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Aylán ya no les hace llorar

Europa será la tumba de los refugiados. Los gobiernos europeos han decidido que así sea, que sea la tumba y el campo de concentración, de humillación y de congelación.

No podemos hacer como aquellos bañistas italianos que seguían tomando el sol aunque las olas habían dejado un cadáver en la orilla. Hay que movilizarse para apoyar a los que se movilizan para salvar vidas.

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Europa será la tumba de los refugiados. Los gobiernos europeos han decidido que así sea, que sea la tumba y el campo de concentración, de humillación y de congelación. Hace 10 días una madre de 35 y su hijo de sólo 5 años, murieron de frío cerca de Lesbos. Este fin de semana se ahogaron otros 39 refugiados, 10 de ellos niños, en un nuevo naufragio en las costas de Turquía. Las imágenes de sus cuerpos sin vida en la orilla se repiten cada semana, incesantes, como un goteo de sangre. Están dejando que se desangren. No sólo no cuentan sino que su muerte les descuenta problemas. Cada cadáver es un refugiado menos del que preocuparse. Cada niño muerto, una boca menos que alimentar. Aylán ya no les hace llorar.

Muy pronto han olvidado los líderes europeos sus lágrimas de cocodrilo por el niño sirio que apareció ahogado como un muñeco de trapo en las costas de Europa. Muy pronto, sus promesas de ayuda que no fueron más que una foto para calmar la alarma social. Nosotros nos lo tragamos con la misma facilidad con la que el mar se traga a los refugiados. No sólo lo han olvidado y han decidido que no van a hacer nada por evitarlo, es peor: han empezado a perseguir también a los ciudadanos, los voluntarios y las organizaciones que tratan de ayudar a los náufragos, a los que la Unión Europea estudia acusar de complicidad con las mafias. Europa quiere cargar con la culpa a quienes les quitan el muerto de encima.

No quieren ni eso. Los quieren muertos para no tener que preocuparse y lo que no quieren es que la ayuda de la gente les ponga en evidencia, que ponga en evidencia que 309 personas han perdido su vida en el mar sólo en enero y 3700 se ahogaron en 2015. Mueren como chinches, que es lo que son para Europa, un problema que pica y escuece. Me cuesta mucho utilizar ciertas palabras a la ligera, pero no se puede negar lo que es: es un genocidio por omisión de socorro. No es sólo una inmoralidad inhumana, es también una ilegalidad. Si además persiguen a quienes dan auxilio, habría que llamarlo, ya sin cortarse, genocidio activo.

A veces hay que utilizar las palabras tabú, esas por las que te llaman demagogo o populista para que no les señales. Lo que está haciendo Europa con los refugiados es fascista, es nazi. Tenemos demasiado reciente la Historia para olvidarla. Dinamarca les envía a campos de concentración (ellos lo llaman “campos de internamiento” para que las palabras les oculten) y les despoja de sus bienes para subastarlos, excepto los que tengan valor sentimental. Como si quitártelo todo no afectase a tus sentimientos. Holanda, Suecia y Finlandia anuncian deportaciones masivas. Europa, piel herida por las guerras más brutales, los crímenes más crueles y el exterminio más atroz, repite su historia negra. Heil UE!

Además han untado a Turquía con 3000 millones para que contenga a los refugiados, mientras amenaza a Grecia con echarla del espacio Schengen si no evita que los refugiados lleguen a sus costas, como si eso fuera posible en un país de un centenar de islas. Nada de un programa de choque para frenar la sangría y solventar una crisis humanitaria de proporciones demenciales. Hay que contener la plaga, echar a las ratas, tirarlas al mar. Esperan que el mar se los trague y borre las huellas del crimen. Pero el mar les escupe cada vez la prueba del delito. 

También a nosotros. No podemos hacer como aquellos bañistas italianos que seguían tomando el sol aunque las olas habían dejado un cadáver en la orilla. Hay que movilizarse para apoyar a los que se movilizan para salvar vidas. Hay que volver a moverse como se hizo cuando murió Aylán. No podemos hacer llorar a esta Europa, pero podemos hacerles preocuparse y avergonzarse. Avergonzarse de que hayan perdido la pista de 10.000 niños refugiados, muchos de los cuales pueden estar en manos de las mafias. Una Europa que abandona a 10.000 niños para que se hundan en la nada, es una Europa que ha naufragado.

Aylán ya no les hace llorar. Ahora son ellos los que hacen llorar a Aylán.

Hoy en #CarneCruda hablamos de las mujeres que han tomado los Goya. Entrevista con Leticia Dolera, Paula Ortiz e Inma Cuesta. A las 12h en directo en  http://carnecruda.es 

 

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