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David Pujol, el estudiante que reclama más de 9.000 euros a Renfe por daños morales: “Me ha costado mucha ansiedad”

David Pujol, el estudiante de matemáticas que ha presentado una reclamación patrimonial contra Rodalies por "daños morales"

Sandra Vicente

Barcelona —
13 de mayo de 2026 21:53 h

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De pequeño, David Pujol soñaba con ser president de la Generalitat. Pero ahora es un destino que le apetece más bien poco: “Me he dado cuenta de que odio la política y odio a los políticos”. El rechazo de este joven estudiante de matemáticas nació hace dos años, cuando empezó a estudiar en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), y comenzó a sufrir a diario los retrasos y trenes anulados en Rodalies.

Cuando se dio cuenta de que los problemas eran “sistemáticos”, empezó a poner reclamaciones y, harto de no tener respuesta, ha decidido dar un paso más. Ha presentado una reclamación patrimonial contra el Ministerio de Transportes y el Departament de Territorio por los “daños morales” que le ha causado Rodalies. En total, reclama 9.211,35€.

Pujol cuenta que un traslado desde su casa, en Pineda de Mar, hasta la facultad debería durar poco más de dos horas –a pesar de que son sólo 40 minutos en coche. Primero, un tren de la R1 hasta Barcelona, donde toma el metro para ir a otra estación para subirse a la R7 hasta la UAB. “Es un trayecto muy largo, es cierto, pero estaba dispuesto a hacerlo sin quejas. El problema es que nunca salía bien”.

Explica que la duración normal del trayecto superaba las dos horas y media y podía llegar hasta las cuatro. “Me levantaba a las cuatro de la mañana para poder llegar a clase y, muchas veces, ni así llegaba”, recuerda Pujol, que habla en pasado porque, harto de la situación, decidió mudarse a Cerdanyola del Vallès, un pueblo cercano a su facultad en el que se puede pagar el alquiler gracias a una beca.

“Soy muy humilde, pero no hago esto por el dinero. Si me pagan esa cantidad, es cierto que será más dinero del que he tenido en toda mi vida, pero lo hago para que reconozcan lo que nos están haciendo a los catalanes”, explica.

Pujol ha redactado la reclamación por su cuenta, “investigando y leyendo mucho” y ha fijado las cifras en función de lo que considera justo, siempre dentro de las horquillas de lo que se suele pedir en este tipo de trámites. “Como no hay jurisprudencia sobre esto, no sabía en qué referenciarme”, se justifica.

De los 9.211 euros que pide, 200 son el reembolso de los billetes de transporte. 2.000 euros corresponden al “desarraigo” y compensación por haberse tenido que mudar. “Yo estaba muy contento en Pineda; no pido que me paguen el alquiler, sino que me indemnicen por haber tenido que cambiar de proyecto de vida para adaptarme a los trenes”, asegura. Otros 2.500 euros son por la “pérdida de oportunidades de estudio” debido a las veces que ha llegado tarde a clase o no se ha podido presentar a exámenes.

Ya no es que el tren vaya tarde, sino que, a veces, desaparece y no nos dicen nada

Y la compensación más grande, de 4.500 euros, es en concepto de salud mental. “Me ha afectado mucho, me ha causado mucha ansiedad”, explica este joven, que tiene un Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC), motivo por el cual –dice– necesita planear sus días con antelación y precisión. “Yo lo tengo todo medido y, de repente, ya no es que el tren vaya tarde, sino que, a veces, desaparece y no nos dicen nada”, lamenta.

Los retrasos y cancelaciones suponen un “peso enorme” para Pujol, que cuando sufre un imprevisto asegura que no puede dejar de pensar en lo sucedido, lo que le impide concentrarse en la universidad o el trabajo. Para sustentar este argumentario en la reclamación, a la que ha tenido acceso elDiario.es, cuenta con un informe de su psicóloga que avala las secuelas psicológicas de este joven.

