Vía Hispanidad
Los que tuvimos una conexión emocional directa con la transición y los primeros años de libertades hemos envejecido al mismo tiempo que la democracia y el movimiento vecinal.
Por eso, movilizaciones como las de los vecinos de la Vía Hispanidad de Zaragoza nos reconfortan al mostrarnos que, aunque más atomizados, continúan vivos los contrapesos a los atropellos de los Gobiernos.
Desde el sentido común, y jerárquicamente desde el interés público, es muy discutible que sea una buena idea modificar el Plan General de Ordenación Urbana para construir varias torres de 16 y hasta 22 plantas, unas 470 viviendas de lujo, en sendos equipamientos del barrio: el campo de fútbol José Luis García Traid y el “skatepark” Ignacio Echeverría. (García Traid, jugador y entrenador del Real Zaragoza en la década de los 60 y principios de los 70, falleció en 1990 a los 54 años después de una operación de cirugía plástica. Ignacio Echeverría, “el héroe del monopatín”, fue un joven español asesinado en los atentados de Londres de junio de 2017 cuando se enfrentó con su monopatín a uno de los terroristas yihadistas).
Sin haber existido un diálogo previo, aún resulta más hiriente intentar seducir a los vecinos ofreciéndoles unos equipamientos alternativos mejor dotados en Valdespartera, “más o menos a 20 minutos de su actual ubicación”. Y resulta más hiriente porque el fondo del asunto no es ese. El fondo del asunto es el interés público y es la calidad de vida, que nos respeten lo que es nuestro desde hace años, que pueda entrar en casa cuanto más sol mejor, que se pueda respirar y disfrutar de espacios abiertos.
Son unos equipamientos, en el primero entrenan y juegan los equipos del “Hernán Cortés”, que les corresponden por ley y que esponjan una zona muy densificada por edificios de grandes alturas y por la incesante circulación de vehículos. La Vía Hispanidad, antigua carretera de Madrid, es una de las vías con mayor y más grave siniestralidad de la ciudad, allí se han perdido unas cuantas vidas prematura e inesperadamente, a lo que habría que añadir el impacto en los actuales servicios como el Centro de Salud Seminario de la considerable llegada de nuevos pobladores.
Evidencias que no se deberían canjear por nada y menos cuando el empeño de la operación urbanística es generar ingresos, alrededor de 50 millones de euros, para financiar la construcción de la “Nueva Romareda”. La recalificación ya está aprobada en Consejo de Urbanismo desde el pasado lunes 20 con los votos del PP y de Vox pero la novedad es que, después de las reuniones y protestas vecinales, el equipo de gobierno ha ampliado el periodo de alegaciones.
La historia rima en la fijación por las torres. Ya en 2002 el entonces alcalde José Atarés tuvo que desistir del proyecto para construir unas torres con 950 viviendas de lujo en los terrenos del actual campo con la finalidad de financiar un nuevo estadio en Valdespartera. Y hay al menos un precedente anterior de éxito de la lucha vecinal. En mayo de 1976, los vecinos de la Paz consiguieron que la Audiencia Provincial declarase ilegal la construcción de 678 viviendas.
Uno de los portavoces del movimiento vecinal de Vía Hispanidad, José Luis de Arce, afirmaba hace unos días: “Si los vecinos estamos unidos y queremos trabajar juntos llegaremos hasta el final y posiblemente los tribunales nos den algún día la razón”. La plataforma, organizada en varias comisiones, cuenta con el apoyo tanto de la Federación de Asociaciones de Barrios de Zaragoza como de la Unión Vecinal Cesaragusta.
Este es el camino y para eso nació hace 55 años en el actual distrito del Picarral y dos años antes en el barrio de Casetas el ahora envejecido movimiento vecinal, que inicialmente fue de cabezas de familia para facilitar la interlocución en los años finales del anterior franquismo.
Nació para defender un urbanismo inclusivo y unos servicios públicos para todos tras el éxodo rural de finales de los años 50 y principios de los 60, una lucha tozuda que, con tanta autenticidad y emoción colectiva, transmite la película “El 47” de Marcel Barrena.
Algo parecido a lo de “Torre Baró” en el extrarradio de Barcelona pasó en el barrio de Valdefierro en marzo de 1974 cuando una protesta vecinal por el deficiente servicio de autobuses, todavía no pertenecían a Tuzsa, finalizó con 15 policías heridos y 4 vecinos detenidos.
El movimiento vecinal nació, en definitiva, para defender el espacio público, para que ningún vecino se sienta expulsado de su entorno por la masificación. Por eso continúa siendo tan necesario que se mantenga vivo, con mayor motivo cuando en el actual mandato municipal empieza a ser recurrente relegar o anteponer los intereses privados a las necesidades comunitarias como se está comprobando a diario en las aceras, en las calles, en las plazas, en algún parque y en los equipamientos culturales/creativos.
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