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‘Mad Men’ y el abismo de Madison Avenue

La serie evoca una crisis de identidad de toda una generación a la que se le fracturó el idealizado sueño americano.

‘Mad Men’ nos propone un relato nostálgico hacia el pasado sin perder de vista los problemas del hombre contemporáneo.

Foto: taringa,net

Foto: taringa,net

Tras siete temporadas ¡vaya obra maestra! Sin duda, Matthew Weiner, su creador, ha dejado para los anales de la televisión una serie que es un auténtico poema audiovisual. ‘Mad Men’ es su hija y él, gracias a ella, se ha convertido en el autor en mayúsculas; como ya lo harían antes David Simon, Alan Ball o David Chase. Desde que HBO, entre otras, declinaran aquel primer guión que al final caería en manos de la cadena AMC, esta ficción lo único que ha hecho es rellenar hojas y hojas -virtuales y físicas- de miles de blogueros, críticos, catedráticos y profesores universitarios, analizando un producto cuidado al detalle que invita a reflexionar y a soñar, con miles y millones de caracteres hablando de esta gran y sofisticada estructura narrativa. Porque Weiner es un exquisito contador de historias con gusto por el fragmento pequeño.

La serie nos contextualiza en los convulsos años 60 y más concretamente en el mundo de la publicidad –la profesión con más glamour de la época-, donde la historia se centra en Don Draper (Jon Hamm) que es uno de los creativos con más éxito del momento. ‘Mad Men’ es un recorrido por una de las épocas más bulliciosas de la conciencia estadounidense: contracultura, Vietnam, crisis moral y ética, movimiento por los derechos civiles, etc. Así, a través de los ojos de algunos de los hombres y mujeres que trabajan en la agencia publicitaria Sterling Cooper Advertising, seremos testigos de los cambios que sufrió Estados Unidos.

El suelo literalmente desaparece y una silueta negra -Don Draper- se precipita a través de los rascacielos de Madison Avenue hasta que vuelve a estar sentada fumándose un cigarrillo. Unos títulos de crédito tremendamente simbólicos que evocan la crisis de identidad de toda una generación a la que se le fracturó el idealizado sueño americano, convirtiéndose en una verdadera pesadilla. Por eso no es casualidad que se use el universo publicitario para escenificar el conflicto entre el deber ser -lo que los demás esperan de ellos- y el querer ser. Así, todos los personajes que recorren las siete temporadas pagan un alto precio por mantener esa máscara continua. Pero también se plantea un escenario del fin de una era de hombres como Draper; y por lo tanto de una generación enclaustrada en la cultura dominante.

Entre los años 60 y 70 el ‘Estilo de vida americano’ se hace añicos, estamos en un clima de cambio social y político. El sueño americano deja de ser algo positivo para convertirse en una carga existencial que provoca en el ser humano una infelicidad perpetua. También se derrumba por completo del mito del hogar americano, ya que se convierte en una cárcel -sobre todo para las mujeres- donde la abundancia económica es una pantalla de problemas más profundos. El mundo de las apariencias también se traslada a la esfera más privada. Así, las nuevas generaciones emergentes -contracultura- se revelarán contra una forma de entender la vida que provoca un inmenso hastío personal. ‘Mad Men’ como gran texto autorreferencial beberá de mucha de la literatura de la época, que de alguna manera es seña de esta crisis interior.

Foto: loslunesseriefilos.com

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Esta crisis es sobre todo una ruptura moral contra una cultura dominante que bien se ejemplifica en el mismo entorno laboral y en los clientes de la agencia: machista, elitista, religiosa, xenófoba y alcohólica, entre otras cosas. Contra ello se levantan unas nuevas formas de pensamiento que toman forma con diferentes movimientos: derechos civiles, hippies, estudiantiles, feministas... o lo que se denomina comúnmente como la contracultura, que aboga por un cambio social y político en Estados Unidos. Durante estas siete temporadas en ‘Mad Men’ veremos a través de los ojos de los personajes estos cambios y cómo se experimentan en el seno de la oficina.

