Hago propaganda de que no hay que hacer propaganda

Imagen de 'La dictadura de los cool'

Domingo, 10 de marzo

21.15 h. Voy caminando con B que me dice que está un poquito removida. Acabamos de salir de ver “Rebota rebota y en tu cara explota” de Agnés Mateus y Quim Torrida.  La pieza es un viaje que empieza como un stand up comedy feminista y punki, pero va derivando a lo performativo y profundizando en el asunto que trata: la denuncia de la violencia machista.

22.00 h. En la cervecita de después, comentamos la crudeza de algunas de las partes: Angés se expone a un lanzador de cuchillos que le lanza demasiados para un corazón sensible como el mío. Una parte de mí rogaba por una elipsis (Agnés, te juro que ya lo he pillado), pero es lo que tiene la performance, que no va de que lo pilles sino de que lo vivas, de que lo transites completo. Luego, está mi escena favorita: una carretilla con arena, la intérprete cava un agujero, se tapa los ojos y se entierra. Una proyección de un niño exhibiendo su habilidad al manipular vasos de plástico parece contrapunto y se erige como protagonista de la escena. Hay una lectura evidente: como en la vida, prestamos la atención a vídeos frikis mientras hombres matan mujeres: la vida (y la muerte) es lo que pasa mientras vemos vídeos absurdos en las redes.

Sábado 11 de marzo 

09.32 h. Aquel once de marzo yo estaba en Granada actuando. Suspendimos las funciones y se vino la que entonces era mi pareja a pasar unos días. Recuerdo la manifestación en la puerta de unos grandes almacenes de cuyo nombre no quiero acordarme. Luego, nos invento besándonos bajo el Arco de Elvira.

09.48 h. El 2 de agosto del año 1914 Kafka sólo escribió esto en su diario: “Alemania ha declarado la guerra a Rusia. - Tarde, escuela de natación".

10.47 h. Hay dos tipos de manifestaciones: aquella a la que asistí en Granada, que era más una ceremonia de luto colectivo, y las que piden cosas y, aunque sea por un momento, nos hacen sentir que a la utopía se le cae la “u” y en vez no lugar es lugar. Las manifestaciones del 8M arrebujaban los dos tipos en uno solo: fiesta y luto, dolor y alegría. 

Miércoles, 14 de marzo

21.00 h. A esta hora arranca el ciclo “Ahora danza” en el CICUS, un proyecto del CICUS en colaboración con Eléctrica Cultura. Es una programación hecha con cariño y profesionalidad que tiene esta primera tanda en marzo y la segunda en mayo. Yo hoy no puedo ir, pero la semana que viene y la otra no me lo pierdo (Leonor Leal y Bárbara Sánchez).

Viernes, 26 de marzo

20.30 h. Miro la exposición de Miguel Benlloch. (1954-2018) performancero, poeta, y activista político y cultural en el hall del Teatro Central.

21 h. Entro en la Sala A del Central con M, J y A para ver “La dictadura de lo cool” (Marco Layera- La Resentida). La obra va de que acaban de nombrar al nuevo ministro de cultura de Chile y sus amigos aguardan en el salón para recibir el premio de tantos años juntos: un carguito. Pero el flamante ministro pretende dar la voz (y, por tanto, los carguitos) al pueblo. En una bacanal desesperada, todos intentan reconducirlo, pero será inútil. Un deus ex machina en forma de revolución del pueblo acaba aniquilándolos. O sea, si le das de verdad la voz al pueblo, igual se lleva de camino tu pescuezo.

22.30 h. Habemus tertulia tras la función: buena señal. Hablamos de La juventud de Sorrentino. Algo de eso hay. La poética visual que propone la pieza tiene algo de esa película, algo de películas en general y de los modos de representación a lo contemporáneo. Son retóricas. No lo digo como algo negativo: la retórica es fondo y el fondo es retórica. Si no eliges bien la forma en la que cuentas, estás traicionando eso que querías contar y, quizá, contando otra cosa. Pero yo veo latir todo el rato a Luis Buñuel. De hecho, el gran acierto para mí de la pieza es traer al hoy el discurso del cineasta aragonés: su odio visceral a una clase podrida, encerrada en su opulencia, ensimismada en su palabrería. Si esto fuera un libro, en la contraportada se destacaría: como una historia de Buñuel contada por Alejandro González Iñárritu. Pero nosotros tenemos mucho estilo para esas simplificaciones, ¿verdad?

23.15 h. La tertulia sigue. El teatro político exhibido en teatros públicos asume siempre una doble contradicción: el público que lo ve suele estar de acuerdo y sentirse a salvo de la crítica, reprende a los privilegiados desde una posición de privilegio. Me gusta que estos resentidos no ignoren esa contradicción sino que la encaren y la habiten.

23.37 h. Sí, hemos pedido unos chupitos (las demás) y (yo) una cerveza gran reserva de postre y efectivamente nos hemos puesto tontas. Ahora mismo, esto es como La clave, pero con más tertulianas que tertulianos. La clave era un programa de tele en el que la gente se juntaba para, oh, escándalo, charlar de asuntos profundos durante horas.

23.38 h. J habla del peligro de un discurso que fomente el nihilismo, que convierta la denuncia a parálisis.

23.41 h.  M explica a E qué es un metarrelato (Las palabrejas que uso creyendo que todo el mundo las controla y no. Afortunadamente no.)

23.42 h. Yo valoro que aún haya gente que se mete en este jardín de inventar relatos que hablen de esto: de política clásica, de revolución, de clases (esa cosa que parece que ya no existe, pero sí).

Sábado, 16 de marzo

20.13 h. Hoy tenía el corazón cultural partío entre dos planes: el concierto de Rocío Guzmán en Casala Teatro o Fran Torres y Jasio Velasco con Clowning Calaveras en Lasedede. Pero mi corazón no-cultureta me pide silencio y casa. La temporada pasada me obligué a ver cosas que tenía  muchas ganas de ver en días que no tenía ganas de nada. Por eso, morí de sobredosis. Mi vida  de esta temporada la quiero cuidar mejor. Me pongo la película más hermosa de Bresson y la más difícil de pronunciar para los seceantes como yo: “Al azar, Baltasar”. Miro el dolor del mundo y la perplejidad ante la injusticia contenidos en los ojos de Baltasar, ese asno al que la película acompaña.

23.57 h. Antes de apagar la luz, quiero dejar claras dos cosas: La primera es que seceantes debería estar en el diccionario con la siguiente definición: dísece de la persona que por mor de haber corregido su seseo o ceceo originario, se forma unos líos de pronunciación considerables con la s y la c. La segunda es que en la cofradía de los seceantes hay gente de altísimo nivel como Rocío Jurado, Manuel Chaves, Lola Flores o yo. Ahora, ya puedo apagar la luz tranquilo. 

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20 de marzo de 2019 - 18:11 h

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