Ignominioso
El cónclave progresista de Barcelona ha coincidido con el ignominioso acuerdo entre Santiago Abascal y Alberto Nuñez Feijóo, entre el PP y Vox en Extremadura. También con los homenajes y lisonjas del PP extremo a María Corina Machado, con expresiones del más bochornoso ejemplo de racismo criollo venezolano; en los mismos tiempos, se ha convidado y desahogado, Donald Trump, el amigo americano, con declaraciones contra España que refuerzan la imagen pueril de su desempeño, inquietante para la convivencia mundial.
La izquierda se ha crecido, de momento moralmente, los discursos han estado plagados de la escenografía, iconografía y del discurso clásico de la izquierda que se recoclea, pero no sé si de la izquierda que está solo esperando que alguien de verdad proponga cosas que los empuje a la movilización y a votar. Ese momento mágico en virtud del cual se agotan las posibilidades reales del advenimiento de la extrema derecha y el fascismo que siempre acompaña.
Le tomo prestadas, para siempre, algunas ideas a Jean-Philippe Kindler, un alemán que no se queda en el campo de la inacción. Kindler es un gran crítico de la izquierda. Insisto en que el cónclave ha venido bien y que a mí me ha gustado pero no me resisto a una de sus reflexiones: “Los códigos de la indignación digital y los hashtags, no suelen durar más de unas horas y no cuestan nada, no pueden sustituir a la acción”. Y añado, la auténtica resistencia a la extrema derecha global, no es un ejército apandillado de milituiteantes con la compañía ya frecuente de esforzados dirigentes de vocación tuitera.
En los barrios y tajos, donde incluso se llega a oír y comprobar en su peor consecuencia, que la gente duda entre la extrema derecha y la izquierda, algo se habrá hecho mal
En estos días, en la gran fraternidad de la izquierda global había poder, mucho poder, y diría ¿qué esperan? El pueblo está listo para resistir. Pero no solo eso, el pueblo quiere confiar, que la izquierda haga política de izquierda. En los barrios y tajos, donde incluso se llega a oír y comprobar en su peor consecuencia, que la gente duda entre la extrema derecha y la izquierda, algo se habrá hecho mal.
A Rodríguez Zapatero le he creído oír que la izquierda no va por ahí criticando solo lo mal que lo hace la derecha. Ojalá pero me malicio que en los barrios y pueblos mucha gente no sabe cuál es la alternativa de la izquierda, y algo más: si esta vez va a cumplir. Uno tiene la impresión de que en esta revolución global de las derechas, la izquierda se está dedicando a limitar daños. Kindler dice: “reivindicaciones cosméticas, un poco más de salario, mínimo o no, una cuota femenina por allá….” Y se teme que no sea más que “una izquierda hipster con barniz socialdemócrata”.
No está nada tan lejano. Qué haremos cuando llegue la extrema derecha, nos decimos ¿acaso no ha llegado? La mirada tierna es inevitable ante una izquierda que rebosa ingenuidad y lentitud. El acuerdo PP-Vox en Extremadura es ya una potente alianza contra todos los derechos y conquistas sociales de las últimas décadas, es extrema derecha pura en estado de gracia.
Hoy, a la espera de lo que diga la ciudadanía, Feijóo es ya por números el líder de la extrema derecha en España. De momento, de las periferias, pero no es menor. En la Cuesta de la Media Fanega, Moreno Bonilla espera con los brazos abiertos que esta última oleada de regresión de derechos llegue a Andalucía.
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