Cantabria estrena ruta aérea con Polonia: enclave turístico de cultura, gastronomía y naturaleza a tres horas de avión

Plaza del Mercado de Cracovia. | R.A.

Polonia, uno de los países epicentro de la Segunda Guerra Mundial y cuyo territorio tiene un importante protagonismo en los libros de historia, está desde este mes de junio plenamente accesible desde Cantabria. Y es que este enclave turístico de cultura, gastronomía y naturaleza situado en Centroeuropa está conectado con una nueva línea aérea low cost desde el aeropuerto Seve Ballesteros a cargo de la compañía Wizzair. La ruta, que estará operativa al menos hasta octubre, permite llegar a la ciudad de Katowice, ubicada en la región de Silesia y muy próxima a Cracovia, en tan solo tres horas. 

Katowice es una ciudad que combina el patrimonio industrial y minero con amplias  zonas verdes que se encuentran muy cerca del núcleo urbano. Esta simbiosis permite visitar los yacimientos donde antiguamente trabajaban los mineros, así como los barrios próximos donde residían y que actualmente se conservan, y al mismo tiempo adentrarse en parques de grandes dimensiones que invitan a perderse disfrutando de la naturaleza.

El Museo Silesiano y el Centro Internacional de Congresos, construidos sobre antiguas minas de carbón, son dos de los emblemas de esta ciudad y representan la transformación económica y cultural que está experimentando la capital de esta región polaca, cada vez más ligada al comercio.

A ello hay que sumar su tradición religiosa, muy arraigada entre su población que es en su mayoría creyente como consecuencia de la histórica proximidad de la Iglesia hacia el pueblo, distanciada de los poderes totalitarios que imperaron durante las épocas más oscuras que vivió el país.

Además, Karol Józef Wojtyła, el que fuera el papa Juan Pablo II, nació en esa zona y su nombramiento supuso un acontecimiento de gran relevancia para sus habitantes. Así pues, los espacios de culto también están señalados entre la extensa lista de lugares para visitar, como la iglesia de Santa María, ubicada en pleno centro urbano.

Con todo, el ocio no pierde protagonismo en esta ciudad de 300.000 habitantes y en la que cuya metrópoli alberga a dos millones, ya que acoge cada año el Rawa Blues Festival, el espectáculo del estilo musical blues más importante de Europa, así como una edición del Intel Extreme Masters (IEM), uno de los eventos más destacados del mundo en los deportes electrónicos. Además, por la noche las calles se llenan de vida y las terrazas de los bares se abarrotan de gente de todas las edades, insuflando calidez y un ambiente acogedor para turistas y viandantes. 

Las minas

Pero sin duda, el atractivo estrella son las minas. La posibilidad de adentrarse bajo tierra entre estrechos y oscuros pasadizos para experimentar en primera persona cómo era el día a día de un minero y las condiciones infrahumanas de su trabajo es una oportunidad que ofrecen las visitas guiadas de las minas de Tarnowskie Góry y las de Sal de Wieliczka.

Las primeras, ubicadas a aproximadamente 30 minutos de Katowice, fueron construidas en 1784 para obtener plata, plomo y zinc, y desde 2017 están incluidas en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. La visita por el entramado de húmedos y lúgubres túneles, una auténtica obra maestra de ingeniería que también servía como gestión del agua que abastecía a la comarca, incluye uno de los viajes en bote subterráneo más largo de Europa. 

Las minas de Sal, por su parte, se encuentran en Wieliczka, ciudad perteneciente al área metropolitana de Cracovia, y se han convertido uno de los lugares más visitados de Polonia. Declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1978, comenzaron a funcionar en el siglo XIII y su actividad se extendió durante 700 años hasta finales del siglo XX.

A más de 300 metros de profundidad y con 300 kilómetros de galerías construidas a base de sal, la visita ofrece un itinerario a través de 3,5 kilómetros de impresionantes galerías, lagos, cámaras y capillas, así como un tour por los pasadizos de los mineros abarrotados de esculturas construidas con sus propias manos. Nada como recurrir al propio paladar, tarea casi obligatoria para cualquier visitante, para comprobar que paredes, suelo y todo lo que rodea a esta mina está hecho de sal.

Cracovia

Y una vez allí se hace más imperativo aún si cabe acercarse a ver la segunda ciudad de Polonia, la que fuera su capital durante más de 500 años, ubicada a menos de 20 kilómetro de esta mina, no sin antes haber pasado por alguno de los 25 castillos medievales de la Ruta de los Nidos de Águila, uno de los senderos de mayor afluencia turística del país. 

Cracovia es una de las ciudades más grandes y más bonitas de Polonia. A diferencia de Varsovia, la actual capital, esta ciudad bañada por el río Vístula no fue arrasada por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial, a pesar de sufrir las terribles consecuencias de su invasión. Así pues, conserva intacta su arquitectura como uno de sus tesoros más preciados, y las calles, plazas y monumentos de su centro histórico están consideradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Y es que la Plaza del Mercado de Cracovia es la plaza medieval más grande de Europa con unas dimensiones de 40.000 metros cuadrados. El corazón de esta ciudad cuenta con la Lonja de Paños -un mercadillo situado en el centro-, la Basílica de Santa María y la Torre del Antiguo Ayuntamiento, así como una gran cantidad de comercios y restaurantes con terrazas para disfrutar tanto de día como de noche, cuando las luces iluminan la plaza y la dotan de un ambiente atractivo y acogedor.

Otro de los lugares buque insignia de Cracovia es el Castillo Real situado en la colina de Wawel, antigua residencia de los monarcas polacos, y que hoy en día se ha convertido en una de las paradas obligatorias de los visitantes. Pero sin duda, por la desgarradora historia que albergan sus calles y sinagogas, el barrio judío no puede faltar en el recorrido turístico por la ciudad. La plaza del Gueto homenajea con 68 sillas a los 68.000 judíos deportados por los nazis, de los cuales prácticamente su totalidad fueron exterminados. 

No obstante, algunos pudieron salvarse por pertenecer a la famosa 'lista de Schindler', que les abrió la puerta a trabajar en la fábrica de este empresario alemán, y que hoy está abierta para visitantes con una exposición y un recorrido a través de la misma. 

En definitiva, Katowice, Cracovia y sus alrededores ofrecen un amplio abanico turístico por descubrir para todos los gustos y edades, sin olvidarse del famoso campo de concentración y exterminio nazi de Auschwitz, que también se encuentra en esa zona, y cuyo interés histórico es conocido por todos. 

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