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“Vox no sigue el patrón de los partidos de extrema derecha europeos”

Fidel Oliván en la presentación del libro "El toro por los cuernos: VOX, la extrema derecha europea y el voto obrero"

"El toro por los cuernos: VOX, la extrema derecha europea y el voto obrero" (Editorial Tecnos, 2021) es el título del libro en el que cuatro jóvenes investigadores estudian el fenómeno de Vox. Mediante un análisis electoral y geográfico, Fidel Oliván (Zaragoza, 1993), Arturo Regla Escartín, Tarek Jaziri y Lionel Delgado concluyen que Vox no es un espejo de otros partidos de extrema derecha europeos.

¿Qué diferencias han encontrado entre la extrema derecha europea y Vox?

Existen bastantes, aunque también existen similitudes. Las diferencias más importantes son la ideológica y la electoral. En primer lugar, la diferencia ideológica es que Vox, como bien sabemos, no tiene unas propuestas económicas “progresistas”, como sí ocurre en la extrema derecha europea, que sí defiende un estado de bienestar, con apelaciones a los obreros de vez en cuando. Vox, al contrario, tiene unos lastres neoliberales muy importantes; de hecho, su programa económico es 100% neoliberal, va hacia la reducción del estado de bienestar. Por otro lado, estaría la diferencia electoral: los partidos políticos tienen su discurso, su programa, con lo que activan o desactivan al electorado. Esto se traduce en que, en Europa, en la extrema derecha europea, el electorado se ha proletarizado estos diez o quince últimos años. Es decir, hay cada vez más obreros cualificados y no cualificados, trabajadores normales de toda la vida, que les votan. Evidentemente, aquí, en España, una de las grandes preguntas era quién votaba a la extrema derecha y ese voto proletario a Vox no se da en la misma medida, pese a que haya un porcentaje de trabajadores que sí les vote. En definitiva, no hay una sobrerrepresentación obrera en el electorado de Vox.

¿Esa sobrerrepresentación obrera, por tanto, sí existe en los partidos de extrema derecha europeos?

Sí, ideológicamente hay un patrón, un modelo que responde a la gran mayoría de los partidos de extrema derecha de Europa. Ese modelo es conocido como la nueva fórmula ganadora: combina el progresismo económico con un conservadurismo cultural, una posición contraria al multiculturalismo. Está muy documentada esa base obrera de los partidos de extrema derecha europeos. De hecho, una de las grandes preguntar de la ciencia política del siglo XXI es por qué los obreros votan extrema derecha en Europa.

¿Cuál es la respuesta a esa pregunta?

Hay varias teorías; algunas se aplican mejor y otras peor en cada país. Hay teorías más culturalistas que apuntan a que los trabajadores tienen una aversión al multiculturalismo porque se supone que los trabajadores tienen una perspectiva autoritaria de ese multiculturalismo. Otras teorías serían las relacionadas con la idea del inmigrante que viene a quitar el trabajo al local, la competición laboral; aunque en España esta teoría no tiene mucho poder de explicación, por el tipo de mercado laboral que tenemos aquí, que no es competitivo como sí lo es el anglosajón. Hay otro tipo de teorías que van a analizar más el sistema de partidos, como ley de oferta y demanda. Esa es la teoría que defiendo, aunque también es cierto que el programa económico apela a los trabajadores, en parte. La otra parte es el pegamento del electorado de extrema derecha, que es el rechazo a la inmigración, el apego al nacionalismo... 

¿Esas diferencias entre Vox y otros partidos de la extrema derecha europea llevan a pensar que el futuro del fenómeno en España no tendrá tanto recorrido como en otros países?

Claro, la cuestión de fondo es que esto es un viraje ideológico, no es algo que tenemos aquí desde siempre. La base electoral de otros nacionalismos históricos, como el italiano y el alemán, es completamente diferente: eran los pequeños propietarios, la mediana burguesía, los funcionarios o retirados militares. Esto ha seguido siendo así hasta hace relativamente poco, que es cuando se dio esta proletarización de la extrema derecha; es algo que no había ocurrido antes. Los datos demuestran que ha habido un viraje ideológico hacia el nativismo del bienestar o el estado del bienestar nativista, para los nativos, que es la ideología de la extrema hoy en día en Europa. Como es un camino que han andado muchos partidos europeos -no todos-, al final del libro nos preguntamos si en España también podría llegar a ocurrir.

¿Y podría ocurrir?

