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Sobre este blog

Este blog es un espacio de colaboración entre elDiario.es de Castilla-La Mancha (elDiarioclm.es) y el Colegio de Ciencias Políticas y Sociología de Castilla-La Mancha para abordar diversas cuestiones sociales desde la reflexión, el entendimiento y el análisis.

De fútbol, política, botas y natalidad

Decana del Colegio de Ciencias Políticas y Sociología de Castilla-La Mancha y experta en Desarrollo Local
Gavi y Cucurella celebran con Oyarzabal su gol ante Austria.

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No es nada nuevo decir que el fútbol es mucho más que fútbol, el Mundial de Fútbol va más allá de una celebración y competición deportiva. Cuando nos sentamos frente al televisor para disfrutar de un partido, se puede ver como un espejo que refleja el momento histórico que atraviesa el planeta.

La Copa del Mundo de 2026, organizada conjuntamente por Estados Unidos, Canadá y México, vuelve a demostrarlo incluso antes del pitido inicial. Difícil ocultar, a pesar de las inversiones y organizaciones, las desigualdades económicas, tensiones políticas y debates sociales que existen durante el evento deportivo.

La FIFA insiste en defender que el fútbol debe mantenerse al margen de la política. Sin embargo, la realidad demuestra lo contrario. Comienza con la competición para organizar el Mundial, los países saben que supone prestigio, influencia internacional, inversiones, turismo, una enorme campaña de imagen y un instrumento de poder. Los gobiernos aprovechan ese escaparate hacia el resto mundo para proyectar a través de los medios de comunicación la imagen de estabilidad, modernidad, de poder y de cohesión nacional.

La elección de la celebración del Mundial en Canadá, Estados Unidos y México no estuvo exenta de debate. Estados Unidos refleja un escenario ideal con buenas infraestructuras, capacidad organizativa y un mercado gigantesco para la expansión del fútbol. Difícil no pensar que esta decisión refleja un movimiento estratégico de la FIFA para consolidar su influencia en un país donde el fútbol compite con gigantes como el fútbol americano o el baloncesto.

Comienza el juego deportivo, las clasificatorias y partidos amistosos. Bien puede recordar al patio de un colegio cuando se pretende que jueguen todos los niños y niñas en igualdad de condiciones, pero cada niño y niña empieza a moverse según sus intereses. Los amistosos funcionan como herramientas de diplomacia, espacios de negociación económica, política y plataformas de imagen internacional.

Los países son conscientes de esta reputación internacional y del lavado de imagen a través del deporte, conocido como estrategia de sportswashing. Países con cuestionamientos en derechos humanos o tensiones internas usan estos partidos para proyectar normalidad y apertura. De este modo, se entiende el deporte como un soft power por la capacidad de un país para influir en otros mediante la persuasión.

Cada detalle se diseñó cuidadosamente por la organización para una imagen de interculturalidad, desarrollo, convivencia y unidad universal reflejándose a través de fútbol. Los esfuerzos de la FIFA en presentar el Mundial como una celebración universal, un evento que une culturas y derriba fronteras. De hecho este Mundial, es el primero que se celebra con tres sedes. Pero hablar de fronteras en EEUU es un tema de gran relevancia por su política migratoria y sistema de deportaciones actuales, principalmente con México.

La ceremonia inaugural debía transmitir equilibrio, pero un pequeño incidente evidenció que EEUU domina la organización. Durante la ceremonia inaugural en Los Ángeles, la FIFA organizó un desfile con las banderas de los tres países anfitriones. El protocolo indicaba que las tres debían aparecer juntas, simbolizando cooperación continental, pero un retraso de unos segundos hizo que la bandera de México entrara más tarde. Sin duda, se originó un debate ante una meticulosa organización que se tradujo como una falta de respeto y relación desigualdad entre EEUU y México o la lectura de un error logístico sin importancia, o un reflejo más de las tensiones políticas que se escapan de la organización.

Resultaba difícil que no se reflejara la situación actual de las relaciones de EEUU e Irán. La selección iraní consiguió su clasificación sobre el césped, pero la posibilidad de que jugadores, miembros del cuerpo técnico, periodistas o personas aficionadas encontraran dificultades para acceder a Estados Unidos abrió un debate diplomático que poco tenía que ver con el fútbol. Las tensiones entre Washington y Teherán, las sanciones internacionales y las políticas de visados han obligado a buscar soluciones excepcionales para garantizar la participación deportiva.

Ya no sólo son estas grandes dificultades políticas y restrictivas con las que se encuentra la selección de Irán, no todos los gobiernos y selecciones cuenten con los mismos recursos para esta competición. Una desigualdad económica y social a la que estamos tan acostumbrados que apenas deja espacio para reflexión y sensibilización. El seleccionador de Paraguay, Gustavo Alfaro, tras vencer a la selección alemana expresó esta desigualdad “con todo respeto, ellos están formados en academias de primer nivel en Europa, nosotros venimos de la tierra colorada, la camiseta que tenemos son las franjas de la tierra colorada, jugando descalzos en esa tierra”.

Con este discurso y el tratamiento que se de ello, no se trata de dulcificar la pobreza. La realidad es que el punto de partida de cada una de las selecciones no es comparable a nivel competitivo. Mientras algunas selecciones viajan con recursos ilimitados, otras llegan al torneo con presupuestos mínimos, dificultades para entrenar y escasa infraestructura como sucede con las selecciones debutantes de Cabo Verde, Curazao o Uzbekistán. Estas selecciones a través de los medios de comunicación reflejan valores del deporte como es el esfuerzo y la motivación, es lo que vemos en las pantallas pero con el pitido final del partido la realidad no finaliza ni cambia, continua perpetuándose las mismas dinámicas de desigualdad, pobreza y exclusión.

Sin necesidad de mirar muchos más partidos, países y selecciones, aquí en España el debate estaba servido. Lamine Yamal es uno de los protagonistas del Mundial 2026, ya no solo por su calidad deportiva, estaba claro que iba a dar juego. Es uno de los símbolos de la diversidad y multiculturalidad de España, y esa realidad se refleja en los comentarios, apoyos y ataques.

Tres detalles muy concretos que reflejan la sociedad española a través del fútbol y Lamine Yamal: sus botas, su diadema y la celebración de su primer gol. Sus botas incluían dos pequeños parches con las banderas de sus dos países de origen familiar, Marruecos y Guinea Ecuatorial. Acompañándolo con una diadema con la bandera española. La celebración de su primer gol fue con un gesto de postración musulmana, suyud. Sin ánimo de profundizar más en el debate, la realidad es que un español negro de origen familiar africano y musulmán viste la camiseta de España y la defiende. Aquí es cuando ya entra el 'discurso de barra de bar' en el que el fútbol no debe mezclarse con otros temas…

Esperando a la selección ganadora para un repunte puntual demográfico en su país como consecuencia del Mundial, como es un aumento de la natalidad.

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