La variante de Jaca: el lesivo trazado de su circunvalación por el norte condiciona gravemente el futuro de esta ciudad singular
Jaca es una ciudad excepcional y singular en muchos aspectos, tanto por su historia y su antigüedad y su tradicional función de capital regional, como por su trazado urbano o su carácter de plaza fuerte militar. Su contenido tamaño le facilita disfrutar de un entorno rural, colindante con sus bordes urbanos, envidiablemente bien conservado. Pero la singularidad en la que nos vamos a fijar aquí es el territorio sobre el que se asienta, esto es, una meseta recortada en forma de cuña por las vegas de los ríos Gas y Aragón, conformando una rotunda línea de cornisas orográficas de unos nueve kilómetros de longitud que envuelve completamente la meseta salvo por su extremo norte/este, donde entronca con la primera estribación pirenaica, el monte Rapitán, y se abre hacia el glacis o llano de Campancián.
Aparte de la rotundidad de sus bordes, quizá la característica principal de la meseta de Jaca sea precisamente su forma alargada (unos tres kilómetros hasta el cementerio) y estrecha (500-800 m), unas dimensiones que la hacen muy apropiada para la escala humana: una ciudad donde todo queda a mano caminando en pocos minutos. Pero la principal virtud de esta forma es que los bordes siempre quedan muy cerca del centro de la ciudad o, simplemente, son parte de él. Esta singularidad podría expresarse de otra manera: gran parte de la ciudad está situada en sus bordes o cerca de ellos.
En consecuencia, no puede entenderse Jaca sin la íntima relación con sus cornisas orográficas, no solo porque ellas condicionan decisivamente la forma de la ciudad, sino porque, una vez el desarrollo urbano ha llegado a las cornisas, los bordes de la ciudad han quedado definidos para siempre y han sido conformados mediante sendos paseos urbanos perimetrales que alcanzan ya una longitud conjunta de unos 4,5 Km. A nadie se le escapa la extraordinaria singularidad de estos paseos de borde que, sin dejar de estar en el centro de la ciudad, gozan de unas vistas maravillosas y lindan con un entorno rural tan bien preservado, lo que constituye una excelente solución de borde urbano como charnela entre el campo y la ciudad.
La primera cornisa orográfica que formó parte del borde urbano es la que limita el centro histórico por el sur/oeste, la Avenida de Oroel; pero la más espectacular es la existente entre la Ciudadela y la vega el río Aragón, el Paseo de la Cantera (de “canto” o borde), ambas conformados por sendos paseos de casi un kilómetro de longitud. Por su parte, el Llano de la Victoria, en el oeste de la meseta, tiene ya configurados —con desigual fortuna— otros 2,5 Km de paseos de borde frente las dos vegas fluviales.
Puntos delicados
Pues bien, esta magnífica y coherente implantación urbana en el territorio corre el peligro de quedar seriamente desfigurada y degradada por la construcción de la Variante Norte, ya que esta sigue un trazado que atraviesa los puntos más delicados del norte de la ciudad. Hacia el oeste, quiebra la relación de Jaca con la montaña y La Solana, e invade y corta la continuidad de la magnífica vega del Aragón, joya paisajística muy bien conservada y en pleno uso agrario, una zona rural declarada de especial protección. Junto con el Paseo de la Cantera, constituye una de las señas de identidad de la ciudad. Grandes terraplenes, auténticas murallas de hasta once metros de altura, invaden y segmentan la vega.
Hacia el este, penetra en una zona consolidada de suelo urbano “como un elefante en una cacharrería” para construir la autovía de cuatro a seis carriles sobre la actual N-330, lo que conlleva la total destrucción de las múltiples infraestructuras de todo tipo existentes (puentes, carreteras, calles, canales, instalaciones urbanas, etc.), la reconstrucción provisional de todas ellas y la final demolición de aquellas provisionales que no puedan compaginarse con la nueva autovía. Lo primero con que se topará la Variante Norte en este tramo es la recién estrenada vía férrea Jaca-Canfranc, que volverá a quedar inoperativa mucho tiempo, para sustituir el actual viaducto ferroviario de diez metros de luz por otro de 62 metros (la autovía en este tramo tendrá seis carriles). Y todo ello sin olvidar la demolición de 20 viviendas de primera residencia y otras siete construcciones de todo tipo.
Entre los tramos anteriores, se construye un gran nudo central para enlazar con la carretera de Somport (N-330). El enrevesado diseño de este nudo (un auténtico “scalextric” en tres niveles) se debe a que no tiene espacio suficiente entre el río Aragón y el ferrocarril de Canfranc, obligando a una solución torpe y muy forzada en la que ha sido preciso suprimir dos de los ocho movimientos esperables en este enlace (Jaca-Pamplona y viceversa). Esta falta de espacio ya fue constatada en 2007 al redactar el primer Proyecto de la variante, pero el Ministerio (entonces, de Fomento) ni reconoció el error del trazado elegido ni procedió a buscar otro.
Aparte de las ya citadas destrucciones del entorno y el paisaje, la contaminación lumínica y sonora de la autovía afectará directamente a toda la cornisa norte de Jaca, en particular al tejido residencial colindante, donde se ubican cientos de viviendas, ¿quién pagará su insonorización? ¿Se indemnizará su pérdida de valor inmobiliario que ya se está empezando a notar?
