignorancia que muestran los jóvenes encuestados sobre el pasado reciente de la historia de España, de la dictadura, de la guerra civil y de la transición democrática.

El escenario urbano se deshumaniza con estos instrumentos móviles que fomentan el individualismo egoista y nos alejan de la relación con los demás. Esta moda también llega a los pueblos, pero menos, pues en el medio rural las relaciones entre las personas siguen más vivas que en las urbes. Vivimos en una distopía. Sí, una sociedad deshumanizada, con gobiernos tiránicos, desastres ambientales, control tecnológico y donde se impone la guerra y el poder del más fuerte desoyendo los tratados y convenios internacionales y los derechos humanos acordados en la ONU, y en otros organismos globales en pro de la paz y la cooperación entre los paises, frente a la confrontación y la guerra. El orden y el derecho internacional frente a la ley de la selva. Y los cerebros que diseñan el nuevo orden político, económico, cultural y social se hallan en Silicon Valley, en California.

La historia nos demuestra que es muy difícil mantener una paz verdadera y continuada en el mundo. En Europa, en el siglo XX, sufrimos la Primera Guerra Mundial, que se desarrolló entre 1914 y 1918. En “El mundo de ayer, memorias de un europeo”, el escritor Stefan Zweig, una de las voces más autorizadas y respetadas en Europa en aquel tiempo y luego, antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), nos advertía: “Nunca se había producido una época de locura de proporciones tan enormes. Se habían alterado todos los valores, y no sólo los materiales; la gente se mofaba de los decretos del Estado, no respetaba la ética ni la moral... Nada envenenó tanto al pueblo alemán, nada encendió tanto su odio y lo maduró tanto para el advenimiento de Hitler, como la inflación”. ¿Les suena esta música, estas reflexiones escritas en el inicio de los años 20 por Zweig, hace cien años?

Las guerras traen odio hacia el otro, hacia el enemigo, que quizá era amigo hasta ayer, destrucción del territorio y del paisaje, y lo más importante, destrucción de vidas humanas, entre militares y civiles

Dice el refrán “la paz mas desventajosa es mejor que la guerra más justa”. Shakespeare: “la guerra todo lo malo trae, y todo lo bueno se lo lleva”. Gandhi: “No hay camino para la paz, la paz es el camino”. Tolstoi en “Guerra y Paz ”: “El poder es la suma de las voluntades de las masas, transferida a los gobernantes”.

En “A sangre y fuego”, el excelso periodista sevillano Manuel Chaves Nogales (1897-1944) escribe sobre la guerra entre españoles tras el golpe militar contra la Segunda República: “El tanque reptaba por los surcos de la labranza... Hervía el agua del motor, se ponían rojos los cañones de las ametralladoras, y los tripulantes, con las fauces secas, sentían llegar la asfixia dentro de aquella caja de acero recalentado”.

Las guerras traen odio hacia el otro, hacia el enemigo, que quizá era amigo hasta ayer, destrucción del territorio y del paisaje, y lo más importante, destrucción de vidas humanas, entre militares y civiles. También traen ruptura de los acuerdos económicos y comerciales en tiempos de paz. Ahora mismo vemos las repercusiones económicas con el aumento del precio del crudo y de la energía, que afecta al transporte y a la vida diaria de las personas y a su alimentación. Por eso yo aplaudo la posición del presidente español, Pedro Sánchez, con su 'no a la guerra' y 'sí' al respeto a los tratados internacionales (que incluyen los derechos humanos, Sr. Feijóo). Si no respetamos esos acuerdos como están haciendo esos monstruos (Netanyahu, Trump y Putin, entre otros), a quienes las masas les han dado su voto, o reprimen como Milei, al pueblo argentino que se manifiesta ante las políticas económicas y antisociales del experto de la motosierra; si no respetamos el orden y el derecho internacional, volveremos a la ley de la selva.

¡Dios y la Naturaleza cría a estos psicópatas y ellos se juntan para destruir la Humanidad y la paz entre los pueblos! Y es doloroso e indignante que en Europa haya dirigentes que apuesten por la guerra y no por la paz, y que en mi país, en España, haya individuos y partidos que apoyen a esas mentes enloquecidas por el odio y la venganza, convirtiéndose en mamporreros serviles de esos dictadores a los que les importa un bledo la muerte de miles de inocentes como ha ocurrido en Gaza, en Cisjordania, en Libano, o ahora con la muerte de miles de personas en Irán. Recordemos a las 168 personas muertas, la mayoría niñas, tras el bombardeo reciente de una escuela en Minab, al sur de Irán, por parte de EEUU.

Y estos políticos que tenemos en España, que apoyan las guerras, recordemos la foto de las Azores, en marzo de 2013, donde Blair, Bush y Aznar sonríen tras acordar la guerra contra Irak, argumentando falsamente que Irak tenía armas de destrucción masiva, y cuyas consecuencias devastadoras persisten hoy. A estos políticos españoles que defienden la guerra y a sus acólitos que en medios de comunicación y en redes, defienden esos postulados de odio y venganza, como esos pseudoperiodistas que envenenan a la sociedad y acosan a las personas en la vía pública y en las instituciones, sin que la policía y los jueces intervengan de oficio contra ellos, les recomendaría, si todavía les quedan sentimientos dignos y humanos, que escuchen a John Lennon: “Imagina que no hay países. Nada por lo cual matar o morir. Y tampoco religión. Imagina a toda la gente viviendo la vida en paz. Puedes decir que soy un soñador, pero no soy el único”. No sé si será mucho pedir a esos compatriotas defensores de la guerra y del fascismo. ¡Me queda la esperanza, por el bien futuro de nuestros hijos y nietos, de los de ustedes y de los míos, si es que a ustedes les importa el futuro de nuestros descendientes!

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