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COP25, no has decepcionado

Aunque ha permitido dar visibilidad a las negociaciones, ha estado, como se veía venir, al servicio de quienes quieren echar el freno a la ambición climática

Suavizan los resultados con grandes reuniones en las que juntan a corporaciones y gobiernos, para que se pongan cara y se olviden de los que se quedan fuera

Decoración de la COP25 en la 'zona azul'

Acaba la COP25. Una cumbre del clima que empezó torcida termina como una patada hacia delante: la llamada a la ambición se traslada a la siguiente conferencia de las partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Quizá no es el peor de los resultados posibles, pero sí es, necesariamente, decepcionante.

Empezaba torcida porque tocaba en Brasil. En vez de celebrarse allí se trasladó a Chile y de allí acabó llegando a España. Podríamos analizar la situación política en cada una de estas paradas (mención especial a la ciudad anfitriona), pero extendería este artículo innecesariamente: gobiernos negacionistas, conflictos sociales y bloqueo político son las claves que han marcado el contexto de esta reunión internacional.

Con esos mimbres estos cestos: no se aprueban unas reglas que desarrollen el artículo 6 del Acuerdo de París, lo que aplaza un mecanismo potente para la mitigación global de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. También siguen los problemas sobre financiación de la actuación climática. En el lado positivo destacaríamos avances en igualdad de género y consideraciones sobre justicia climática en términos de derechos humanos y transición justa.

Las grandes corporaciones han hecho su circo: campañas de lavado de imagen (o 'greenwashing'), que ha ido desde publicidad en las portadas de los principales periódicos a forrar paradas de metro enteras. Declaraciones grandilocuentes sobre responsabilidad social y compromisos medioambientales que no se traducen en acciones concretas. Publicidad sobre medidas a un futuro que nunca llega. Palos en las ruedas a corto plazo: mientras se ponen medallas evitan que los gobiernos acuerden reglas internacionales para limitar las emisiones causadas por su actividad. O que les hagan pagar por ellas.

COP25

Quizá no sería justo calificar las COP como un circo caro e inútil, pero desde luego que algo de eso tienen. Lo bueno es que permiten dar visibilidad a las negociaciones sobre el Cambio Climático: nunca antes habíamos tenido en los medios a tanta gente hablando sobre el clima. Y que avanzan. Poco a poco, van consiguiendo compromisos para reducir las emisiones de efecto invernadero y establecer mecanismos de mitigación y adaptación.

El problema, en parte, está en el relato. Durante dos semanas los medios ponen el foco en el circo, las empresas aprovechan para ponerse medallas sobre lo verdes que son, los científicos ponen sobre la mesa evidencias y la sociedad civil reclama a todos compromisos fuertes. Y a última hora dejamos solos a los representantes, para acusarles de no ser capaces de estar a la altura. ¿Realmente es culpa de los políticos que no se consigan logros más ambiciosos en las COP? No.

Si no vamos más deprisa es porque se está durmiendo a la sociedad civil a base de medidas blandas que permiten posicionar a las marcas como las defensoras de las iniciativas más avanzadas en materia de clima. Es una cuestión de conciencia: que cada uno pueda volver a casa con la conciencia tranquila. Por eso molesta tanto Greta Thunberg: ha metido los focos en unos eventos en los que ya nadie esperaba nada de nadie.

Gran parte del fracaso es culpa de los grupos de presión de las corporaciones que tantos gases de efecto invernadero emiten. Algunos son muy evidentes, otros no tanto. Pero el nivel de intromisión llega a todos los niveles y cubre todos los frentes. Trabajan activamente en blanquear y hacer buenas las propuestas de esas empresas que, por otro lado, influyen en los procesos de toma de decisiones desinflando las medidas finalmente adoptadas en cada reunión. Con distintos trajes están presentes en el día a día de los representantes políticos, unas veces enfrente alertando de los riesgos de las medidas, otras a su lado como simpáticos asesores y orientadores del camino a seguir. 

"Se dibuja a las organizaciones ecologistas y de defensa de derechos humanos como radicales"

Y consiguen imponerse en los medios de comunicación. El juego es fácil: se dibuja a las organizaciones ecologistas y de defensa de derechos humanos como radicales. En paralelo se crean otras ONG, financiadas con el dinero de las corporaciones, para dirigir el discurso con un mensaje cómodo para todos. Las limitaciones de los medios de comunicación hacen el resto. ¿Cómo llenamos el tiempo del noticiario? camiones de estiércol volcados a la puerta de IFEMA, activistas expulsados de las reuniones… y el micrófono en la boca de quienes se alían con las corporaciones para tenernos entretenidos mientras no se hace nada. Da voz a quien yo te diga que para eso te patrocino. Y no te salgas de las notas de prensa, que para eso las redacto.

El relato está dominado por los portavoces del discurso de las grandes empresas. Personas que se dedican a abrazar a los representantes políticos que deberían trasladar a las decisiones las evidencias científicas y el clamor de la calle. Pero muchos de los miles de personas que están en una COP han ido allí a conseguir los resultados que pretenden los grandes emisores de gases de efecto invernadero. Se dedican a desmontar los argumentos más críticos y restar importancia al fracaso de las negociaciones.

Suavizan los resultados desde el principio, con grandes reuniones en las que juntan a corporaciones y gobiernos, para que se pongan cara y se olviden de los que se quedan fuera. En el durante ponen los escenarios y los focos para las fotos que abrirán las portadas. Y después seguirán organizando actividades con las que parezca que están haciendo algo, ya sin la presión de acuerdos que introduzcan limitaciones a sus negocios.

No, la COP25 no ha defraudado. Ha estado, como se veía venir, al servicio de quienes quieren echar el freno a la ambición climática. De las grandes empresas que manejan el discurso a su antojo y establecen la agenda internacional en función de sus intereses particulares. De los lobistas que posicionan a nuestros políticos y les consuelan cuando no están a la altura de lo que las personas esperan de ellos.

Por cierto, que si quieres enterarte de qué se ha decidido puedes consultar el fondo documental de Naciones Unidas.

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