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Putin y la extrema derecha

Iñigo Sáenz de Ugarte

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Marine Le Pen ha viajado a Rusia para dejar claro lo mucho que apoya a Rusia en la crisis ucraniana. “Estoy sorprendida de que la Unión Europa haya declarado una guerra fría contra Rusia”, ha dicho la líder del ultraderechista Frente Nacional. No es un viaje particular ni para hacer turismo. Le Pen ha sido recibida por el presidente de la Duma, Sergei Narishkin. Ya estuvo en Moscú el año pasado, donde se entrevistó con el viceprimer ministro Rogozin y con Narishkin.

No hay que recurrir a la historia ni las relaciones estrechas que mantuvieron Francia y Rusia en la primera mitad del siglo XX para entender este gesto. La extrema derecha europea admira a Putin. Habría que concretar: me refiero a la extrema derecha de Europa Occidental. En Europa del Este, es otra cosa, sobre todo en países como Ucrania y Polonia.

Los ejemplos son numerosos. Geert Wilders en Holanda, Matteo Salvini, de la Liga Norte en Italia, Nigel Farage en el Reino Unido, Gabor Vona, del partido Jobbik en Hungría, todos ellos han hablado en favor de Rusia o de Putin o han tenido contactos directos con Rusia Unida, el partido de Putin.

Sólo los que piensan que la Rusia actual es la heredera de la Unión Soviética pueden sentirse confusos. Los líderes ultras europeos ven al Gobierno ruso como lo que es: un régimen nacionalista y conservador, que respeta y fomenta la tradición cristiana del país, ortodoxa en su caso, que tiene un discurso duro contra la inmigración ilegal y los derechos de los homosexuales, que respondió con una represión salvaje a la amenaza del fundamentalismo islámico en Chechenia, y que se enfrenta a una Unión Europea que los ultras desprecian.

Marine Le Pen siempre será bien recibida en Moscú.

Foto: Le Pen, en la reunión con el presidente de la Duma, Sergei Narishkin, en junio de 2013.

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