Hay bastantes pistas que van en sentido contrario. Por un lado, los lastres ideológicos; en España ninguna derecha ha defendido el estado del bienestar, como sí ocurre con los democristianos de otros países. Por otro lado, la mochila neoliberal de muchos de los ideólogos de Vox. Otros lastres serían los cargos nobiliarios de muchos de sus diputados; cuesta que apelen tan rápidamente, unos años después, al obrerismo, como sí ocurre con Marine Le Pen o Viktor Orban. De todas formas, me gusta analizar los hechos; no tanto lo que dice la gente. Y los hechos son que Vox montó su sindicato en septiembre, en el barrio más acaudalado de Madrid, sin ningún representante de ninguna central sindical de Comisiones Obreras ni de UGT. Y, cinco o seis meses después, ni siquiera tienen una web. Es decir, se nota que saben cuál es el guion, pero tienen muchos lastres y tampoco quieren tomar ese camino, seguramente, porque tampoco tienen capacidad de cambiar ideológicamente tan rápido.

¿Sería entonces, difícil, que Vox llegue a tener en España el éxito de la extrema derecha en Francia?

Sí, por supuesto. Comparando contextos, en Francia el partido Frente Nacional ha marcado el viraje ideológico del resto de la extrema derecha; han sido el faro. Llevan cambiando e innovando cuarenta años. Vox aparece levemente en 2014; en el viraje ideológico hace falta que pasen varios años para que la ideología pueda llegar a cambiar. Esto, si es que cambia, a veces lo hacen incluso en sentido contrario, como ha pasado con el partido de los Verdaderos Finlandeses y con el Bloque Flamenco de Bélgica. De todas formas, es complicado aventurarse. 

¿Por qué pensáis que la mayoría de los analistas sí han considerado a Vox el reflejo español de otros partidos de extrema derecha del entorno?

Muchas veces el conocimiento se construye con reposo, que es lo que no ha habido estos meses políticamente. Durante el periodo en torno a las últimas elecciones, había una necesidad enorme de sacar artículos, información, sobre todo por parte de medios y de comentaristas televisivos.... Incluso sin contrastarla. Hacía falta reposo, pensar, acudir a los datos y no sólo echarse las manos a la cabeza. Eso es lo que vi y lo que me movió a hacer este libro: que había muchos comentarios diciendo que venía el fascismo, que se iban a repetir en España las mismas pautas que en el Alemania... Entonces, había que pararse a pensar si realmente estaba ocurriendo eso o si había diferencias. Había estadísticas, pero no se habían conectado con la teoría ni se habían contextualizado con qué es la extrema derecha europea. Otra cosa que explico en el libro es que no hay una única extrema derecha. Hay un modelo, efectivamente, de los partidos más conocidos; pero, por otro lado, hay partidos ultraconservadores, que es donde sí incluyo a Vox, y que no se pueden enmarcar dentro de la nueva extrema derecha europea. Entre esos partidos ultraconservadores, estaría también el LAOS griego, que ahora está casi extinto; el N-VA belga o el Partido Popular Suizo, que no tienen las mismas dinámicas y que, por tanto, no tienen por qué tener los mismos patrones de éxito e implantación.

En todo caso, ¿os preocupa que la precariedad, incluso la inseguridad provocada por la pandemia sea un caldo de cultivo idóneo para Vox?

Claro, por supuesto, en las situaciones de crisis suele darse un giro autoritario de una gran parte de la población. El historiador Eric Hobsbawm decía que el fascismo es el estado de ánimo de la pequeña burguesía, de los pequeños propietarios. El autoritarismo, incluso el nazismo, nacen en la crisis. La situación es diferente en el caso de la extrema derecha europea, que nace y se desarrolla electoralmente en la paz. Muy pocos partidos de la extrema derecha europea han nacido con la crisis. Además, podían haberla capitalizado mucho mejor, pero no lo han hecho. Con esta nueva crisis pandémica, una vez más, podían haber tenido ramalazos como organizar bancos de alimentos para españoles, crear una especie de tejido social alrededor de Vox para cuidar a su gente, con asesorías jurídicas… sin embargo, sólo se han dedicado a hacer, como han podido, movilizaciones puntuales contra el gobierno. Ahí se ve una debilidad bastante grande. Vox no quiere tener un sindicato ni tejido social. Prefieren ser un cascarón, un partido más vacío. Hay una falta de voluntad política en convertirse en un partido “de masas”, que es lo que reamente me parece peligroso para la derecha. El Frente Nacional sí tiene sedes sociales, proyectos, tejido social... A Vox no le interesa para nada.

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