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No fue un suicidio, fue asesinato

Una mujer de 32 años se ha suicidado después de que un vídeo sexual donde aparecía se difundiera masivamente entre trabajadores de la empresa en la que trabajaba

No quiero ni pensar en cómo debe de ser que tus propios compañeros se organicen para destrozarte la vida mientras ellos se divierten

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Una mujer de 32 años se ha suicidado después de que un vídeo sexual donde aparecía se difundiera masivamente entre los trabajadores de la empresa en la que trabajaba.

El vídeo se grabó hace cinco años, ni siquiera estaba casada todavía, ni habían nacido sus dos hijas. Sin embargo, la presión y la ansiedad fue tal que la mujer decidió no sufrirlo más. El sindicato CGT denuncia que los compañeros no sólo siguieron viendo y difundiendo el vídeo, sino que aparecían en el puesto de trabajo de la mujer para verla en persona y comprobar de quién se trataba.

Si un vídeo de carácter sexual puede llevar a una persona a suicidarse de vergüenza, de miedo y de ansiedad no hace falta decir que esa persona es una mujer. No me quiero ni imaginar por lo que pasó esta chica, ni cómo debió ser la presión para que no pudiera soportarlo más. No quiero ni pensar en cómo debe de ser que tus propios compañeros de trabajo se organicen para destrozarte la vida mientras ellos se divierten. 

CCOO explica que "la mujer estaba siendo acosada por un compañero", que fue el que presuntamente difundió las imágenes entre la plantilla. De ser así, esto es otro caso de "porno de venganza", otro caso que acaba con la mujer muerta. Este tipo de prácticas vuelven a cebarse con las mujeres, porque son ellas de las que se vengan los hombres. El porno de venganza no se entiende en el sentido contrario porque lo único que consigues difundiendo un vídeo sexual de un hombre es darle más puntos a su carné de masculinidad. No tiene sentido vengarse de un hombre viralizando contenidos donde mantiene relaciones. 

Ni es la primera vez que una mujer se suicida por este motivo ni lamentablemente será la última. Y a pesar de que muchos estos días la culpen a ella por haber grabado ese vídeo, la culpa sólo recae en quienes usaron, vieron y difundieron las imágenes, y por supuesto sobre estos que tienen la osadía de culparla a ella. Sin ser vidente ya sé que la inmensa mayoría son hombres.

La noticia dice que esta chica se ha suicidado, pero no es verdad. A esta mujer la han matado entre un número incalculable aún de personas y un sistema putrefacto, machista y asesino. Cada uno de los compañeros que se rieron, que fueron a su puesto de trabajo a mirarla, que se mofaron de ella, que reenviaron el vídeo o que lo comentaron son cómplices de esta muerte en particular, y del sistema en general. Cada uno de ellos son pilares en esta sociedad patriarcal que odia a las mujeres, que las humilla y las daña tan profundamente que a veces es sencillamente imposible seguir hacia delante.

Verónica ya no está. Y a sus hijas habrá que explicarle algún día por qué no está. Espero de corazón que estas niñas crezcan en un mundo donde mantener relaciones sexuales no te mate. Que puedan vivir libremente sin miedo a que un hombre les destroce la vida sólo con pulsar el botón de reenviar.

Las feministas seguiremos peleando por ese mundo sin descanso cada día.

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