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Manuales de confesión, principio de la discriminación de género: así 'criminalizaba' la Iglesia a las mujeres

Un investigador de la Universidad de Granada examina el discurso eclesiástico en torno a las mujeres como "seres potencialmente peligrosos" y "sujeto culpable" de los pecados del hombre

En los siglos XVI y XVII, el sacramento de la confesión era obligatorio una vez al año como mínimo para recibir un certificado, como establecía el Concilio de Trento

"La discriminación y la subalternidad de las mujeres tiene mucho que ver con un relato potente que la Iglesia desarrolló en las sociedades católicas de la Edad Moderna", explica Andrea Arcuri

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investigación señala a los manuales de confesión de la Iglesia

Extracto de una página de un manual de confesores del siglo XVII de la ciudad de Granada FOTOS: UGR

El relato bíblico de la Eva tentadora y peligrosa, con el símil de la serpiente, llegó hasta la Edad Moderna ¿y hasta nuestros días? El doctorando Andrea Arcuri, del programa de Historia y Arte de la Escuela Internacional de Posgrado (EIP) de la Universidad de Granada, ha analizado cuáles fueron los dispositivos de disciplinamiento social e individual de los fieles implementados por la Iglesia Católica a raíz del Concilio de Trento. Una de sus conclusiones es que "la discriminación y la subalternidad de las mujeres tiene mucho que ver con el potente relato que la Iglesia desarrolló en las sociedades católicas de la Edad Moderna".

El investigador, autor del artículo 'Represión sexual y de género en la confesión: los manuales de confesores de la Edad Moderna (siglos XVI–XVII)', publicado en la revista portuguesa Ex Aequo, explica a eldiario.es Andalucía que "una de las herramientas más poderosas para disciplinar y reprimir las conductas sexuales de la época, tanto de hombres como de mujeres pero sobre todo de las mujeres, era el sacramento de la confesión". La investigación se centra en concreto en los manuales de confesores, unas guías que enseñaban a los sacerdotes cómo debían actuar a la hora de la confesión.

En aquella época, este sacramento era un deber de cada cristiano, era obligatorio una vez al año como mínimo para recibir un certificado, como establecía el Concilio de Trento, "una especie de carné de identidad que cada fiel tenía que enseñar", señala el investigador, cuya tesis doctoral aborda una temática más amplia que la que hace referencia en el artículo: 'Disciplinamiento social y vida cotidiana en la época de la confesionalización: costumbres, sacramentos y ministerios en Granada y Sicilia (1565-1665)'.

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El investigador Andrea Arcuri, doctorando en el programa de “Historia y artes” de la UGR

"Dentro de la práctica tan arraigada de la confesión, sobre todo a raíz del Concilio de Trento, la Iglesia pudo inculcar sus preceptos y a la vez reprimir todas las conductas que discreparan con sus dictámenes". ¿Cómo? "A través de la confesión, a través de la imposición de las penitencias. Según el relato de los pecados cometidos por los fieles, el confesor imponía ciertas penitencias". Hombres y mujeres eran evaluados de forma diferente. El pecado de fornicación, por ejemplo, se juzgaba más severamente si las culpables eran mujeres.

Su hipótesis es que estas obras de literatura confesional, por su valor didáctico de adoctrinamiento de los sacerdotes, constituyeron un instrumento para endurecer la condición de subordinación de las mujeres a lo largo de la Edad Moderna. La Iglesia católica creó un complejo sistema de control, traumas en relación al sexo, la familia o la economía, convirtiendo en pecado todo lo que no fueran sus dictados y sólo permitía la redención de los pecados a través de la confesión, controlando el comportamiento de todos los fieles.

"Las revistas eróticas de la época"

Investigaciones anteriores se han centrado en su aspecto represivo, pero Arcuri ha focalizado el estudio en los instrumentos de persuasión a través de la palabra, del examen de discurso eclesiástico en torno a las mujeres, pronunciado por los confesores dentro del confesionario pero también por los predicadores en las aldeas o los domingos desde los púlpitos de las iglesias. Otras investigaciones han abordado la posición de la Iglesia con respecto a los abusos sexuales dentro del confesionario, conocidos como 'solicitatio ad turpia'.

Arcuri explica que el sacramento de la confesión, debido a las divisiones ocasionadas por la Reforma protestante, era un instrumento de disciplinamiento de las costumbres sociales y generaba además "un relato dirigido a 'criminalizar' cada conducta sexual y a presentar, a la vez, a las mujeres como seres potencialmente peligrosos que tenían que ser bien disciplinados". En el artículo, Arcuri habla del llamado 'derecho de corrección', es decir, la facultad que tenía el hombre de castigar a su mujer o a su hija "con fines educativos", ya que en estos manuales de confesión se defendía "que la mujer tema a su marido".

investigación señala a los manuales de confesión de la Iglesia

Página de un manual de confesores del siglo XVII de la ciudad de Granada

"Todo el relato negativo en contra de los pecados sexuales tienen un punto en común. La lujuria, por ejemplo, residiría en las mujeres como seres. Los pecados sexuales que pudiera cometer un hombre era siempre debido a una mujer, era el sujeto culpable porque engañó al hombre", explica el investigador, quien considera que sería demasiado arriesgado asegurar que existe "una correlación directa" entre aquello y la violencia de género de hoy día pero "sí se puede afirmar que la discriminación y la subalternidad de las mujeres tiene mucho que ver con un relato potente que la Iglesia desarrolló en las sociedades católicas de la edad moderna".

Aquellos manuales de confesión eran "las revistas eróticas de la época", por cómo de concretos son en la descripción de las conductas sexuales. Un ejemplo es la descripción de las maneras de violar el precepto de la castidad. La Iglesia distingue entre seis pecados mortales diferentes: fornicación simple (relación entre hombre y mujer no casados y sin obstaculizar la procreación), adulterio (el acto sexual con mujer casada), estupro (relaciones con menores), incesto, sacrilegio (los actos sexuales con eclesiásticos) y pecados contra natura (todos los que impiden la fecundación, esto es, la masturbación o los tocamientos voluntarios). Arcuri habla del "bochorno que debía de sentir la penitente, sometida a un interrogatorio en el que el ministro le preguntaba cuántas veces había pecado contra este precepto".

Según lo que se desprende del análisis de los manuales de confesión, "las mujeres estaban sometidas a una narración hostil y misógina que solía describirlas ora débiles e inferiores, ora peligrosas y lujuriosas; los manuales de confesores, en definitiva, proporcionaban una narración orientada a justificar y a fortalecer, también mediante un lenguaje discriminatorio, la condición de subordinación de las mujeres con respecto a los hombres".

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