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CUENCA

La batalla de revivir un pueblo de Cuenca en manos de una asociación joven: “Comenzó con la lucha por un DJ digno”

Cinco de los seis integrantes de la Asociación Cultural El Castillejo de Alcantud durante la cena de Navidad

Rodrigo Abad

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Hay batallas que comienzan por reivindicar cosas muy pequeñas, pero que son importantes para los jóvenes, y que pueden cambiar el modo de vida en un emplazamiento concreto. Tener acceso a unos estudios, a un trabajo, a una vivienda. Derechos que parecen básicos, pero que cuesta conseguir.

Sin embargo, a veces para llegar a lograr metas más ambiciosas hay que dar un paso adelante, y mientras que llegan esas oportunidades, luchar por objetivos a corto plazo como, por ejemplo, contar con “un DJ digno” para las fiestas de un pueblo. Así es como Irene Ferrer, de 27 años, llegó a presidir la Asociación El Castillejo de Alcantud en municipio de Cuenca.

Estudia el tercer año del Grado en Educación Social y esa vocación es la que implementa en su pueblo. Aunque por sus estudios vive en Alcalá de Henares, regresa a Alcantud siempre que puede. “Me enfoco en que todo el mundo tenga oportunidades, sobre todo de ocio en este pueblo que es tan pequeño. Se trata de darlo a conocer y que se mantenga vivo”, explica.

Vista aérea del municipio conquense de Alcantud

Alcantud, ubicado en la provincia de Cuenca, pero justo en la frontera con la de Guadalajara, suele tener en torno a unos 50 o 60 habitantes, “aunque en invierno la población baja muchísimo más”, recalca Irene. No obstante, han llegado hasta los 300 en verano.

La asociación cultural que ella preside tiene más de veinte años de vida y en el pasado estaba gestionada por personas de la edad de sus padres. Hace cinco años se renovó la Junta Directiva y “nadie quería coger el relevo”. Irene señala que ella veía cómo se programaban muchas actividades para gente mayor y para niños, pero los jóvenes “estaban un poco olvidados” y decidió dar un paso adelante.

“Yo entré principalmente por la lucha de tener un DJ digno para una fiesta. Dije: 'me meto en la asociación y así hago un poco de presión para conseguirlo'. Al cabo del tiempo vi que quienes estaban en la Junta Directiva son gente con familia, trabajo y otras preocupaciones y me quedaba un poco sola. Así que arrastré a mis amigos, a mi hermana y a mis primos”, relata.

Una de las cenas en el pueblo conquense de Alcantud

Y así, la Asociación El Castillejo de Alcantud tiene en la actualidad seis miembros, con edades comprendidas entre los 23 y los 38 años. Asegura que la ventaja de que todo quede en familia es que “no hay discusiones, siempre estamos de acuerdo”.

Irene está en búsqueda de empleo, ya que el trabajo en la asociación no es remunerado, con el objetivo de “volver a vivir en Alcantud”.

Diseñar actividades para revivir el pueblo

Ferrer destaca que muchas veces la gente con raíces en Alcantud “se queja mucho” de la falta de recursos, ya que la mayoría se encuentran en Priego —localidad cercana de casi mil habitantes—donde está el centro médico, la farmacia, los bancos o el supermercado.

“Aquí a las 10.00 horas suena el pito de que llega el pan, los martes la fruta, el miércoles el médico y el bar que tenemos abre de vez en cuando. La gente se queja mucho de que si hubiese más servicios vendrían al pueblo. ¿Pero qué más necesitas si a diez minutos tienes todo en el pueblo de al lado? La gente busca una pulsera de Marina D'Or, ciudad de vacaciones con todo accesible. Yo en Alcalá si quiero ir al hospital también tardo 10 minutos”, matiza.

Irene nos cuenta que, al igual que en muchos pueblos pequeños, todos hacen “piña y a nadie le falta nunca de nada” y que incluso ahora les han instalado la fibra óptica: “La gente decía mucho: es que yo me vendría aquí a teletrabajar, pero no llegaba bien el internet tal, y ahora ya lo tenemos, así que a ver si así se van animando más personas”.

Desde El Castillejo de Alcantud ha diseñado un proyecto cultural que abarca todo el año. “Antes se enfocaba más en la semana cultural de agosto y alguna actividad suelta en Semana Santa o Halloween”, dice Irene, mientras que ahora todos los meses hacen unas jornadas gastronómicas.

“Es el padre de un amigo nuestro el que cocina comidas típicas de la zona y lo usamos como reclamo para la gente que quiere venir al pueblo y dice que no hay nada en el fin de semana. También organizamos excursiones... Bueno y en Navidad organizamos una cena. Acudimos unas 70 personas y porque no pudo venir más gente. No se cabía en las antiguas escuelas del pueblo, que es donde lo celebramos”, relata.

