El estigma de los Trastornos de Conducta Alimentaria: “Hay que dejar de hablar de niños y niñas caprichosos por no querer comer”

Las consultas relacionadas con algún TCA han aumentado un 32% desde el inicio de la pandemia

Una dieta, el perfil de una influencer, el bullying o incluso factores biológicos, entre otros muchos, se encuentran ocultos tras los Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA). En el caso de Marta Tena, tras un episodio de estrés asociado al cambio de ciudad por la universidad, llegó a perder 20 kilos y, a sus 21 años, fue diagnosticada de anorexia. “Había cambiado mi forma de ser, muchas cosas de mi forma de ser, pero no sabía que me pasaba. Obviamente va mucho más allá de la comida. Cuesta detectarlo porque suele ser algo nuevo, algo que ni la familia ni el paciente conocen, pero lo costoso es el tratamiento porque tienes tanto miedo que al final es más fácil estar allí que luchar contra tus miedos y salir” confiesa. Marta no es un caso único, aunque no hay cifras exactas, se estima que en Aragón estos desórdenes alimenticios afectan a casi 7.000 personas. 

Tras más de cuatro años, Tena ya es una paciente recuperada que ayuda a otras personas mediante su libro '¿Y tú quién eres?' y a través de la asociación Cómete tus miedos formada por profesionales especializados en los TCA, para inspirar, concienciar y colaborar. Además, recientemente han inaugurado Renace TCA y Salud Mental, una clínica de profesionales altamente formados en este ámbito. "Los TCA involucran tanto lo físico como lo mental y hay que seguir un tratamiento con muchos profesionales, por eso tenemos psiquiatra, psicólogos y nutricionistas. Hacemos consultas individuales, grupales y con padres, pero si hay que ingresar, los derivamos" explica Marta.

Consuelo Alcalá y Mar Causape son dos madres que se conocieron en los grupos de apoyo de la Asociación TCA Aragón, donde los pacientes y los padres piden guías para comenzar el procedimiento y también para ser escuchados. Su unión se debe a sus hijas, diagnosticadas con anorexia y bulimia, dos de las enfermedades más comunes de alteración de la conducta alimentaria. “Es la enfermedad de la vergüenza, yo realmente no dije que mi hija estaba enferma hasta el primer ingreso. Sientes que has fallado y mucha culpa por haber estado tanto tiempo viviendo con la enfermedad sin darte cuenta” confiesa Consuelo. 

Aunque insisten en la dureza de ver a sus hijas padecer un TCA, reivindican la figura de los padres, sobre todo madres, que están más presentes en el proceso de recuperación. “Noté que no tenía la regla o tenía sobrepeso siendo que no comía, pero resulta que se daba atracones y no me había enterado. Es una lucha constante, cada día es una victoria, no te puedes poner una meta de en tres meses se cura o una pastilla y ya está. Ahora que mi hija se ha independizado, para mi el miedo sigue estando, no te lo puedes quitar” cuenta Causape. “Yo llevaba cuatro años encerrada en casa con mi hija cuidándola, vivimos en una montaña rusa, de pronto estamos genial como de pronto estamos bajando, hemos llegado a estar meses sin hablarnos. Aún sigue luchando contra la enfermedad en una clínica en Barcelona”, añade Alcalá. 

El 90% de las personas que padecen TCA son mujeres 

Sólo en España, unas 400.000 personas padecen problemas de salud mental relacionados con la alimentación y el 90% de ellas son mujeres, según la Confederación Salud Mental España. Además, existe un factor genético por el cual las mujeres están más predispuestas a padecer uno, tal y como refleja un estudio de la Universidad de Ginebra publicado en la 'Revista Internacional de Trastornos de la Alimentación' que ha descubierto similitudes entre las bases genéticas de varias dolencias. 

