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Guadalajara, una ciudad de esencia árabe

El puente califal o el Alcázar son los vestigios más notables de la época musulmana, que dejó una profunda huella en la identidad de la ciudad

El Ayuntamiento alcarreño dedica en octubre su detalle monumental  a la ‘Guadalajara musulmana’

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Puente árabe de Guadalajara

Puente árabe de Guadalajara Foto: Ayuntamiento de Guadalajara

Un territorio amurallado con inexpugnables torreones, puentes y un Alcázar para salvaguardar la vida que acontecía en una encrucijada de callejuelas angostas, que evocan un rico pasado multicultural. Este fotograma esboza el asentamiento de la civilización árabe en Guadalajara durante trescientos años, que ejerció una honda influencia en su historia y su cultura a lo largo de los siglos.

Guadalajara actuó como una plaza militar estratégica de la Marca Media de Al-Andalus sobre el Valle del Henares hasta que las huestes cristianas, lideradas por el noble castellano Alvar Fáñez la conquistaron en el año 1085.  Tres siglos de presencia que empaparon a la ciudad de un esplendor cultural, reflejado en la arquitectura, el urbanismo, los oficios y las costumbres de sus pobladores. Hoy, diez siglos después, el legado árabe perdura en la ciudad en un conjunto de piedras y monumentos que luchan por sobrevivir al olvido del tiempo.

Juan Manuel Tieso, guía turístico de la ciudad arriacense explica que “Guadalajara es de origen  musulmán y la impronta de esta civilización se advierte en su propio nombre Wad-Al-Hayara, que significa río de piedras”. Durante la época de dominación árabe, el período de mayor apogeo en la ciudad transcurrió durante los siglos X y XI, que coincidieron con la construcción del puente califal y del palacio alcázar en la zona alta de la medina.

Según relata, “Guadalajara, que se convirtió  en la segunda ciudad más importante de la Taifa de Toledo, se construyó sobre un avanzado sistema defensivo de murallas, que fueron posteriormente reformadas por los cristianos y reubicadas entre dos barrancos, el del Alamín y San Antón”.

Este protagonismo histórico árabe se refleja hoy en algunos de los monumentos más significativos de la ciudad. Entre los iconos que perviven sobresalen el puente califal sobre el río Henares, que próximamente va a recuperar la Junta de Castilla-La Mancha para convertirlo en un monumento visitable y en un entorno de ocio para los vecinos de Guadalajara.

Además, el Alcázar Real, situado frente a lo que fue la puerta de Bramante, uno de los accesos principales a la urbe musulmana, es hoy un monumento que el Ayuntamiento rehabilita para transformarlo en un futuro parque arqueológico visitable y en un área para la investigación histórica.

Aunque no existe una ruta turística específica que recorra los vestigios musulmanes de Guadalajara, debido a la precaria conservación de algunos de ellos o a la desaparición de otros como la puerta de Bramante y Bejanque,  los guías dedican un espacio del recorrido general por la ciudad para describir a los turistas la importancia histórica que este patrimonio inmaterial supuso para la urbe.  “El legado cultural de Wad-Al-Hayara ha sido transmitido por otros pueblos hasta nuestros días y en los recorridos puede apreciarse perfectamente  en el trazado urbano anárquico, de calles estrechas y en la toponimia de vías como Bardales, La Mina, Bejanque o el Barrio del Alamín”.

Torreón del Alamín

Torreón del Alamín Foto: Ayuntamiento de Guadalajara

Posteriormente, tras la reconquista de Guadalajara, los musulmanes que se convirtieron al cristianismo, los moriscos, mantuvieron el legado cultural árabe en su forma de vida. De la Guadalajara medieval, próspera en la economía, la ciencia y el comercio, nos quedan los barrios moriscos de Almajit, en el centro, el Alamín, en los arrabales de la ciudad y el de la Alcallería, donde los moriscos convivían con judíos y cristianos y ejercían los oficios de caldereros, cacharreros y alfareros. 

Esta huella árabe se extiende también a la decena de iglesias mudéjares que esconde el centro de Guadalajara, entre las que sobresalen las de San Gil, Santa María o Santo Tomé.

Toda la herencia de la cultura árabe se puede disfrutar de manera especial en la ciudad arriacense. ‘Guadalajara musulmana’ es uno de los itinerarios que propone  ‘Guadalajara Abierta’, un programa turístico con el que el Ayuntamiento de Guadalajara promociona  cada mes el patrimonio de la ciudad mediante visitas guiadas. Durante octubre, el conocido como detalle monumental del mes es precisamente ‘Medinat Al-Faray’, la Guadalajara Musulmana.  

Un recorrido que muestra al visitante los vestigios árabes más sobresalientes y, que puede realizarse durante los sábados, domingos y festivos de octubre por la mañana y por la tarde. “Hemos de aprovechar el valor cultural y de mestizaje que nos aportó el mundo árabe con estas rutas temáticas por la ciudad que tienen una gran aceptación de turistas y demuestran que Guadalajara es un destino desconocido aún por descubrir”, concluye Tieso.

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