Varias personas del pueblo viven en Barcelona o en Andalucía, y tal como explica Irene, “se quejan de que hagamos las jornadas los fines de semana que no hay puente o cuando ellos no están de vacaciones. Y es que el enfoque de la actividad es precisamente ese, venir al pueblo el resto del año, no cuando se espera”.

Además, cree que las actividades no tienen por qué ser especiales o de gran dimensión. Basta con que puedan ser participativas, para todos los públicos. “Las personas mayores también necesitan ese ocio, bien porque antes no han podido salir o porque no lo han tenido. Hacemos básicas desde echar unas cartas, un taller de tecnología o traerles música de su edad. Están muy agradecidos de que trabajemos tanto por el pueblo, y es que nuestros abuelos nos dejaron el mejor legado, que es cuidar Alcantud”.

Recuperar tradiciones y seguir luchando por el ocio

Otro de los objetivos de la asociación es recuperar tradiciones perdidas. “Nos contaba la gente mayor que antiguamente se celebraba San Antonio: entonces las calles se llenaban de hogueras, o también un evento llamado La Moneda, que es como una especie de subasta y que eso se había pedido. Pues hace ya tres años que lo hemos recuperado”.

Asegura también que en las actividades “participan más la gente que viene los fines de semana que los que viven en el pueblo, y la verdad que nos choca mucho, pero a ver si conseguimos romper un poco esas barreras”.

La asociación sobrevive y trabaja con pequeñas subvenciones de la Diputación de Cuenca “que siempre podría ser un poco más, pero lo que tenemos nos vale”, pero también echan mano de la cercanía con los recursos. “Un amigo de un amigo ha conseguido que venga un concierto de guitarras a la iglesia, también para las excursiones un chico joven del pueblo de al lado tiene una empresa que hace excursiones. Nos ponemos en contacto con pequeñas empresas de la zona para hacer las actividades. Yo por ejemplo los fines de semana me encargo haciendo la ludoteca para cuatro niños en Alcantud, pero ellos también tienen derecho a tener ese ocio en finde”, apunta.

Irene comenta entre risas que el próximo objetivo es ver si pueden contratar una carpa para la segunda edición de la cena de Navidad “para que nadie se nos quede fuera, porque fue una locura. Nosotros éramos los camareros, nuestros padres los cocineros, nos lo pasamos muy bien”.

Regresar a Alcantud sin excusas y fomentar la participación

Esta localidad conquense posee una población mayormente envejecida. Irene nos cuenta apenada que a comienzos del 2026 tuvieron un mes muy malo donde “empezó a fallecer gente muy mayor, que empezamos a decir, madre mía, ¿qué está pasando? Pero es una realidad y es ley de vida. Si el pueblo termina muriendo vamos a acabar siendo una pedanía o un pueblo abandonado”.

Personas participantes en una de las actividades al aire libre desarrollada por El Castillejo de Alcantud

Por ello, otro objetivo es traer a gente joven a vivir allí. Ferrer señala que hay personas jóvenes que quieren irse a vivir a Alcantud, pero “lo que echa mucho para atrás son los servicios, aunque yo siempre les digo que tenemos todo al lado. También es cierto que yo soy una persona que le gusta mucho el silencio, salir a la calle a dar de comer a los gatos de la calle, pero hay gente que necesita el ocio en la puerta de casa”.

El problema de la vivienda, que nos afecta a muchos jóvenes, allí lo tendríamos resuelto, porque tenemos la casa de nuestros padres o de nuestros abuelos, y el gasto es mínimo

“El problema de la vivienda, que nos afecta a muchos jóvenes, allí lo tendríamos resuelto, porque tenemos la casa de nuestros padres o de nuestros abuelos, y el gasto es mínimo. Siempre se lo digo, que aquí viviríamos genial, y el ocio lo tendríamos entre nosotros. Desde mi perspectiva lo veo muy fácil, aunque en mi caso mi perfil de trabajo por la zona no lo encuentro, pero bueno en algún momento aparecerá”, explica Irene esperanzada.

Niños y niñas de Alcantud en una actividad con los bomberos forestales del Plan Infocam

Las redes sociales son un gran altavoz para contar lo que hacen. Además de sus perfiles en Instagram y Facebook, cuentan con 'El Pregón de Alcantud', un grupo de WhatsApp con actualmente 254 miembros que no solo sirve para anunciar las actividades, sino que también es “como el pregonero del pueblo. Si alguien pierde una camiseta, si nos encontramos un accidente en la carretera, o por ejemplo el otro día que hubo un incendio forestal en El Recuenco que está al lado, pues íbamos informando de lo que pasaba. Cada vez se une más gente”.

De igual manera, Irene también invita a visitar Alcantud y su entorno. Mientras, ellos seguirán luchando “muchísimo” para que cualquier persona les visite y se interese por la zona.

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