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Los conductores municipales quieren recuperar el servicio nocturno de autobuses de Santander que se privatizó tras un conflicto salarial

Autobuses Santander.

Sofía Toraya

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La mayoría de los ciudadanos de Santander cuando suben a un autobús municipal no distinguen si se trata de uno público o privado. Solo hay un detalle que lo distingue: el uniforme del conductor. Cuando lleva un polo azul, un jersey negro o camisa blanca con el logotipo de Alsa el autobús no pertenece a una línea municipal al uso, es una ruta privatizada que presta una empresa contratada por el Ayuntamiento de Santander.

El precio del billete es el mismo y la tarjeta y el bonobús funcionan, así que para los usuarios esta circunstancia puede pasar desapercibida. Pero los autobuses no son públicos –los pone la empresa privada y los rotula como los municipales– y los conductores tampoco son empleados públicos.

La mayoría de las líneas privatizadas circulan por la periferia de la ciudad. Monte, Camarreal o Ciriego a donde conducen las líneas 18, 24 y 17. Las dos primeras con recorridos por el Castillo y por Corbanera, y la 24 hace un recorrido circular por el extrarradio con sesenta y cuatro paradas, uno de los trayectos más largos. Pero no funciona los domingos, excepto en verano. El autobús de Monte los sábados por la tarde y domingos solo llega hasta Corbanera y deja sin servicios a otros barrios. De ordinario, el autobús –son dos líneas, una llega más lejos que otra– pasa cada media hora. Pero quien viva en los últimos barrios solo tiene transporte cada hora.

La frecuencia y las necesidades puntuales de reforzar el servicio no funcionan con los mismos criterios que las líneas públicas. El contrato de servicios de la empresa concesionaria se limita a un número de kilómetros, no está sujeto a otras variables.

Detrás de estas líneas hay un contrato millonario adjudicado a la UTE (Unión temporal de empresas) Alsa 2024. Una alianza entre Transportes Accesibles Peninsulares S.L., Transportes Terrestres Cántabros S.A. y Transportes Unidos de Asturias S.L. Fueron los únicos que presentaron una oferta.

El Ayuntamiento había puesto un techo de 14,4 millones y ellos se la quedaron por casi 11 durante un periodo de cuatro años, prorrogable otro más. El contrato se firmó en 2024.

Las líneas ya estaban entonces externalizadas. Hace 16 años, en 2010, la línea 20 -que hoy ya no existe- ya circulaba con autobuses y conductores privados.

En septiembre de 2022 empezó a circular la 24 que unificó las antiguas líneas 19, 20 y 23. Estas tres dejaron de operar como rutas independientes y se convirtieron en parte de recorrido que empieza y termina en el PCTCAN después de circular la ciudad por la S20 y el centro. Durante la temporada estival, llega hasta el Sardinero y las playas sin pasar por el túnel de Tetuán. En temporada baja, el itinerario se modifica y atraviesa el túnel, por lo que el recorrido se reduce a 55 paradas.

Para hacerse una idea del volumen de actividad que despliegan, los seis autobuses de la línea 24 recorren casi medio millón de kilómetros al año. Otros 61.191 más durante los servicios nocturnos y otros 6.000 en servicios especiales o esporádicos.

El presidente del comité de empresa de CCOO, Miguel Ángel Iglesias, explica que las líneas que actualmente se consideran externalizadas tienen una particularidad: “Las llamamos externalizadas, pero realmente nunca han sido nuestras. Desde un principio las explota Alsa, son concesiones. El Ayuntamiento de Santander paga a Alsa y estos las explotan”.

Las líneas 17, 18 y 24 siempre han pertenecido a Alsa. El conflicto viene cuando se habla del “búho”. A principios de los 2000 y anteriormente este servicio se hacía por parte de los conductores fijos del servicio municipal, pero por diversos motivos y la falta de personal voluntario se decidió externalizar.

Nocturno

En el caso del servicio nocturno, sin embargo, la situación se dio de una manera muy diferente. “El servicio es verdad que lo hace Alsa, pero en su día, sí retrocedes años atrás, ese sí que lo hacíamos nosotros”, explica Iglesias.

El cambio se produjo después de un conflicto relacionado con el convenio y los cambios de turno: “Lo perdimos porque hubo un problema. Cuando haces un cambio de turno, se tiene que abonar un dinero que está recogido así en el convenio y se negaron a pagar a la gente que hacía el servicio nocturno. La gente, como era voluntario, dejó de hacerlo y, al final, se tomó la decisión de que lo hiciese Alsa”, recuerda.

Este verano, debido a la elevada demanda durante la época estival, los conciertos de la Semana Grande de Santander y las ferias, algunas de las líneas nocturnas han sido cubiertas por empleados públicos. Así lo explica Antonio Alonso Álvarez, del SIEP (Sindicato Independiente de empleados públicos y privados), que señala que esta situación también se produjo el año pasado y que los trabajadores llegaron a realizar horas extras de forma voluntaria para atender estos servicios.

Están tratando de recuperar el servicio nocturno. “Lo hemos hablado este verano”, anuncia. En la época estival, en julio, durante la Semana Grande, han hecho servicios especiales por las noches. “Lo hemos estado haciendo el año pasado y este nosotros, de manera voluntaria, hemos hecho horas extras y hemos preguntado al concejal sobre el tema del servicio nocturno fijo, que qué posibilidades había de negociar y de recuperarlo”, añade.

De esta forma, la red de autobuses de Santander tiene dos maneras de prestar los servicios: la gestión municipal y la explotación de líneas por empresas externas. Aunque, en este segundo caso, hay que distinguir entre las líneas que siempre han sido gestionadas por la empresa y aquellas que posteriormente se han externalizado, como ocurrió con el servicio nocturno del “búho”.

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