Harto de la falta de información

Pujol lleva años poniendo reclamaciones ante todos y cada uno de los retrasos importantes que ha sufrido. Cuenta 33 reclamaciones en formato físico (“aunque seguro que son más, estas son las que he podido encontrar”) y 9 en formato digital. A esas se suman 3 quejas al Síndic de Greuges (Defensor del Pueblo catalán) y hasta una queja ante la Inspección de Trabajo por el incumplimiento de los servicios mínimos durante una jornada de huelga.

Las respuestas, dice, llegaban tarde y no servían. “Una vez, seis meses después de poner la queja, me respondieron diciéndome que estaban trabajando en mejorar el servicio de la R7... Y es una línea que, en ese momento, llevaba semanas suspendida”, lamenta.

De entre todos los “despropósitos” que ha sufrido, el joven recuerda un día, el 6 de marzo de 2025, cuando la consellera Paneque fue al centro de control de Rodalies y, en rueda de prensa, dijo que el servicio funcionaba con normalidad. “Pero yo llevaba dos horas esperando en la estación y había visto cómo se habían cancelado los tres primeros trenes de la mañana, sin que nadie nos diera explicaciones”, añade.

Es la falta de información y respuestas lo que le ha hecho dar un paso al frente y pedir la reclamación patrimonial. Ahora, la Generalitat y el Ministerio tienen seis meses para responderle y, si no lo hacen, podrá ir a juicio. Y Pujol asegura que lo hará. “Habrá gente que considere que igual no me merezco esa cantidad de dinero, eso lo dirá el juez. Pero nadie puede negar que tengo razón y que no puede ser que un servicio público funcione así”.

Por su parte, la administración ha rechazado responder a las preguntas de este medio sobre la reclamación de Pujol y remiten a Renfe como el responsable de atender la petición. El operador, a su vez, hace lo mismo y pasa la pelota al tejado de sendos gobiernos. “A nosotros no nos ha llegado la queja, cuando nos la hagan llegar, la estudiaremos como hacemos con todas”, se han limitado a decir desde Renfe.

Es una cuestión de respeto a la ciudadanía. No son solo trenes, es un medio de transporte alrededor del cual se fundamenta toda nuestra vida

Para este joven, la de Rodalies se ha convertido en una causa personal. Cada día que sufría una incidencia, presentaba una queja y publicaba un post en redes sociales. Tal ha sido su insistencia que ha sido entrevistado por diversos medios y su nombre se ha vuelto bien conocido en el departamento de comunicación de Renfe.

Se ha erigido en una especie de portavoz de las dos líneas que frecuenta y ha llegado a reunirse en diversas ocasiones con el Secretario de Movilidad e Infraestructuras de la Generalitat, Manel Nadal, y el director de Rodalies, Antonio Carmona. Hasta ha tenido audiencia con el ministro de Transportes, Óscar Puente.

David Pujol empezó a enfrentarse al servicio de Rodalies mucho antes de los accidentes de Adamuz y Gelida, del 18 y 20 de enero, respectivamente, que supusieron un antes y un después en la situación ferroviaria. Después del segundo, el servicio de Rodalies estuvo completamente fuera de servicio durante casi 48 horas. Este parón sin precedentes fue el inicio de casi cuatro meses de afectaciones en el servicio, retrasos generalizados, limitaciones de velocidad y líneas que funcionaban a medias.

Pero este joven denuncia que el “caos” empezó mucho antes. Por eso, asegura que no le sirve de consuelo que el Govern haya anunciado que el servicio ha vuelto este mayo a la normalidad (y, en consecuencia, haya retirado la gratuidad de los billetes). “Esto no puede ser la normalidad. Y por eso reclamo. Es una cuestión de respeto a la ciudadanía. No son solo trenes, es un medio de transporte alrededor del cual se fundamenta toda nuestra vida. Y eso merece respeto”, remacha.

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