¿Cuánto durarán las obras de la Variante Norte? La referencia más cercana que tenemos es la Variante de Sabiñánigo (8,60 Km), cuya ejecución dura ya casi 80 meses y lleva un ritmo medio de facturación mensual de 1,35 millones de euros al mes. El coste para la Administración de la Variante Norte de Jaca (8,06 Km) —actualizado en marzo de 2024— alcanza casi los 160 millones de euros, incluyendo expropiaciones, vigilancia ambiental y 2% cultural. Pero no se ha contemplado el coste de la obligación legal de realojar previamente a las familias afectadas; a ello habrá que sumar, además, las futuras actualizaciones automáticas de precios y las modificaciones del proyecto durante las obras: al final, se superarán, muy de largo, los 200 millones.
Si contar con estos incrementos, el coste unitario resulta un 56% superior al de la variante de Sabiñánigo (con una longitud similar), lo que significa que la de Jaca será una obra bastante más compleja y, previsiblemente, se alargará más aún por las numerosas sorpresas que suelen aflorar en terrenos con tantas preexistencias. Por todo ello, suponiendo el mismo ritmo que en Sabiñánigo, la obra de Jaca no durará menos de diez años. Y, a este respecto, hay que tener en cuenta que el Ministerio no espera que las obras comiencen con ritmo antes de 2029, a la vista de las disponibilidades de crédito que recoge el Pliego de Cláusulas Administrativas de la licitación de la obra (página 4). Por todo esto, será muy difícil que esta Variante se pueda inaugurar antes de 2040.
Así las cosas, a nadie le sorprenderán los desvíos provisionales que serán la consecuencia directa que durante más tiempo sufrirán los usuarios de la N-330. Además de los ciudadanos de Jaca, serán rehenes de los desvíos y embotellamientos los vecinos y visitantes del valle alto del Aragón, desde Castiello a Astún, pues ellos no tienen otra vía de acceso que la N-330 sobre la que se concentrarán durante tantos años las obras de la autovía. Todo ello consecuencia de un Proyecto ya viejo (2015) y un trazado obsoleto (2001).
Salvar Jaca: una advertencia obligada ante un desastre anunciado
El resultado final es deficiente desde el punto de vista como autovía de paso (velocidad limitada, por peligrosidad, entre 80 y 100 Km/h en más de la mitad del trazado, y un nudo central con funcionalidad incompleta). La Variante Norte tampoco aporta mejora alguna a la movilidad de la ciudad ni a los itinerarios actuales de origen o destino Jaca: seguirán igual y el nudo central sobrecargará la Avenida de Francia.
Desde el punto de vista meramente patrimonial y económico, la citada destrucción de infraestructuras, viviendas y demás construcciones, así como la disminución del valor inmobiliario de las viviendas afectadas, es una pérdida neta de capital fijo para Jaca y también para España, habida cuenta de que esta pérdida se hace a costa del erario estatal. Es un contrasentido inaceptable que el dinero público se utilice para empobrecer el país.
Las lesivas consecuencias y las heridas que esta Variante dejarán en la ciudad serán permanentes. La casuística negativa de la Variante Norte no acaba aquí, es mucho más amplia y prolija —los detalles ahondan la preocupación— y daría para un escrito específico sobre ello. En definitiva, la Variante Norte no libera a Jaca del tráfico de paso, sino que lo traslada a la parte norte de su trama urbana, pero sigue atravesando una parte de la ciudad.
Estamos, por tanto, en la antesala de un gran fracaso colectivo porque, después de más de diez años de obras y más de 200 millones gastados, tendremos una mala variante, una ciudad herida y degradada y una ciudadanía frustrada que, entonces, se sentirá engañada. Ante este panorama desolador, muchos vecinos de Jaca se preguntan, plenos de razón ¿es que no hay otro sitio por donde trazar la Variante? Porque si es mala solución como variante de paso y es tan lesiva para la ciudad, ¿acaso no deberíamos buscar una solución alternativa? La cuestión así expresada ofrece una nueva perspectiva en la que aparece, luminosa, la alternativa de una variante por el sur, más corta, funcional y ventajosa, y que no presenta ninguno de los inconvenientes citados de la Variante Norte, sin edificios ni infraestructuras a demoler, una obra a realizar sin molestar a la ciudad, una solución sur sorprendentemente no contemplada en el Estudio Informativo de 2001 que, muy deficiente en este punto, adulteró las opciones posibles e impidió dicha alternativa al sustraerla de la información pública.
En base a todo lo aquí expuesto, cabe afirmar que un trazado por el sur resolvería eficazmente todos los requerimientos de la autovía de paso y sin ninguno de los graves inconvenientes de la Variante Norte. Y, si además se quiere ahorrar tiempo y dinero, la solución al problema de la variante pasa por el sur.
En manos del Ayuntamiento de Jaca y del Ministerio de Transportes está abrir un plazo de reflexión ahora como no se hizo antaño, tramitando un 'Estudio de nuevo trazado' específico como ya se hizo con la Variante de Sabiñánigo en dos ocasiones para modificar el trazado aprobado (en 2005 y 2010). Aún estamos a tiempo. Jaca, capital milenaria, joya urbana, ciudad singular donde las haya, bien merece el esfuerzo.
* Ángel García de Jalón Lastra es arquitecto
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