Sin embargo, en los últimos años han aumentado los casos en hombres y en personas de más edad. La Prevalencia se encuentra entre los 12 y los 36 años según el artículo “Anorexia y familia” de la Agencia Catalana de Consumo (ACC). En el caso de los hombres, tienden a realzar comportamientos obsesivos por el ejercicio con el abuso de sustancias, los TCA más conocidos son la vigorexia o la anorexia. A este hecho se suma la falta de conciencia o el miedo y la vergüenza al ser trastornos asociados a mujeres: “Si en el género femenino están mal vistos, en el masculino aún más, ellos consideran que rompen su dureza” considera Alcalá. 

Los likes alimentan el TCA

El culto al cuerpo o la imagen perfecta puede provocar nuevas patologías relacionadas con la búsqueda de un ideal de perfección. Un estudio de la Universidad de Aston (Birmingham) afirma que los usuarios de las redes sociales modifican su dieta en relación con lo que comen los perfiles a los que siguen. Con prevalencia de estas enfermedades en la adolescencia, redes como Instagram que se basa en la imagen y los filtros, o Tik Tok, donde se pueden encontrar retos como #A4Paperchallenge sobre la delgadez extrema o hashtags que ofrecen trucos para adelgazar más rápido o disimular un TCA, pueden crear una situación vulnerable.

“Dan mucha presión, tienes que ser perfecta, aunque ahora menos que antes, pero hay muchas redes sociales, influencers que muestran que la vida es maravillosa, eso a nivel personal un poco tóxico porque sientes que los demás son maravillosos y que tú tienes una vida de mierda” realza Marta Tena. 

Trabas: el estigma y la falta de recursos

La base del desconocimiento es el miedo, tal como apunta Tena. El estigma puede provocar aislamiento social: “Es un tabú, los amigos dejan de llamar cuando no quedas para tomar algo o cenar, hay muy pocos que lo entienden, pero incluso para la familia, está muy mal visto algo por la sociedad, tampoco te comprende. Si tiene anorexia, chica pues que coma, si está rellenita, a esta chica no le pasa nada, con lo lustrosa y maja que está” añade Causape. 

Además, la Covid-19 suma casos tras el aislamiento y las secuelas psicológicas. En TCA Aragón han experimentado un aumento de consultas por llamadas de un 32%. “Ha llamado mucha más gente, muchos de ellos gente adulta que lleva muchos años con esta enfermedad. En la pandemia su pareja o padres lo han descubierto por la convivencia durante 24h sin salir y al tener tanto estrés y ansiedad, la gente se ha volcado en la comida y ha derivado en un trastorno” afirman desde la asociación.

Esto ha puesto en relieve una situación existente antes de la pandemia, el colapso de las unidades públicas especializadas del Hospital Lozano Blesa para menores y el Hospital Provincial para adultos. Cada uno de ellos sólo dispone de dos camas por centro, aumentando considerablemente las listas de espera. “A lo mejor no todos los pacientes requieren un ingreso, pero si antes de la pandemia ya eran unas 6.000 personas, ahora son más. El problema que tenemos a veces es que solo te ingresan cuando tienes un IMC muy por debajo de la media y enfermedades como la bulimia o el trastorno por atracón, no se ingresan porque lo que pauta el ingreso es el bajo peso. Y a eso le añadimos que hay un psicólogo en cada unidad que lleva todo y no podemos permitir que nuestros hijos vayan una vez cada tres meses” reclaman desde TCA Aragón. 

La falta de unidades en la seguridad social deriva en consultas privadas que no todos se pueden permitir y, en algunas ocasiones, necesitan pedir préstamos para poder pagarlo. El estigma hacia este tipo de enfermedades y la falta de recursos hacen que las asociaciones especializadas en TCA sigan reclamando más profesionales especializados en el ámbito de la seguridad social y la normalización a la hora de hablar de estos temas. “Hay que dejar de hablar de niños y niñas caprichosos por no querer comer y entender que tienen un trastorno mental que necesita de un equipo multidisciplinar a la altura” concluye Alcalá. 

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