Sobre este blog

Este blog es un espacio de colaboración entre elDiario.es de Castilla-La Mancha (elDiarioclm.es) y el Colegio de Ciencias Políticas y Sociología de Castilla-La Mancha para abordar diversas cuestiones sociales desde la reflexión, el entendimiento y el análisis.

Hablemos de Castilla-La Mancha

Bandera de Castilla-La mancha

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La lectora o lector no caerá en la cuenta, pero en la última entrada iniciamos la segunda ronda en esta tarea de acercar los temas propios de quienes optamos por la sociología y la politología. Perdón por mirar hacia adentro, pero me gustaría iniciar este artículo felicitando y dando la más sincera enhorabuena a todas mis compañeras y compañeros por los grandes artículos publicados, entre otras cosas, porque de su lectura ha surgido el tema que pretendo abordar.

Entre las directrices indicadas en el inicio de este blog, se nos pedía un intento de enfocar temas de la tierra, lo que es lógico por ser el colegio regional, y ser publicado por elDiario.es Castilla-La Mancha, pero la inmensa mayoría hemos obviado este hecho en los temas elegidos. ¿Por qué las colegiadas y colegiados obviamos las cuestiones autonómicas? No creo que sea una cuestión propia de quienes conformamos esta organización, sino que hay razones más allá.

A los castellanomanchegos nos falta autoconciencia. No quiero reclamar aquí un nacionalismo rancio de creación de mitos y agitación de banderas, pero es un hecho que nacimos de la necesidad de configuración del estado de las autonomías. Tampoco se trata de defender la disolución del sistema autonómico que, en estos momentos, como ya se verá más adelante, se antoja muy necesario. A pesar de los casi 40 años de existencia de la comunidad autónoma, y de que no hay movimientos fuertes en contra de la configuración regional, que sí que hubo en el momento en que se estaba configurando, el sentimiento identitario es bastante débil.

Esa falta de identidad puede tener diversas causas. En primer lugar, lo amplio de la región y su propia fisionomía. Las provincias castellanomanchegas son algunas de las más vastas del país, dando lugar a distancias de más 400 km entre municipios como Almadén y Molina de Aragón, lo que hace también que la propia idiosincrasia de los pueblos tenga bastantes diferencias. Por otro lado, la falta de ciudades, con la excepción de Albacete, de un tamaño importante que vertebre su entorno, hace que cada zona de la región tenga distintas relaciones con ciudades externas, con las que en muchas ocasiones se tiene una mayor relación que con otras zonas de la propia comunidad.

De la expansión a las inversiones empresariales

En este sentido, hay que tener en cuenta a Madrid, no como comunidad autónoma vecina, si no como el ente económico, geográfico y urbanístico que es para Castilla-La Mancha la salvación y la condena. Hace años que este ente superó las fronteras de la Comunidad de Madrid, expandiéndose hasta Guadalajara por el Corredor del Henares y hasta Toledo por La Sagra. No se trata tan sólo de una expansión urbanística en forma de ciudades dormitorio que ofrecen chalés adosados a mejor precio que los pisos de la periferia de la capital, sino también, grandes inversiones empresariales como Airbus y Amazon en Illescas, la cervecera Mahou en Alovera o el gran centro logístico de Inditex en Cabanillas del Campo. Todo ello ha generado un crecimiento demográfico de estas áreas de la región, que han permitido recuperar datos poblacionales previos a la Gran Recesión tras 2008.

Sin embargo, vistas las bondades de la proximidad de Madrid, es el momento de ver los inconvenientes. En lo poblacional, el crecimiento no es la tónica de todo el territorio. Incluso en Guadalajara, que es la provincia de la región que más ha crecido en las últimas décadas, se vive una gran dicotomía entre las comarcas del este y el oeste. Esta población, además, no tiene arraigo y en su gran mayoría no procede ni siquiera de otros puntos de la región, lo que redunda en la falta de identificación con el territorio y sus costumbres. Pero sin duda el principal problema es el competitivo: es imposible para una región eminentemente rural y sin ciudades relevantes, el competir con una de las más grandes capitales europeas, más aún, cuando se tienen una notable dependencia.

Esta dependencia con un agente externo es también otro de los motivos de la falta de sentimiento regional. Muchas de las carencias propias, se pueden suplir con un viaje de 2 horas como mucho, incluso más corto. Muchos de los pueblos de la región tienen una mejor conexión por transporte público con Madrid que con la capital provincial vecina, por ejemplo, por no hablar de que los sistemas de carreteras y el (escaso) ferroviario están trazados para conectar con Madrid, sin tener en cuentas las necesidades de vertebración a menor escala que la nacional.

Una realidad de facto

Ahora bien, por qué sigue siendo necesaria Castilla-La Mancha, hoy incluso más que en el momento en que se creó. Aunque, insisto, no es necesario ser “agitabanderas”, la comunidad autónoma es una realidad de facto. Contar con autonomía permite acercarnos a nuestra realidad y por lo tanto identificar nuestros problemas, primer paso para darles solución. Es necesario que los ciudadanos tengan conciencia de la autonomía, también como medio de articular sus demandas. Un claro ejemplo, es la movilización en la vecina Extremadura, con sus reclamaciones en favor de una mejora de las infraestructuras y los servicios ferroviarios.

En todo caso, no se parte de cero pues, al fin y al cabo, muchos somos los que ya hemos nacido en Castilla-La Mancha. Además, hay cada vez más aspectos que ponen de manifiesto la realidad autonómica, como la asunción de competencias como las sanitarias. Esto ha contribuido al reconocimiento ciudadano de esta realidad, ya que se han podido construir y gestionar de forma más directa hospitales como los de Almansa o Tomelloso. También ocurre con la Universidad de Castilla-La Mancha, que supone una opción no sólo más cercana, sino también, por esa cercanía, más barata para miles de estudiantes a los que facilita el acceso a la educación superior.

El reto ahora, por tanto, está en buscar la forma en la que redistribuir las inversiones que llegan a la región. Es algo que en Castilla-La Mancha ya se ha hecho, pues a pesar de conceder a Toledo la capitalidad, se repartieron diversos organismos por todas las ciudades de la Región, como la sede de la Universidad en Ciudad Real o el Tribunal Superior de Justicia en Albacete.

En definitiva, nos une la ubicación geográfica en la submeseta sur, un mundo rural, que está en serio peligro por el problema de la despoblación, y una necesidad de unión para poder enfrentar al entorno, que supone que sea indispensable que seamos conscientes de ser castellanomanchegos y castellanomanchegas.

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