‘Mad Men’ es una ventana al pasado, a aquellos hechos que marcaron Estados Unidos, y en la serie los personajes -y nosotros- son testigos gracias a la televisión: asesinato de Kennedy, crisis de la bahía de cochinos, contracultura, llegada a la luna, movimientos de los derechos humanos o la Guerra de Vietnam. Ese aparatito que emite imágenes se empieza a convertir en el pilar central. Pero la agencia también será actor principal en los cambios que lentamente se irán estableciendo en la sociedad: gente de color en las oficinas, liberación de la mujer, etc. Por lo tanto, gracias a Don, Peggy, Peter, o Joan. seremos muy partícipes de estos hechos.

Aunque la serie nos propone un relato nostálgico hacia el pasado no pierde de vista los problemas del hombre contemporáneo: crítica al capitalismo voraz y hambriento, dónde el dinero es moneda de cambio incluso para necesidades emocionales, produciendo en el ser humano una desazón existencial. Refleja también la lucha entre las viejas jerarquías y las nuevas; y por último, una reflexión sobre la relación en el ambiente laboral.

Foto: elcondensadordefluzo.blogs.fotogramas.es

Foto: elcondensadordefluzo.blogs.fotogramas.es

La enigmática personalidad de Don Draper es el motor principal que propulsa ‘Mad Men’. Él encarna la figura por excelencia del sueño americano: una persona hecha a sí misma, con orígenes humildes y que con esfuerzo consigue el éxito. Pero ante todo Don es una personalidad hermética y enigmática que encierra una gran lucha contra sí mismo, con el consecuente vacío existencial. La gloria le ha traído sacrificios personales incalculables, ya que el mismo es un producto o sueño que vende a los demás. Tenemos una persona cuya única manera de seguir viviendo es una constante huida hacia delante -reiniciarse- que le causará traumas y un perpetuo hastío vital. Por eso la historia tiene ese toque de espiral, ya que seremos testigos de las constantes muertes y resurrecciones de Draper.

La antítesis de este personaje gran personaje masculino es la formidable Peggy Olson (Elisabeth Moss). Ella representa la transgresión en un mundo de hombres, es la Don Draper de su género, sin perder su identidad femenina. Es, sin lugar a dudas, uno de los personajes más carismáticos de ‘Mad Men’ reflejando sobre todo la lucha de la mujer en un espacio machista -junto con Joan y otras-. Nos dará escenas y secuencias míticas que eclipsará al mismo Draper.

Foto: hellogiggles.com

Foto: hellogiggles.com

Pero ‘Mad Men’ no es solo Don y Peggy sino que es un mar de personajes con distintas y cromáticas personalidades que se aferran a nuestro subconsciente. Todos ellos se encuentran al borde del precipicio y con ciertas disfuncionalidades, que provocarán en ellos diferentes problemas y pagarán distintos precios para alcanzar la supuesta felicidad: Peter Campbell (Vincent Kartheiser), Joan Holloway (Christina Hendricks), Roger Sterling (John Slattery), "Betty" Francis (January Jones) o Sally Beth Draper (Kiernan Shipka).

‘Mad Men’ seguirá dando mucho que hablar y mucho que escribir de aquí en adelante, ya que es innegable la complejidad del texto narrativo que se presenta ante nuestros ojos. Al ser un producto realizado al detalle se abre un maremágnum de distintos significados que están soterrados tras la capa principal. El arte de la serie viene sin duda de esos momentos que parecen poco significativos. Por eso se exige que el espectador esté muy activo, ya que dentro de ese ritmo piano se encuentran las miles de pequeñas de esencias -miradas, silencios, gestos, movimientos, objetos- que dan el pleno entendimiento de la obra.

Esta es mi humilde y pequeño homenaje a esta obra maestra de la televisión, que sin duda, espero, haya servido para que alguien le dé una oportunidad a ‘Mad Men’; y disfrute de uno de los mayores placeres seriéfilos de la historia.

Foto: telecinco.es

Foto: telecinco.es

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