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Ante los incendios, pensar global y actuar local

Bombero del Infoca trabajando en la extinción del incendio de Almonte

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Hay que pensar en lo global y actuar glocalmente, con visión global aplicada al terruño, al entorno próximo en el que vivimos y desarrollamos nuestras actividades existenciales. La máxima ambiental me permite, en el umbral del verano, ver que está pasando y lo que puede pasar.

Cada verano nos enfrentamos con incertidumbre a los incendios que pueden suceder en cualquier parte de España, y en cualquier lugar de Andalucía. En la reciente romería del Rocío, a finales de mayo, ya vimos cómo el fuego calcinó unas 500 hectáreas en Doñana, en la zona sur conocida como la finca Las Marismillas, entre la marisma y las dunas.

El fuego afectó a vegetación de monte mediterráneo, pino piñonero, enebral costero, corrales. En esa zona campean algún lince ibérico, el águila imperial, el milano real y numerosas aves más pequeñas; y por tierra se mueven la culebra de herradura, la bastarda, la víbora hocicuda, lagartijas, lagartos, escarabajos y miles de insectos, además de pequeños mamíferos. A tener en cuenta: ¡En los últimos cuatro años, la temperatura media de Doñana se ha incrementado en 2,8 °C!

Sobre el origen del incendio o los incendios, pues hubo varios conatos, no se sabe si fue intencionado o si hubo alguna negligencia, convendría esclarecerlo. El incendio tuvo lugar en plena romería del Rocío, con centenares de miles de personas transitando por Doñana hasta asentarse en la Aldea. Y no todo el mundo guarda las medidas de seguridad que plantean las autoridades ante concentraciones masivas como la romería, y en un espacio tan sensible como Doñana, Reserva de la Biosfera, Parque Nacional y Convenio Ramsar de humedales de importancia internacional.

All regresar al hogar tras varias horas, vi con horror calcinados el ciprés que presidía la entrada a mi casa, un árbol de siete metros de altura

El pasado verano de 2025, los españoles asistimos con preocupación, a los incendios pavorosos que arrasaron buena parte de Castilla y León, Galicia y otras comunidades menos afectadas, como Asturias y Extremadura. Solo en Castilla y León se contabilizaron más de 138.000 hectáreas calcinadas por el fuego. Fue la peor ola de incendios de este siglo XXI. Algunos de esos incendios alcanzaron la categoría de megaincendios o incendios de sexta generación, que forman pyrocumulos o tormentas de fuego que se expanden a gran velocidad por el entorno, tal como se conoce y explico en mi libro Emergencia climática (Utopía libros, 2026).

El oeste de Huelva, en la comarca del Andévalo, también ha sufrido varios incendios recientes afectando a más de 5.000 has. Poblaciones y términos de Vilanueva de los Castillejos, San Bartolomé de la Torre, o Gibraleón se vieron afectados por los incendios, pero antes hubo otros en Marismas del Odiel, Alosno, Cartaya o Lepe.

Hace días en el Aljarafe sevillano, en los términos de Mairena del Aljarafe y Palomares del Río, vivimos momentos de mucha preocupación al conminarnos la Policía a desalojar nuestras viviendas ante la proximidad de varios frentes de fuego que avanzaban sobre las urbanizaciones impulsados por el viento racheado de Levante. En mi caso, al regresar al hogar tras varias horas, vi con horror calcinados el ciprés que presidía la entrada a mi casa, un árbol de siete metros de altura, y una “cyca revoluta”, falsa palmera, cuyos orígenes se remontan a más de 200 millones de años atrás, llegando posiblemente a convivir con los dinosaurios.

Como en mi caso, otros muchos vecinos se vieron afectados por el incendio que destruyó olivos y pastos de labranza en nuestro entorno, y olivos, tuyas, y numerosas plantas y árboles, en las parcelas familiares. Y debemos dar gracias de que no hubiera mayores daños materiales y personales. La Policía Local y Nacional llegó a tiempo, no así los bomberos que tardaron, y los dispositivos del INFOCA, que llegaron más tarde de lo previsto porque desde la Delegación de la Junta se tardó en asumir que se trataba de un espacio periurbano con campos de labor, espacios naturales, arboleda, y bosque de ribera en el arroyo Porzuna, donde la ignición puede propagarse rápidamente.

Si tuvieramos visión de futuro, ya dispondríamos de un Ministerio del Clima o de Emergencia Climática

En lo que sí estamos muchos y muchas de acuerdo es en que analizando los últimos veranos, es necesario e imprescindible adelantar del uno de junio al uno de mayo la previsión de actuación del Plan INFOCA, pues los efectos del cambio climático y el aumento medio de las temperaturas son cada vez más evidentes. Por otra parte, los ayuntamientos y las diputaciones deben coordinarse en mantener limpios de pasto los arcenes de las carreteras y terrenos públicos con pasto y árboles y plantas, susceptibles de arder.

Los cortafuegos deberían ser una exigencia en esos terrenos públicos o privados para evitar la expansión del fuego cuando se produce un incendio. Y mano dura con los pirómanos, que quizá actúan criminalmente con fines especulativos, poniendo en grave peligro viviendas y la vida de las personas. La ley debe caer con toda su fuerza sobre los reincidentes. Y en el caso del incendio del Aljarafe, en estos últimos años, suele ocurrir que antes o en el verano, hay incendios en las mismas zonas que en las de estos últimos días.

La Plataforma Escuelas de calor viene denunciando la situación insoportable para los escolares y maestros que dan clase a más de 30 grados. La Junta aprobó en 2020 una Ley de Bioclimatización en las escuelas, y el pasado otoño se aprobó un Plan de confort térmico para los colegios, pero siempre topamos con la burocracia y la falta de asunción de responsabilidades.

Y así seguimos sin resolver los problemas que desde hace decenios nos anuncian los científicos, el cambio climático y sus consecuencias sobre la salud de las personas, como el aumento de temperaturas, los incendios forestales, las danas y lluvias torrenciales, fenómenos extremos a los que no estábamos acostumbrados hace décadas, y que deben abordarse de forma transversal y con un enfoque holístico. No se trata de una Consejería o de un Ministerio, son varias consejerías y varios ministerios los que deben coordinarse. Y si tuviéramos visión de futuro, ya dispondríamos de un Ministerio del Clima, o de Emergencia Climática, y la correspondiente Consejería con rango de Vicepresidencia en cada comunidad. He dicho. 

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