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Nuevos escenarios tras el 2D en Andalucía y en el conjunto de España

Los sorprendentes resultados de las elecciones andaluzas sacuden de nuevo el mapa político y aumentan los interrogantes, las incertidumbres y las dudas

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Susana Díaz, sin citar a Sánchez dice que arrimarán el hombro y estarán a disposición de lo que el PSOE necesite

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Con el estrepitoso batacazo del PSOE de Susana Díaz y la potente emersión del partido de extrema derecha Vox, ambos hechos imprevistos, la política española encadena casi cinco años seguidos de terremotos siderales. El primero fue en mayo de 2014, con la pujante aparición de Podemos en las elecciones europeas. El penúltimo, la llegada de Pedro Sánchez al poder y la caída de Mariano Rajoy mediante una moción de censura. La política ya no es ni sólida ni líquida. Tiende a gaseosa.

El miércoles pasado, un alto cargo del Gobierno socialista reconocía en privado que el PSOE podía experimentar un cierto retroceso en las urnas andaluzas y que Vox podía llegar a los 5 escaños. El domingo 2, a primera hora, la misma persona ya se temía una caída mayor de sus correligionarios andaluces y que la formación de extrema derecha liderada por Santiago Abascal podía alcanza los 7 u 8 escaños. Todos sus pronósticos y previsiones se quedaron cortos.

Los estudios postelectorales determinarán en unas semanas qué ha pasado exactamente en cada mesa y en cada barrio, en cada ciudad y en cada provincia, pero las primeras indagaciones ya apuntan que una parte de la abstención del domingo fue una abstención militante contra el PSOE susanista y que bastantes de los 400.000 votos perdidos por los socialistas desde las elecciones anteriores se han debido al fuerte rechazo que la todavía presidenta de la Junta de Andalucía provoca en una parte de los electores de izquierdas desde hace años y que se incrementó al desatar ella un golpe de Estado interno en el PSOE contra Pedro Sánchez.

En las primarias socialistas de 2017 y especialmente en las elecciones andaluzas de este domingo, una parte de ese electorado de izquierdas ha visto a Díaz como el último resto de la vieja política, y ha huido de ella a toda prisa. Sorprende que la propia afectada, de tan fino olfato político, no sea aún consciente de que su tiempo ya ha pasado, y sorprende aún más que no sólo no dimita en la misma noche de la hecatombe electoral sino que incluso se ofrezca ella como salvadora de la democracia y pida que le mantengan en el cargo los partidos "constitucionalistas" rivales con el argumento de que así Vox no tendrá la llave del Palacio de San Telmo, sede del Gobierno andaluz.

La composición final del Parlamento de Andalucía tras el 2D augura que los partidos trabajarán sobre diferentes escenarios en los próximos días.

Uno es el planteado por Díaz. Que gobierne el partido más votado, el PSOE, apoyado desde fuera por su izquierda (Adelante Andalucía) y por su derecha (Ciudadanos) para que así Vox no tenga en su mano la llave del Gobierno. Es altamente improbable que salga, y menos aún si es Susana Díaz la candidata.

Otro escenario, el que apuntó en la noche electoral Juan Marín, el líder regional de Ciudadanos, es un Gobierno encabezado por su formación y por él mismo y apoyado en su derecha (PP) y en su izquierda (PSOE). Poco probable. Ni la segunda ni la primera fuerza parlamentaria parecen dispuestos a regalarle el poder a la tercera formación.

Otro escenario más es que las negociaciones en la derecha y la extrema derecha se enreden, no haya acuerdo de investidura para ningún candidato y Andalucía vuelva a las urnas en unos meses. Es poco probable. Los tres actores (PP, Ciudadanos y Vox) han dicho a sus bases y a la opinión pública, ya con el recuento acabado y con la composición del Parlamento conocida, que quieren un cambio, que es tanto como decir que van a aprovechar la ocasión de desalojar a los socialistas de una institución en la que llevan 36 años.

Un escenario más, y el más probable, es que el PP llegue a sendos acuerdos por separado con Ciudadanos y con Vox, y no necesariamente coincidentes, para convertir a Juan Manuel Moreno Bonilla en presidente andaluz, que gobernaría probablemente en solitario y se apoyaría en el Parlamento unas veces en su izquierda (Ciudadanos) y otras en su derecha (Vox). Un pacto hecho así contentará a los tres. El PP gobernará Andalucía, la comunidad autónoma más poblada. No es botín pequeño para el novato Pablo Casado, para el que pactar con Vox no es ningún desdoro. Ciudadanos hará, como en su día con Rajoy a nivel estatal, unas veces de apoyo al Gobierno y otras de oposición, y así hará que pone distancia con Vox y con algunas de las medidas que éste haya pactado con el Partido Popular. Vox demostrará a sus votantes, pasados y futuros, que el suyo es un voto útil, pues habría servido para desalojar a los socialistas y para reconducir al PP a la fe de derechas.

Sea cual fuere el escenario final que se imponga en Andalucía, el resultado de las elecciones del pasado domingo augura también una nueva sacudida al mapa político nacional tanto en las urnas europeas, autonómicas y locales previstas para el 26 de mayo próximo como en las generales, se celebren cuando se celebren. ¿Aguantará mejor el PSOE sanchista que lo que lo ha hecho el PSOE susanista? Si Vox ha logrado casi el 11% de los votos en Andalucía, ¿logrará resultados similares en la Comunidad de Madrid o en la Comunidad Valenciana en mayo próximo, y será también llave de gobierno? Si PP y Ciudadanos pactan en el sur con el partido de extrema derecha que es Vox, ¿lo pagarán en el resto de los puntos cardinales en los siguientes comicios?
La política ya no es ni sólida ni líquida. Tan gaseosa que se ha vaciado de certezas y se ha llenado de interrogantes, incertidumbre y dudas.

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