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La Catalunya de Raimon, Serrat y Llach

Josep Carles Rius

Si tuviéramos que elegir tres nombres para poner música y letra a nuestra memoria colectiva, posiblemente la mayoría de los catalanes citaríamos a Raimon, Serrat y Lluís Llach. Canciones como Al Vent, Jo vinc d’un silenci, Diguem No, D’un temps d’un país (Raimon) Hoy puede ser un gran día, Mediterráneo, Paraules d’amor, Ara que tinc vint anys (Serrat) L’Estaca, Viatge a Ítaca, Cal que neixin flors a cada instant o Campanades a mort (Llach) son parte de la biografía íntima y personal de varias generaciones de catalanes. Y forman parte, también, de la historia colectiva de la sociedad catalana. Porque representan la lucha por la libertad en el sentido más amplio de la palabra. La libertad democrática y la libertad de los sentimientos, tan caras y difíciles en aquellos años del final del franquismo.

Raimon, Serrat y Llach fueron un patrimonio cultural, político y sentimental para los catalanes, pero también para millones de ciudadanos del resto de España, que se emocionaban con sus canciones y que las convirtieron en himnos a la democracia y a la emancipación personal. Fueron años, muchos años, en que Catalunya y España compartían referentes. Años en que la cultura catalana estaba en plena sintonía con los sectores más avanzados de la sociedad española. Y Raimon, Serrat y Llach eran tres de estos eslabones, quizás los más potentes y efectivos.

A medida que se consolidó la democracia, Raimon, Serrat y Llach siguieron comprometidos con sus ideales, pero sin el peso de aquella responsabilidad que tuvieron que asumir en tiempos de la dictadura. Los tres han demostrado que su conexión con el público iba mucho más allá de los tiempos de reivindicación y han mantenido excelentes carreras musicales. Pero seguían siendo referentes culturales, políticos e incluso morales. Y cuando una parte significativa de la sociedad y de la política catalana apostó por el independentismo, era inevitable que se sintieran interpelados. Los tres simbolizaban la lucha por la libertad de Cataluña y las ideas progresistas. Pero ahora no era suficiente. Había que definirse sobre la independencia. Raimon y Serrat optaron por el silencio. Y Llach por su implicación directa en el proceso hacia la soberanía porque, a su juicio, el Estado español ha traicionado el proyecto democrático de la Transición.

Raimon rompió el silencio en mayo del año pasado. Expresó sus dudas y dijo que “ahora parece que sólo podemos ser independientes o quedarnos como estamos, pero quizás hay otras opciones” y defendió que la solución está en las urnas: “Si hay una movilización puede parecer que impones. Si votas, no impones, sino que decide la mayoría. Siempre respetando las minorías, porque si no se respetan las minorías un país se rompe”. Raimon recordaba que él es de Xàtiva y que la independencia de Cataluña podía tener efectos negativos para la Comunidad Valenciana. Este pronunciamiento le costó un linchamiento a las redes, a manos de fanáticos que no le perdonaban su libertad de pensamiento.

En aquellos momentos, Raimon aún era proscrito en su tierra, en un olvido impuesto por el Partido Popular que ha durado casi treinta años. Ahora acaba de recibir el reconocimiento de su pueblo, de manos del nuevo poder que hay en las instituciones valencianas. Es un acto que simboliza el extraordinario cambio ocurrido en la Comunidad vecina de Catalunya. Un cambio que aquellos mismos que criticaban a Raimon por no definirse como independentista no quieren ver, porque les es más fácil y rentable mantener la cantinela de los prejuicios y los estereotipos.

Joan Manuel Serrat acaba de romper su silencio. En una entrevista en la cadena Univisión, Serrat ha afirmado que “a los mandatarios de Cataluña y de España les conviene mantener vivo el conflicto, porque tienen mucho que ocultar y así la discusión diaria se alimenta alrededor de este tema, y mientras el resto va circulando como aguas subterráneas”. Serrat, que ha cantado a Machado, Miguel Hernández, Alberti, Lorca o Neruda, es coherente con su trayectoria cuando defiende los vínculos entre Cataluña y España. Serrat no está a favor de la independencia, pero reclama el 'derecho a decidir' de los catalanes como el camino para encontrar una salida a la fractura de la sociedad en dos mitades.

Para Raimon, Serrat o Llach el único camino está en las urnas. Sólo con las urnas se puede recuperar aquella Catalunya que compartía y sentía como parte de su vida canciones como Al Vent, Paraules d’amor o L’Estaca. Canciones que configuraban su identidad, libre y abierta, y que tanto contribuyeron a crear un solo pueblo, una sociedad cohesionada, la gran conquista de la democracia recuperada. Una sociedad que comparte música y palabras lo tiene todo a favor para el diálogo y el entendimiento. Consigo misma y con las comunidades vecinas que acaban de protagonizar una transformación histórica. Consigo misma, y con tantos y tantos ciudadanos del resto de España que se emocionan, aún, con las canciones de Raimon, Serrat y Llach.

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