Pere, el catalán que acabó de testaferro de una empresa que exportaba tecnología militar a Rusia: “Fue una encerrona”
Desde su aeródromo en la provincia de Girona, Pere todavía se pregunta cómo un instructor de vuelo como él acabó envuelto en un entramado que se utilizó para mandar a Rusia tecnología militar valorada en cientos de millones de euros.
“Fue una encerrona rarísima que no entiendo ni nunca entenderé”, señala este hombre de 61 años.
Insiste en que nunca imaginó que la empresa de Hong Kong que dirigió durante más de seis años formaba parte del engranaje ruso para evitar las sanciones internacionales y mantener el flujo de tecnología militar hacia Moscú.
“Tengo la sensación de que me han utilizado”, apunta en conversación con elDiario.es, en la primera entrevista que ofrece sobre lo que ocurrió. “He sido un hombre de paja, un testaferro, una diana en caso de que tocara disparar a alguien”.
La compañía que dirigió este catalán, llamada Pixel Devices, fue sancionada el pasado 23 de julio por el Consejo de la Unión Europea por formar parte del “complejo militar e industrial ruso”, tener vínculos comerciales con este o “contribuir indirectamente” a eludir las sanciones de la UE sobre “tecnología relevante” para el “sector de defensa del Kremlin”.
Dos años antes, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos incluyó a la empresa en su lista de compañías sancionadas. La administración estadounidense afirmó que Pixel Devices envió a Rusia productos electrónicos con uso militar por al menos 210 millones de dólares desde abril de 2022.
“Yo pregunté qué se estaba haciendo y me dijeron que suministrábamos material a cadenas comerciales tipo Mediamarkt en distintos territorios del mundo”, sostiene. “Si llego a sospechar lo más mínimo no me habría metido”.
La administración estadounidense cree que la empresa que dirigía Pere envió semiconductores y productos electrónicos de doble uso — artículos que pueden tener tanto un uso civil como militar— desde su sede en Hong Kong a una compañía rusa llamada Compliga.
Compliga, según publicó la agencia Reuters, es un proveedor de productos y equipos informáticos que importaba todos sus productos de la compañía dirigida por Pere, hasta el punto de ser su principal cliente.
¿Quién le daba instrucciones mientras estuvo al frente de la empresa? ¿En qué momento y cómo le ofrecieron el trabajo?
No es fácil arrancarle información a Pere, que en un primer momento declinó participar en este artículo. “No quiero remover la mierda”, afirmó.
Finalmente, accede a responder a su manera. Se va por las ramas, explica anécdotas personales de hace dos décadas y, de vez en cuando, concede algunos detalles sobre el caso en medio de largas digresiones sobre geopolítica.
“Me pareció una buena oportunidad”
“Me pareció una buena oportunidad, en 2018 no había guerra en Ucrania”, sostiene, obviando que el conflicto había empezado realmente en 2014 con la invasión rusa de la región del Donbás. “Yo estaba picando piedra día y noche [en el aeródromo] y no me salían las cuentas”.
Explica, sin precisar demasiado, que fueron clientes del aeródromo quienes le pusieron en contacto con las personas que le hicieron la oferta laboral.
“Por conocidos de conocidos, amigos de conocidos y conocidos de amigos se me propuso un negocio que parecía interesante”, rememora. Añade que su aeródromo queda cerca de un municipio catalán con gran presencia de rusos.
Según el registro mercantil de Hong Kong, Pixel Devices fue fundada por una compañía en manos de un ciudadano ruso llamado Kirill Nosov. En el registro aparece que Pixel Devices está controlada por otra sociedad de Singapur, llamada Asia Global Neolink, propiedad a su vez de otra empresa radicada en las Islas Seychelles.
Pere, sin embargo, no solo dirigió Pixel Devices, sino que también figura en el registro mercantil de Singapur como director de la mencionada matriz, Asia Global Neolink, entre 2018 y 2024, antes de ser sustituido por un ciudadano indio al frente de esta sociedad.
“Yo iba y volvía de Hong Kong”, prosigue Pere. “Visitaba las cosas que se debían visitar, alguna reunión, alguna cosita y ya está”, añade al ser preguntado por su función dentro de la empresa. “Tenía relación básicamente con gente local”, sostiene.
El instructor de vuelo afirma que, tras las sanciones impuestas por EEUU en mayo de 2024 y la congelación de sus cuentas bancarias, él se desvinculó de la empresa y su trabajó consistió en “gestionar la retirada” e intentar recuperar para Pixel Devices los impuestos que se habían abonado por avanzado.
Es cierto que la salida de Pere de la matriz de Singapur coincide con las sanciones de la administración de Joe Biden, pero el piloto catalán se mantuvo como director de Pixel Devices hasta su disolución, en enero de 2026, seis meses antes de que fuera sancionada por la UE y casi dos años más tarde de que lo hiciera EEUU.
La pista rusa de Pixel Devices llega incluso hasta su web, registrada por una compañía de servicios online de San Petersburgo. La página de la empresa que dirigió Pere ha sido eliminada de los servidores, pero en versiones antiguas se puede comprobar a qué se dedicaba y a quién se dirigía la empresa.
Pixel Devices vendía equipos electrónicos y de comunicación: sensores para monitorizar instalaciones a distancia, sistemas de posicionamiento, radioenlaces y piezas para fabricar aparatos de radio y microondas.
Varias de estas líneas de producto —sobre todo los sistemas de posicionamiento y los componentes electrónicos— se ofrecían explícitamente en la web al sector militar y aeroespacial.
¿Fue Pere engañado y no tenía ni idea de nada? ¿Se olía algo raro y no quiso preguntar? ¿O directamente era consciente de todo pero prefirió mirar hacia otro lado y ganar dinero?
El relato que ofrece es el de una persona a la que le tomaron el pelo, pero no quiere revelar quién le engañó. “Hay gente a la que se le calienta la sangre”, responde. “La cola no sabes hasta dónde puede llegar y si revelarlo sería muy beneficioso para mi salud e integridad física”.
Al preguntarle si ha pedido explicaciones a las personas que supuestamente le metieron en este lío, el instructor de vuelo responde que no. “Ya somos todos mayorcitos”, señala.
“No he pedido explicaciones a nadie ni he querido tirar del hilo”, concluye. “No quiero saber ni dónde acaba ni dónde empieza todo esto”.
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