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CATALUNYA

"Las heroínas del plato en la mesa"

'Subterrànies, sobreviure entre bombes' revive el pasado de mujeres de la Guerra Civil a través de una visita teatralizada al Refugio 307, en el Poble Sec de Barcelona, con documentos audiovisuales y sonoros y con música en directo en los pasillos.

La obra, surgida de la asociación de creadoras escénicas Proyecto Vaca en 2011, es un homenaje al trabajo de las mujeres en la retaguardia durante la guerra.

Se puede ver los viernes, sábados y domingos de julio, dentro del Grec, en dos sesiones diarias.

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Itziar Castro interpreta a una nena de 10 anys.

Itziar Castro interpreta a una nena de 10 anys.

Una experiencia teatral y una lección histórica. El espectáculo en el que Montse Alcoverro, Itziar Castro y Carme Poll, de la mano de la 'guía' Mamen Conte, representan en los frescos y húmedos pasillos del Refugio 307, en el Pobe Sec de Barcelona, nos permite ver cómo vivieron los barceloneses los terribles bombardeos sobre la ciudad durante la Guerra Civil. Subterráneas... es una propuesta muy documentada, con proyecciones y testimonios de mujeres que recuerdan aquellos tiempos, que pone el teatro al servicio de la memoria histórica. Es una lectura necesaria que hay que hacer sobre una época oculta tras décadas de silencio. La ruta por los pasillos abovedados hace la obra apta también para que los más jóvenes se hagan una idea de la historia lejos de los libros de texto.

Si la obra de Pere Riera Barcelona, que ha triunfado en el TNC, nos narraba cómo una familia de la zona alta sufría los bombardeos en su casa, Subterráneas... nos sumerge en las catacumbas de la ciudad. La dramaturgia del espectáculo, que ya acompañó la exposición sobre los bombardeos fascistas sobre Barcelona Plovien bombes, contempla tres testigos (tres actos, por decirlo de alguna manera), el de una mujer costurera en los teatros del Paral.lel, donde conoció "aires de libertad"; el de una joven que ha conocido el frente y que hace de enfermera en la retaguardia, y el de una niña de 10 años en el día de su cumpleaños que se salvó por poco de ser una más de las víctimas de Sant Felip Neri. El guión está construido a raíz de las entrevistas realizadas a mujeres supervivientes de los ataques.

Estas tres voces femeninas aportan valiosa información sobre el ambiente que había en los refugios, cuando la gente bajaba a toda prisa al oír las alarmas y la voz que les instaba a correr (documentos sonoros que escuchamos durante la representación). Y se instalaba como podía en los bancos de los pasillos donde asistimos a la representación. Esta escenografía que no lo es, esta presencia del público en el lugar de los hechos, da aún más credibilidad a la historia y a cómo se construyeron los refugios, qué significaron para los vecinos, cómo la gente fue aprendiendo sobre la marcha a protegerse de unos ataques nunca, hasta aquellos momentos, puestos en práctica.

El refugio 307 obtuvo el permiso de obras en mayo del 1937 y lo construyeron los mismos vecinos: pagando dos pesetas por familia, los que podían, o trabajando dos horas al día los que no tenían dinero. Se encontraban todos, y estaba prohibido hablar de política y de religión ("al fútbol no se hacía referencia", explica Mamen Conte). De hecho, entre los que se refugiaban en los sótanos estaban todos, ya fueran partidarios de los 'nacionales', o 'republicanos' (anarquistas, comunistas, más moderados...). Los aviones fascistas no hacían ningún tipo de discriminación a la hora de lanzar bombas o de perseguir a los ciudadanos en los vuelos rasantes para ametrallarlos. Hablar de política en aquellas circunstancias podría haber sido desastroso.

La niña a la que encontramos en uno de los pasillos dibujando tumbada sobre su catre está contenta de enseñar un agujero nuevo que están abriendo en el refugio para hacer una guardería, según nos explica antes de esconder la cabeza bajo una manta y ponerse el lápiz entre los dientes, como le han enseñado que debe hacer cuando oye las bombas fuera. Es un detalle del día a día de toda una población que mostró una enorme y admirable capacidad de resistir a la barbarie. Una valentía gestionada (en cierto modo) por las mujeres, "las heroínas del plato en la mesa", dice la enfermera para dar toda la importancia a su labor, en una guerra en la que, por primera vez en la historia, la retaguardia dejó de ser un lugar seguro. Asistimos a cómo se organizó el pueblo de Barcelona, aquel que el primer ministro británico, Winston Churchill, admiró ante los inminentes bombardeos nazis sobre Londres, durante la Segunda Guerra Mundial, con una frase repetida y escalofriante: "Confío en que nuestros conciudadanos demostrarán ser capaces de resistir como lo hizo el valiente pueblo de Barcelona ".
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