Una chapuza deja en el aire una inversión de 27 millones en Monzón

Las obras de la factoría de Veos Ibérica, ubicada en un extremo del polígono industrial Armentera de Monzón, están muy avanzadas

Si el esmero este consiste, según la RAE, en poner “sumo cuidado y atención diligente en hacer las cosas con perfección”, hay pocas dudas acerca de si ese ha sido, o no, uno de los principales ingredientes de la planificación de la llegada de Veos Ibérica a Monzón.

La empresa, en la que participan la belga del mismo nombre y la leridana Vall Companys, uno de los principales grupos del sector agroalimentario español, promueve en la capital del Cinca Medio una inversión de 27 millones de euros para construir una factoría en la que pretende procesar buena parte de la sangre de cerdo que los mataderos de la zona, entre los que los principales son Pini y Fribín, ambos ubicados en la cercana Binéfar, generan como subproducto de las matacías.

La inversión, anunciada el pasado agosto, generará, sobre el papel, una veintena de puestos de trabajo directos y alrededor de treinta indirectos. Eso, siempre que pueda entrar en funcionamiento; ya que la parcela del polígono municipal finalmente elegida para instalar la planta va a impedirlo.

La parcela en cuestión, sobre la que desde hace semanas puede observarse cómo la ‘caja’ de la factoría está cerca de ser finalizada, se encuentra a menos de quinientos metros de una granja de pollos con todas las licencias de actividad y los permisos ambientales en regla, lo que impide que la planta de Veos pueda entrar en funcionamiento salvo que la cuadra de aves dejara de estar operativa.

La situación salpica de pleno al consistorio montisonense, ya que la ubicación de la parcela fue acordada entre sus responsables y la empresa a propuesta de los primeros. Según explicaron fuentes conocedoras del proceso, esa decisión incluyó el descarte de la localización inicialmente prevista, en la que no había problemas de distancias a otras explotaciones.

“Deberá respetar una distancia mínima de 500 metros”

El artículo 4 del decreto de ordenación de la avicultura de carne resulta tajante: “la nueva instalación” de “plantas de transformación de subproductos de origen animal no destinados al consumo humano, los mataderos de aves, las fábricas de productos para la alimentación animal, los vertederos y cualquier otra instalación donde se mantengan animales epidemiológicamente relacionados, sus cadáveres o partes de estos” deberá “respetar una distancia mínima de 500 metros con respecto a las explotaciones ya existentes o con respecto a cualquier otro establecimiento o instalación que pueda representar un riesgo higiénico-sanitario”.

Y la separación entre el punto “más próximo a la instalación respecto de la que se pretende establecer la citada distancia” no alcanza entre la granja y la factoría de Veos esos 500 metros, una situación que obliga al Inaga (Instituto Aragonés de Gestión Ambiental) a emitir un informe desfavorable a la apertura de la planta mientras la granja continúe activa.

La situación de limbo en la que se encuentra el proyecto no ha pasado desapercibido para el Ayuntamiento de Monzón, que hasta la fecha ha concedido a la empresa una licencia de obras para que construya la nave pero no una de actividad para que la ponga en marcha, algo que, por otra parte, depende de un permiso que el Gobierno de Aragón no puede otorgar en esas condiciones.

Silencio oficial sobre un proyecto que hace tres meses fue bandera

El alcalde de Monzón, Isaac Claver (PP), declinó pronunciarse sobre este asunto alegando que no se trata de un asunto municipal, algo que contrasta con el apoyo que públicamente ha venido dando al proyecto el equipo de gobierno, que lo incluye entre sus logros.

“Se ha trabajado con una agilidad ejemplar” en un asunto en el que, según declaró hace unos meses el concejal conservador Miguel Hernández, “los trabajos y reuniones, liderados por el alcalde (…), han sido determinantes para que la empresa venga a Monzón y sea finalmente el lugar donde van a invertir 27 millones de euros y crear 50 empleos”.

“Veos Ibérica no tenía clara su ubicación” y “fuimos capaces desde el primer día de poner en valor nuestro polígono, nuestra ciudad y nuestra referencia empresarial”, declaro este verano el propio Claver a Radio Monzón.

El eventual riesgo de que Veos pierda la posibilidad de acceder a ayudas públicas por el retraso que el error en la elección de la ubicación lleva camino de provocar en la entrada en servicio de la factoría añade nuevos factores de incertidumbre al proyecto,

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Publicado el
1 de noviembre de 2020 - 22:47 h

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