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El nuevo PIR y el Pacto de Salud mental no ponen remedio a la escasez de psicólogos en la sanidad pública de Asturias

Oleaje en la costa asturiana

Bárbara Bécares

Oviedo —

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Casi 1.900 personas en Asturias se presentaron a comienzos de este 2026 a los exámenes del PIR, la especialidad sanitaria para ejercer como psicólogos y psicólogas en la sanidad pública. Y las plazas abiertas en el Principado fueron 6. En toda España se convocaron 280 plazas para recibir a nuevos psicólogos en el sistema sanitario de la Seguridad Social.

Una especialidad donde la gran mayoría de profesionales son mujeres (en 2025, el 81% de las personas que opositaron en toda España eran mujeres, de acuerdo con datos del Ministerio de Sanidad) y que, ahora con los resultados en la mano desde hace unos dçoas, se ha consolidado en 2026 como la rama de acceso más difícil de la FSE o Formación Sanitaria Especializada.

En conclusión, esta es la rama formativa que más difícil se lo pone a las aspirantes. Mientras que Asturias es conocida por ser la Comunidad Autónoma donde más antidepresivos se consumen, se mantiene la escasez de personal para ofrecer apoyo psicológico.

“Pedí asistencia psicológica por la seguridad social en diciembre y, por ahora solo he recibido una sesión y estoy a la espera de saber cuándo será la siguiente” comenta Alicia B. que explica que ella siempre ha contado con apoyo privado para la gestión de su ansiedad, pero ahora su situación económica no le permite pagar por estos servicios que le costaban 60 euros por cada sesión de 50 minutos.

Al mismo tiempo, Covadonga S. es psicóloga en la sanidad pública asturiana y reconoce que cada día tiene que atender a una media de 12 pacientes, lo que complica que el servicio sea realmente bueno. Ella recuerda que “hay que tener en cuenta que necesito revisarlos desde el punto de vista terapéutico y para eso necesitamos tiempo, y necesitamos un seguimiento que a veces es muy complicado. Es agotador para el profesional, pero también afecta a la calidad del tratamiento”, explica.

Profesionales cualificados que quedan fuera del sistema público

Ángel Morán, Psicólogo General Sanitario, que ejerce “la psicoterapia por la otra vía legalmente reconocida” como un servicio privado explica respecto al PIR, “que el principal problema no es la supuesta ”dificultad del estudio“, sino el cuello de botella que genera el número de plazas”. Miles de personas se presentan a un examen para unas plazas que rondan las 200 cada año en toda España, “un ratio muy alejado del de otras especialidades sanitarias como el MIR o el EIR”, recuerda Morán. 

“Esto deja fuera a miles de profesionales perfectamente capacitados y, al mismo tiempo, limita la capacidad del sistema público para incorporar los suficientes psicólogos clínicos”, concluye el profesional. En la práctica, esto se traduce a que el resultado es paradójico: “existe una demanda social creciente de atención psicológica, pero el acceso a la especialización pública sigue siendo extraordinariamente restrictivo, lo que obliga a muchos profesionales a desarrollarse en el ámbito privado o concertado para poder ejercer”.

Cleide Cañadas es también psicóloga asturiana y, en su caso, sí se preparó para este examen: “Tras volver de una etapa profesional en el extranjero decidí intentar la vía del PIR, pero la descarté antes de cumplir un año de preparación. La cantidad de materia me resultó inasumible para un solo año de estudio, algo bastante habitual: la mayoría de quienes finalmente obtienen plaza lo consiguen después de presentarse tres o cuatro veces. Es decir, 4 años de preparación”. Esto supone que, de media se necesitan más años que en la preparación MIR. “Es la especialidad sanitaria con el ratio de acceso más exigente”, explica Cañadas.

Ángel Morán, psicólogo sanitario

Psicólogos y psicólogas con poca capacidad de acción

Estefanía del Barrio-Herguedas, creadora de la clínica Psicología en Armonía con sede en Oviedo, explica que hace un tiempo, antes del plan estudiantil de Bolonia, con la licenciatura de psicología ya podías ejercer como psicólogo clínico. Tras el plan de Bolonia, un psicólogo acaba lo que ahora es un grado pero no puede ejercer como clínico: “Puedes hacer ciertas cosas como un taller, por ejemplo, pero no pasar consulta” ni realizar una oposición para un centro educativo.

Tras el grado, hay que hacer una especialización para ejercer. Está el master de Psicología general sanitaria aunque lo común es que haya pocas plazas en las universidades públicas, mientras que muchas universidades privadas lo ofrecen. Pero la profesional explica que “los precios son altísimos y hay universidades donde vale incluso 20.000 euros. Permite pasar consulta aunque no hacer diagnóstico. Solo tener el PIR permite hacer un diagnóstico. Sin la especialidad, un profesional puede hacerse una aproximación diagnóstica o prediagnóstico”.

Recibir apoyo psicológico se traduce en un lujo

Francisco Javier Barrio Álvarez, terapeuta ocupacional, explica cómo por su profesión está en contacto constante con personas que han pasado por los servicios de salud mental del Sistema Nacional de Salud en Asturias y lo que ha observado es “una sensación generalizada es de frustración. No tanto por los profesionales —que suelen hacer un trabajo competente con los medios que tienen— sino por la estructura del propio sistema: agendas saturadas, tiempos de consulta muy breves y, sobre todo, intervalos entre sesiones completamente incompatibles con lo que sabemos sobre eficacia terapéutica”.

