Xavier Corominas: “Los viajes no deberían ser consumo de paisajes”

Xavier Corominas, en uno de sus viajes a China.

El Centro de Promoción de la Bicicleta de La Ciclería acoge el próximo jueves la presentación del libro 'Del amor y otros viajes', la crónica del viaje de Xavier Corominas (Salt, 1951) por Bali, Australia y Nueva Zelanda. Más allá de ese recorrido concreto, el autor defiende una forma de viajar muy diferente al turismo más habitual en nuestros días. Y es gracias a su bicicleta.

¿'Del amor y otros viajes' es un libro de amor o un libro de viajes?

Es un libro de viajes con amor (risas), porque es viaje con pareja. De hecho, el libro empieza encontrando el amor, además en bicicleta. Fue un dating un poco especial, un encuentro con la historia de alguien que me dice que tengo que conocer a esta chica, a ella le dicen que tiene que conocerme. Nos conocemos encima de una bicicleta en Zarautz. Empezamos a pedalear por el País Vasco, Cataluña, Mallorca, París, Nueva York... y finalmente, sale un viaje largo, hasta Nueva Zelanda, Australia y Bali.

Dice el prólogo de Quim Español que usted viaja de una forma diametralmente opuesta a la de la mayoría de los turistas, ¿por qué? ¿Cómo son sus viajes?

Cuando viajas en bicicleta, el panorama cambia. En primer lugar, hay que planificar cuántos kilómetros vas a hacer cada día; el viaje es mucho más lento, con el que puedes vivir mucho más la naturaleza, la gente… No es el único viaje que he hecho de este tipo. La mayoría de los turistas hace sus viajes en coche o en avión; es completamente diferente. Cuando fuimos en avión para llegar a Nueva Zelanda, en las antípodas, es un recorrido en el que no ves ni el cielo. En bicicleta, siempre es un viaje mucho más profundo a nivel personal: hay una parte de esfuerzo propio, si vas a hacer cientos o miles de kilómetros... Pero sin competición. Esto es otra cosa bastante importante: lo más valioso que necesitas para viajar en bicicleta es tiempo. Con tiempo, el viaje en bicicleta siempre va a ser mucho más interesante.

Es justo lo contrario a lo que ocurre con el turismo más habitual: que no sobra tiempo y se intenta sacarle el máximo partido...

Exactamente. A pesar de esto, siempre digo que, en los viajes, sean en bicicleta o de otra forma, hay que dejar cosas por ver. No se trata de que el viaje sea un consumo de paisajes o lugares a los que hay que ir. Hoy día, se están reduciendo los paisajes salvajes, porque cualquier cosa que destaca se convierte en una atracción turística y aparece en las guías. En bicicleta encuentras lugares que, por suerte, aún no están en las guías.

¿El turismo actual más extendido es una forma más de consumismo?

Sí, mis viajes son lo contrario a esa idea de llevar el turismo a un consumismo extremo. Para mí, es mucho mejor andar o ir en bicicleta. Lo que pasa es que andar, que no se ofendan los que andan, es poco eficiente: en bicicleta, con menos esfuerzo, haces más camino. En cualquier caso, lo ideal es un ritmo que permita vivir: desde oler la tierra, hasta oír los pájaros o pararte a hablar con alguien sin ningún problema. Pero también hay que pensar en que el viaje continúa y si no pedaleas, no llegas. 

Con este planteamiento, ¿el destino final pierde importancia frente al recorrido del viaje?

Sí, exactamente, yo hice por ejemplo un primer viaje de Salt a Tokio en el que sí tenía el objetivo de llegar a Tokio. Estuve cinco meses para llegar y me ayudé del tren, porque en Siberia tomé el transiberiano. En cambio, lo mejor, si puedes, es viajar sin fecha de vuelta. Yo empecé a hacerlo cuando me jubilé. Salir sin fecha de vuelta es una tranquilidad total. Es saber que van a pasar cosas, porque pasan cosas, pero no tener una obligación estricta de volver en una fecha concreta. Esto te da un relax y una manera de ver las cosas muy diferente.

¿La bicicleta propicia los viajes interiores que apuntaba antes?

Esto depende de cómo sea el viaje. He hecho viajes en solitario y en pareja, pero siempre digo que, para mí, viajar dos es una multitud, porque cambia completamente el concepto. Contigo mismo tienes muchas horas para darle a la cabeza, para buscar la fuerza necesaria para avanzar, porque hay momentos en los que te puedes plantear por qué estás haciendo esto. En cambio, cuando es un viaje en pareja, tienes a alguien con quien intercambiar impresiones y quizá no entras tanto en tu interior.

Nueva Zelanda, Australia, Bali, Nueva York... ¿Cuál es su próximo destino?

Ahora, he hecho un viaje que no ha hecho mucha gente, porque en plena pandemia estudié dónde era mejor ir y, precisamente, el último viaje que he hecho ha sido a Canarias: visité en solitario las ocho islas, incluida la isla de La Palma. Creo que el lugar en el que estuve durmiendo, con una gente que me acogió, ya no existe. El volcán se lo ha llevado.

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