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Colau llega a las elecciones empatada con una ERC que aspira a conquistar Barcelona por primera vez

Un simpatizante de Barcelona en Comú, en un mitin de Ada Colau

Pau Rodríguez

El primero que cruce la línea de meta, aunque sea por un milímetro y con foto finish, será el que se alce con la vara de alcalde en Barcelona. En esta idea, la de que puede ir de un solo voto, insistían los principales alcaldables, Ada Colau y Ernest Maragall, para concentrar el voto en sus candidaturas al cierre de una disputada campaña electoral. Las encuestas de los últimos días –de El Periòdic d'Andorra– han mostrado un empate técnico entre Barcelona en Comú y ERC que sólo los barceloneses podrán resolver.

Tan igualada ha sido la campaña que ni Colau ni Maragall fueron capaces de imponerse en un cara a cara a 48 horas de la votación, un debate en los estudios de la cadena SER Catalunya forzado por la alcaldesa al ver que iba a la zaga de los republicanos en los sondeos. La alcaldable de los ‘comuns’ acudió a la cita dispuesta a colgarle a Maragall la etiqueta de socio de Quim Torra y los neoconvergentes en el Govern, pero ante esa insistencia el republicano fue hábil a la hora de reprocharle que señale a la Generalitat para evitar hablar de su propia gestión.

Ambos candidatos han subido el tono a medida que avanzaba la campaña electoral y han pasado del guante blanco a atacarse mutuamente por sus posibles alianzas tras las elecciones. Conscientes de que hay un voto progresista y soberanista que está en el aire entre ambos, Colau y Maragall han jugado en los últimos días a caricaturizar los pactos naturales de su oponente. Los 'comuns', repitiendo una y otra vez que ERC quiere quitarles el Ayuntamiento para entregárselo a “la derecha” de JxCat. Los republicanos, insistiendo en que la voluntad de Colau es repetir un pacto con el PSC “del 155”.

La única diferencia entre ambos es que Colau ha mantenido la oferta inicial de pactar con ERC y PSC si gana las elecciones, mientras que Maragall se ha ido mostrando cada vez más contundente a la hora de afirmar que quiere gobernar sólo. Aunque las encuestas le den como máximo 11 concejales, los que tiene ahora Colau.

Llegada la jornada electoral, en BComú están convencidos de que la campaña les ha servido para remontar en las encuestas. El procés, terreno donde no se encuentran cómodos los 'comuns', ha vuelto a centrar algunas jornadas de campaña, con el fallido nombramiento de Miquel Iceta como presidente del Senado o la suspensión de los diputados independentistas. No obstante, los de Colau confían en que el manifiesto de intelectuales de izquierdas de todo el mundo a favor de la alcaldesa o la doble presencia de Pablo Iglesias con sus mítines en plazas disputadas con el PSC les han dado el empujón definitivo para revalidar el primer puesto.

Los republicanos, por su parte, cierran expectantes una campaña que inauguraron eufóricos. “¡Próxima estación, Maragall!”, repetían en la sede electoral de ERC el domingo en que ganaron por primera vez unas elecciones generales. Conquistar el Ayuntamiento de Barcelona supondría poner la guinda a la histórica victoria del 28A. Nunca lo han tenido tan cerca, pero no está claro que lo consigan.

La victoria de Colau o Maragall dependerá también del resultado que cosechen sus principales competidores. En casa de los 'comuns' tienen sus esperanzas depositadas en que Elsa Artadi se llevaría una parte del electorado republicano, pero la candidatura de JxCat no parece haber acabado de despegar. A JxCat sólo le queda cruzar los dedos para que los votantes de Carles Puigdemont en las europeas acaben optando por las mismas siglas para las municipales.

Otros que fían parte de sus resultados a una tercera persona son los socialistas, cuyo candidato Jaume Collboni se ha subido al carro con el que Pedro Sánchez ganó las generales para sumar apoyos en la capital catalana. Su previsión es como mínimo sumar 8 ediles, el doble que los actuales, pero no han conseguido situar a su alcaldable como claro aspirante a reemplazar a Ada Colau.

Con todo, uno de los logros de Collboni ha sido frenar a Manuel Valls, al menos en las encuestas y los debates electorales y a la espera de lo que digan los electores el 26M. El candidato de Barcelona pel Canvi-Ciudadanos empezó la carrera electoral en septiembre, mucho antes que los demás candidatos, y llega desinflado a la meta. No solo porque las encuestas le auguren un resultado similar al de Ciudadanos en 2015, sino porque no ha conseguido hacerse hueco en la contienda ni siquiera haciendo hincapié en sus principal baza: el discurso sobre la inseguridad.

Y tan abierta como por arriba está la competición por abajo, donde hasta tres fuerzas políticas luchan para tener una representación en el consistorio que a estas alturas no tienen garantizada. El PP de Josep Bou y la CUP de Anna Saliente pugnan por no desaparecer del Ayuntamiento mientras que una cuarta fuerza independentista, la Barcelona és Capital de Jordi Graupera, podría llegar a obtener algún edil.

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