Hasta la propaganda es sospechosa en Egipto
Max Rodenbeck destaca una anécdota en The Economist que, sin ser dramática, lo dice todo sobre lo que está ocurriendo en Egipto.
“Se han gastado grandes cantidades de dinero procedente de la ayuda del Golfo Pérsico para solucionar el problema de imagen (del régimen egipcio). Una de las compañías de relaciones públicas contratadas recientemente envió a un equipo con cámaras a Egipto para tomar unas agradables imágenes que simbolizaran el orden y el progreso. A las pocas horas de llegar a El Cairo, fueron detenidos en la calle por la policía”.
Los que no se ocupan del honrado negociado de la propaganda se arriesgan a algo más que a una detención durante unas horas. Cuatro periodistas de Al Jazeera, incluido el jefe de la corresponsalía continúan detenidos desde el 29 de diciembre. El fiscal les acusa de dañar la seguridad nacional de Egipto, publicar noticias falsas para alterar el orden y posesión de imágenes falsas para perjudicar a la reputación del país y su estabilidad financiera.
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