Y es que, como añade Ángel Morán, hay casos de personas que tienen que esperar incluso hasta seis u ocho meses para obtener cita en ciertos dispositivos dentro de los servicios de salud mental. Por eso, en su experiencia ha visto cómo “muchas personas acaban buscando ayuda privada haciendo un esfuerzo económico enorme, y otras, directamente, abandonan”.

A esto añade que se sabe “que una parte muy relevante de la eficacia de los tratamientos psicológicos depende de la alianza terapéutica y de la continuidad del proceso. Si el sistema no permite encuentros regulares y estables, estamos ofreciendo algo que se parece más a una orientación puntual que a psicoterapia”.

Cleide Cañadas comparte el caso de una paciente recordando que no es algo aislado:“Una mujer me comentaba recientemente que le habían cambiado tres veces de profesional y que tenía sesiones cada tres meses, teniendo que volver a contar su historia desde el principio en cada ocasión. Con esa frecuencia y esa falta de estabilidad es imposible aplicar intervenciones psicológicas con evidencia científica”.

De este modo, en la práctica, el sistema termina funcionando como un dispositivo de contención o de “apagar fuegos”.

Carmen Millán Álvarez y Carlos Jiménez García

Complicaciones en casos de trastornos específicos

Carmen Millán Álvarez y Carlos Jiménez García, ambos psicólogos expertos en neurodivergencias en Asturias recuerdan que, dentro de las personas hay trastornos muy específicos, como es el TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad) del que cada vez se van conociendo más casos, según se va conociendo sobre este asunto.

Ambos han vivido la frustración de sus pacientes que cuentan haber recibido comentarios en el sistema sanitario público como que “no puedes ser autista porque eres funcional y tienes trabajo”. Y tanto Carmen como Carlos recuerdan que ,“además de la invalidación que supone ir a un centro público y que te digan estos comentarios, también se refleja una falta de formación. El concepto de neurodivergencia queda muy alejado de la mirada clínica que se tiene aún por parte de muchos psicólogos/as de la sanidad pública. Con esto no quiero hacer crítica a los profesionales, pero sí a los recursos con los que se encuentran y la poca formación actualizada que reciben”.

Carmen Millán Álvarez añade que, lo que ve con muchos de sus pacientes es que “en su mochila de experiencias llevan las cargas de comentarios que han puesto en tela de juicio su manera de procesar y experiencias traumáticas que no han sabido ver más allá de expresiones como: ‘qué sensible eres’ o ‘no es para tanto’” y ella considera crucial que se conozca verdaderamente qué es la neurodivergencia y trabajar desde un poco más neuroafirmativo.

Cleide Cañadas y su equipo de psicólogas clínicas

Nuevo Pacto por la Salud Mental

En agosto de 2025 tuvo lugar el acto de firma del Pacto por la Salud Mental que fue rubricado en aquel momento por más de 50 alcaldes y alcaldesas de los ayuntamientos asturianos. Y este plan tendrá que ver la luz este año, según los planes. Este pacto hace énfasis en la necesidad como sociedad de reconocer abiertamente que existen problemas comunes que afectan a nuestra salud mental y lograr acabar con los estigmas a este respecto.

Sin embargo, faltan medidas concretas para, efectivamente, lograr atajar estos problemas que afectan a la población asturiana, conocida por los altos índices de suicidio en comparación con otros lugares de España. Ángel Morán no ve que se presenten soluciones en este Pacto sino que “el documento tiene un valor simbólico y un lenguaje bienintencionado, pero carece de medidas concretas, pragmáticas y evaluables que respondan a la realidad asturiana” Y ahí recuerda algo de lo que mucho se habla y es que Asturias enfrenta retos muy específicos: envejecimiento de la población, soledad no deseada, aislamiento en zonas rurales, precariedad laboral, dificultades de acceso a la vivienda, escasez de plazas PIR, listas de espera interminables y ausencia de recursos comunitarios suficientes.

Mientras que el psicólogo ve esencial que se aborden temas concretos que den soluciones a la problemática. Como crear estrategias claras que respondan al número de profesionales que se van a incorporar para llevar a cabo el proyecto o cómo garantizar la atención psicológica ne el medio rural…El profesional reivindica que “necesitamos menos filosofía y más política sanitaria con más profesionales de acuerdo a la población, programas comunitarios estables, coordinación con atención primaria, evaluación de resultados y acceso equitativo independientemente del código postal”.

Cleida Cañadas afirma que “otras comunidades han impulsado medidas más ambiciosas, como la incorporación de psicólogos en centros educativos, una figura que en Asturias todavía no está implantada. Tampoco ha habido un aumento real de plazas PIR ni una integración real de psicólogos sanitarios en el sistema público”.

La importancia de un buen sistema preventivo

Cañadas añade que que es importante destacar que el problema no es solo de recursos, sino también de modelo. “Sin continuidad asistencial, sin prevención y sin intervenciones tempranas, el sistema seguirá llegando tarde y mal a los problemas de salud mental. La inversión en salud mental no debería verse como un gasto, sino como una medida de salud pública que reduce malestar , recursos y también costes sanitarios a largo plazo, es algo que los políticos o los responsables no son conscientes aún”.

Francisco Javier Barrio Álvarez concluye que “hay que entender también que la tendencia de creciente aumento de ansiedad en la población no puede ser aumentada por el problema de tener sesiones limitadas y es que esto puede causar una mayor probabilidad de recaída y un aumento de la tasa latente de ansiedad inherente al propio usuario”.

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