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La Tirana, una actriz para interpretar a la mujer del siglo XVIII

Retrato de La Tirana

Quedó para la historia como un mito erótico, pero María del Rosario Fernández La Tirana (1755 - 1803) fue mucho más que esa reducción simplista de la belleza a la que en los siglos venideros, especialmente el XIX, se condenó a las mujeres. Actriz sevillana -nacida en el barrio de Triana-, fue un personaje capital en el teatro español del siglo XVIII. Andalucía -donde se formó bajo el magisterio del intendente Pablo de Olavide- se le quedó pronto pequeña y viajó a la Corte hasta conseguir establecerse como la actriz más importante de la España de Carlos III.

Fue una mujer independiente, en litigio por conseguir el divorcio de su marido en un país cuyas leyes aún no lo permitían, empresaria y directora de su propia compañía teatral; una mujer que ganó dinero -“y a veces mucho dinero”- y a través de la que se puede realizar el retrato del siglo XVIII en España, una época injustamente silenciada que permitió llevar a las mujeres una vida algo más libre de lo que les depararía el futuro.

Así queda de manifiesto en el ensayo La Tirana. Una actriz en la época de Carlos III, una publicación de la Fundación José Manuel Lara en colaboración con el Centro de Estudios Andaluces, obra del historiador José María Martín Valverde. En este volumen, no sólo se evidencia el siglo XVIII como una época “extraordinariamente viva para la vida intelectual, con el nacimiento de la prensa, y la Ilustración” sino que dibuja “el nacimiento de la España moderna”, en palabras de su autor.

Martín Valverde dibuja un retrato de La Tirana que evoluciona desde “la chica ingenua formada en una familia modesta, hija de un padre con pretensiones, hasta la mujer que de repente se da cuenta de que tiene que gestionar una vida en la Corte. Allí tiene que saber posicionar sus atractivos, actuar ante los reyes y los grandes de España”, explica el autor, en un momento además en el que “el teatro era un instrumento de poder político y, voy más allá, una cuestión de Estado, de orden público”. Dos grandes teatros levantados en Madrid con 2.000 localidades cada uno, “nos dan la dimensión de su importancia, con actuaciones todo el año, incluido el verano”.

Este minucioso libro, que ha sido distinguido precisamente con el Premio de Ensayo Pablo de Olavide,  es asimismo, “una rareza que aborda un aspecto de la realidad española a la que no se atiende, no se atiende a los actores y menos a los actores del pasado. Da la impresión de que todo empezó hace muy poco y no es así. Estamos ante una época moderna, el lenguaje emocional y político de nuestro país surge en este momento, la segunda mitad del siglo XVIII, y las preguntas que nos seguimos haciendo hoy como españoles y que están aún sin respuesta, surgen en este periodo”. Son palabras del prologuista de la obra, el historiador Joaquín Álvarez Barrientos.

Mujeres independientes en el siglo XVIII

Entre las virtudes de este libro, a Barrientos le parece definitivo el hecho de que se trate de “la biografía de una mujer”. “Hubo más en esta época y todas cayeron en el más absoluto olvido. Todas ellas tuvieron siempre problemas con el entorno, con la administración y con sus maridos porque quisieron llevar una vida independiente. Ganando su propio dinero y, en algunos de los casos, mucho dinero: dejaron casas, propiedades, ganaderías y joyas y pinturas, pinturas de Goya. Que un pintor de la dimensión de Francisco de Goya pintara a una mujer actriz nos da la idea de la dimensión que tuvo”, asegura el profesor.

No obstante, el retrato de La Tirana, asegura, es representativo de un tipo de mujer que no fue tan excepcional en esta época, un momento en el que comenzaron a tener más espacio en la sociedad: “La legislación cambia en el XVIII para que los hijos y las hijas tengan más independencia a la hora de elegir pareja y su estado civil, sin consentimiento de los padres. Se habla de las sufragistas como el punto de partida, pero la realidad y el modo de relacionarse los hombres y las mujeres ya está empezando a cambiar en esta época”. Es en el siglo XIX, con la llegada del Romanticismo, “cuando se produce una gran involución, y las mujeres están esperando ser secuestradas por el amante”.

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