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Reivindicando a Escuredo

Imagen de archivo de Rafael Escuredo

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Llueve por fin en Andalucía este invierno vísperas del 28F y las banderas españolas que aún ondean en algunos balcones se arrugan empapadas. Deslucen con la lluvia esas banderas invocadas por algunos alcaldes de la derecha contra Pedro Sánchez y los acuerdos del presidente del Gobierno con los independentistas para pacificar Cataluña. Qué melancolía trae la lluvia. Hubo un tiempo hace años en el que “cada casa era una bandera de Andalucía”, de autobuses y coches “con la verde y blanca ondeando”, de mítines de miles de corazones “estallando de ilusión, esperanza y rebelión ante siglo y medio de injusticia y abandono”. Hubo un hombre que lideró aquella rebelión para que Andalucía tuviera los mismos derechos y privilegios, ni más ni menos que Cataluña y País Vasco. El entrecomillado son frases suyas cuarenta años después. Las del socialista Rafael Escuredo, el primer presidente autonómico elegido en las urnas en Andalucía, líder político en el proceso autonómico, artífice principal del referéndum del 28 de febrero de 1980, que dio a Andalucía la autonomía de una nacionalidad histórica, como recoge la Constitución. Hubo otros protagonistas políticos en la gesta de un pueblo doblando el pulso a los constituyentes, pero cada año que pasa el suyo se agranda. La Andalucía institucional y moderna nace con la figura de Rafael Escuredo.

Para la izquierda y, parte de la derecha, es un referente, pero 44 años después no se le ha dado el lugar merecido. Todos le han sacado como un paso de Semana Santa cada 28 de febrero, como él mismo dijo con sarcasmo en una entrevista del periodista Rafael Rodríguez en 2020. “Me lanzaban dos o tres saetas y otra vez para dentro”. No se trata de medallas o de títulos, que los tiene. El PSOE de Juan Espadas y Manolo Pezzi ha reaccionado para reivindicar su legado y que la historia de Andalucía se escriba con su nombre como protagonista. Quizás un poco tarde. Ha tenido tres décadas para hacerlo. Ha hecho falta que el PP alcanzara el gobierno de la Junta de Andalucía con su propio relato y que Escuredo escribiera un libro para desmemoriados, junto a Juan Cano Bueso, - “Valió la pena. La lucha de Andalucía por su autonomía”-. “Aquello fue una lucha en solitario del pueblo andaluz para situar a nuestra tierra en el lugar que le correspondía”. A Escuredo parece preocuparle más que los hechos no se olviden y que se traslade a las nuevas generaciones el esfuerzo de lo que se logró, su valor político y lo que ha supuesto para la vida de los andaluces. “La Andalucía que nosotros conocimos tenía 1,5 millones de analfabetos”, dijo en aquella entrevista a elDiario.es Andalucía.

Los gobiernos socialistas fueron incapaces de llevar la historia autonómica y el origen de sus símbolos como disciplina de estudio a los colegios. Tampoco el PP ha solventado esa carencia. Los niños y niñas siguen con su mollete con aceite cada 28F

El olvido de la gesta autonómica es terreno abonado para la renacida ultraderecha, su declarada guerra a las autonomías en general y a los símbolos andaluces en particular. Volviendo a las banderas. Qué nostalgia al ver pasar las tractoradas recientes de las gentes del campo por las calles de las ciudades andaluzas protestando contra su abandono político, enarbolando solo banderas rojas y amarilla en sus vehículos. Hubo aquel tiempo en que todas las protestas campesinas llenaban los campos andaluces de banderas verdes y blancas.

El fracaso de la pedagogía. Un ejemplo de clase de secundaria: Preguntan a los alumnos de un colegio si saben quién es Blas Infante, y responden que un cantante de rap o que un cuentacuentos. Preguntemos a los profesores por la ruta de los pueblos de Blas Infante o por el origen de los símbolos andaluces. Habrá silencios y alguno podría sorprender que Rafael Escuredo es un escritor de novelas. Y no se equivoca. Rafael Escuredo ha escrito una decena de libros de ficción, entre ellos una saga policíaca.

Varias generaciones, la de los menores a 50 años, desconocen la historia de la autonomía de Andalucía, la importancia del 28F y sus protagonistas. Para muchos de los que no vivieron de adultos aquellos días del referéndum, el 28F no es más que un día de fiesta, que siendo escolares celebraron con un desayuno de mollete con aceite de oliva y el himno que nunca aprendieron. Esas generaciones no tienen interiorizado la Andalucía autonómica como un activo político, ni la trascendencia que ha tenido para el bienestar de sus vidas.

Hay culpables. Los gobiernos socialistas sucesores de Escuredo fueron incapaces de llevar la historia autonómica, sus protagonistas, el origen de sus símbolos como disciplina de estudio a los colegios e institutos. Tampoco el PP, pese a lo anunciado, ha solventado esa carencia. Los niños y niñas siguen con su mollete con aceite cada 28F.

