Un linchamiento en la República Centroafricana
La ceremonia en Bangui pretendía ser una forma de dejar claro que la nueva presidenta de la República Centroafricana y el Ejército están decididos a imponer la ley y la justicia en el país después de meses de guerra y derramamiento de sangre. El discurso de Catherine Samba-Panza dirigido a unos 4.000 soldados, muchos de uniforme, otros de paisano, iba en esa línea. El Ejército prácticamente había desaparecido en el último año. Ahora iba a cumplir su misión con “honor”.
Unos pocos minutos después de finalizada la ceremonia, se produce un tumulto. Muy cerca del lugar en el que Samba-Panza ha pronunciado el discurso, alguien dice haber descubierto a un miembro de la milicia rebelde de los Seleka, autora de innumerables asesinatos y compuesta en su mayoría por musulmanes. Esos mismos soldados que han escuchado en formación las palabras de su presidenta se lanzan sobre el sujeto.
La crónica de Anne Le Coz y las fotografías de Issouf Sanogo, ambos de AFP, son estremecedoras:
“Hay un hombre en ropa interior tumbado boca abajo. Está siendo atacado por unas 20 personas, algunos soldados de uniforme, otros de paisano. Una mujer grita: '¡Es un seleka! ¡Es un seleka!”. Veo a un soldado con boina roja sacar un puñal y arrancar trozos del cuerpo. El fotógrafo de AFP Issouf Sanogo estaba allí desde el principio del linchamiento. Saca fotos de los soldados pateando al hombre, luego reuniendo piedras y lanzándolas sobre él, y apuñalándole antes arrastrar su cuerpo hasta la carretera.
El hombre está muerto, pero durante unos 10 minutos los soldados y las demás personas continúan maltratando su cuerpo, algunos saltando sobre él con los dos pies. La gente saca fotos con sus cámaras y una mujer pone su pie sobre el cadáver, como si estuviera posando con un botín de guerra o un animal que acaba de cazar“.
Nadie interviene para impedir el linchamiento. Aquí se ven las fotos más dramáticas.
Los soldados prenden fuego al cadáver y se hacen fotos junto a la hoguera.
En diciembre, el Consejo de Seguridad de la ONU autorizó a Francia y varios países africanos a intervenir militarmente en el país que en la práctica se había quedado sin Gobierno efectivo. Las milicias musulmanas de los Seleka habían impuesto un régimen de terror, lo que a su vez había provocado la formación de milicias mayoritariamente cristianas para responder a esa violencia. Ahora ha llegado la hora de la venganza.
Peter Bouckaert, de Human Rights Watch, da algunos ejemplos. En Yaloke vivían unos 30.000 musulmanes. Ahora sólo quedan 300. Lo mismo ocurre en otros pueblos más pequeños. Todos huyen para escapar de una muerte segura. Las tropas internacionales, en número insuficiente, no son capaces de detener la matanza.
Según HRW, los Seleka han abandonado la capital y huido hacia el norte para continuar con el asesinato de civiles, y lo han conseguido gracias a la ayuda de los soldados de Chad.
17.00
Desde su cuenta de Twitter, Bouckaert continúa informando sobre lo que está ocurriendo en Bangui y otros puntos de la República Centroafricana. Miles de musulmanes están abandonando la capital por miedo a los saqueos y asesinatos. Hay varios casos confirmados de linchamientos, algunos especialmente terribles, como el de un chico que se cayó del camión en que viajaba junto a su familia. Fue asesinado y su cadáver, mutilado.
Estos convoyes de refugiados formados en algunos casos por decenas de vehículos son protegidos por soldados de Chad. No está claro que formen parte de la fuerza internacional. Podrían ser fuerzas de élite enviadas por su cuenta por el Gobierno de Chad, al que se ha acusado de haber colaborado con las milicias musulmanas, para dar cobertura a la evacuación.
Hay casos en que las tropas de Chad han disparado sobre civiles en momentos en que una multitud se lanzaba sobre los vehículos de un convoy que se habían estropeado para saquearlos.
Mientras tanto, el embajador francés dices estar satisfecho porque la situación en Bangui se ha estabilizado.
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