Moreno se ha puesto el traje andalucista sin complejos, se exhibe con lugares, personajes y símbolos de la autonomía, ninguneando a sus adversarios de siempre, los socialistas

Durante décadas, las manifestaciones del 4D, germen de la conquista autonómica, y el referéndum del 28F, culmen de la misma, llegan a la opinión publicada según la pugna partidista. Cada partido hace una lectura interesada de su papel en los acontecimientos. La izquierda y andalucistas (socialistas, PCA y PSA) tuvieron un liderazgo en el proceso autonómico, eso es histórico y no se puede ocultar. Los socialistas capitalizaron el sentimiento andalucista por aquel 28F hasta permanecer en el poder 37 años. Se lo deben a Escuredo. Pero a sus sucesores también se les fue la mano dejando fuera a la derecha de aquellos logros, por el hecho de que tanto la UCD como Alianza Popular pidiesen la abstención o el voto en contra en el referéndum del 28F. Ni el consenso del segundo Estatuto en 2007 entre PSOE y PP logró limar el resquemor en este partido.

El vacío didáctico dejado por los socialistas unido al resentimiento de años noqueado cada 28F, ha sido aprovechado por el PP al llegar al Gobierno de la Junta de Andalucía en 2019. Ha impulsado su propia lectura sin apenas contestación ilustrada. “El cuento de que el PP es malo para la autonomía se ha acabado”, frase de Juanma Moreno investido presidente. Moreno se ha puesto el traje andalucista sin complejos, se exhibe con lugares, personajes y símbolos de la autonomía, ninguneando a sus adversarios de siempre, los socialistas. Se apropia del relato hasta el punto de crear con éxito un Día de la Bandera de Andalucía el 4D junto a históricos del PA. En aquellas manifestaciones participaron históricos del centro derecha hoy en el PP.

Comete el mismo error que sus antecesores socialistas. En ese afán de interpretar la historia, el PP busca imponer a Manuel Clavero, el ministro de la UCD que dimitió para apoyar el sí en el referéndum del 28F, como el gran protagonista de la autonomía. Sin aquel apoyo de Clavero, que contagió al electorado de la UCD (este partido obtuvo 24 diputados en las generales de 1979 en Andalucía frente a 23 de los socialistas), probablemente el referéndum hubiera fracasado. El entorno de Rafael Escuredo lo tiene claro: “Votó mucha gente que no era de izquierdas, si no, no sale”. La posición de Clavero “desmonta los miedos del centro derecha”, intoxicada con que el referéndum era una estrategia de los socialcomunistas para hacerse con el poder. (El vocabulario en la derecha para referirse al actual gobierno del PSOE se repite décadas después).

La salud y la edad no le permitiría una huelga de hambre como la que sostuvo para que el Gobierno de la UCD aceptara el referéndum y Adolfo Suárez le dijera una fecha tras aquella histórica entrevista en la Moncloa

Juanma Moreno reivindica a Clavero porque fue el único político destacado de la derecha que impulsó entre este electorado el sí a la autonomía plena el 28F. Clavero, que soñó con un andalucismo de derechas (Unidad Andaluza) sin éxito electoral, no llegó a militar en el PP como sí hicieron otros dirigentes de la UCD en Andalucía, como Soledad Becerril, que fue alcaldesa de Sevilla, y Francisco de la Torre, alcalde de Málaga. Pero el PP lo ha adoptado como “padre de la Andalucía moderna” por su etapa de ministro que impulsó la arquitectura autonómica. Cuando el verdadero padre de la Andalucía moderna es Rafael Escuredo.

Moreno ha sido osado con el papel de Clavero: Encargó un busto del político para colocarlo en el Parlamento en parangón a los de Blas Infante y el socialista Plácido Fernández Viagas (primer presidente de la junta preautonómica), puso el nombre de Clavero a la sala de reuniones del Consejo de Gobierno y creó en 2020 una medalla con su nombre en la gala de premios institucionales del 28F. Hasta esa fecha Clavero y Escuredo eran ambos hijos predilectos de Andalucía. La misma distinción. Desde entonces, Rafael Escuredo es medalla del premio Manuel Clavero. El premio de la humillación. “Ellos quieren ser conversos, bienvenidos, pero que no cambien la historia. Moreno no fue el primero, fue Escuredo”, Pezzi a simpatizantes socialistas. 

Rafael Escuredo, que acaba de cumplir 80 años, sigue siendo un rebelde. La salud y la edad no le permitiría una huelga de hambre como la que sostuvo para que el Gobierno de la UCD aceptara el referéndum y Adolfo Suárez le dijera una fecha tras aquella histórica entrevista en la Moncloa. “¡Qué gol le he metido!”, le dijo al salir al periodista Enrique García. Sigue publicando novelas (‘Sombras de luz’ en 2023) y mantiene el vigor de siempre para analizar sin ataduras la política actual, ahora con otro megáfono, el de las redes sociales. Defiende la amnistía en Cataluña sin paños calientes y arremete contra los críticos de su partido con Pedro Sánchez, desde Felipe y Guerra al presidente de Castilla la Mancha. “El presidente Page dice que no entiende la política de Pedro Sánchez, olvidando que somos decenas de miles los que no entendemos la suya”, posteó en X (antes Twitter) el pasado 13 de enero.

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