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La fuerza de la verdad camino del 28A

Gráfico contratación indefinida que mostró Pablo Casado en el debate de Atresmedia

Rafael Tabarés-Seisdedos

Valencia —

I

La vida ya no se guía por la verdad. Se ha perdido el respeto a mentir. Hoy existe una antipatía generalizada hacia la evidencia, que literalmente significa “ver”, una hostilidad hacia los expertos. La gente siente un rechazo hacia los peritos, letrados, intelectuales, científicos, catedráticos y todo tipo de especialistas que forman parte de un sistema desacreditado y que, en nombre de la búsqueda del conocimiento, han contribuido a crear formas de explotación y destrucción. Alguna responsabilidad tendrán los científicos que han sintetizado las sustancias, los estrategas de ventas y marketing o los médicos que recetaron millones de pastillas de opiáceos en una de las mayores crisis sanitarias en la historia de los Estados Unidos de América, que ha provocado 351.000 muertos por sobredosis de opiáceos en los últimos veinte años, seis veces más muertos de los que dejó la Guerra de Vietnam. “Ya basta de sabihondos que me hacen sentir idiota o que me miran por encima del hombro o que viven a costa de la gente común”, “si nadie hace nada por mí, por qué he de creer en nadie”. Y si no confías en nadie, por qué tienes que confiar en los hechos. La tierra es plana, los alunizajes fueron un montaje, las vacunas son veneno, el supremacismo racial de los blancos y el de los hombres sobre las mujeres son características de la evolución biológica, el cambio climático no existe, las pistolas para todos mejoran la seguridad, bajar los impuestos a los que más tienen beneficia a los que menos tienen. Según las cuentas de la Cadena SER el PP y sus líderes ganan por goleada al resto en el número de mentiras camino del 28A: 18 frente a 5 de C’s, 4 de VOX y PSOE y 1 de Unidas Podemos.

El presidente Trump ha realizado, sobre todo a través de la red social Twitter, 9.451 declaraciones falsas o engañosas en los 801 días que lleva gobernando. Sus trápalas preferidas son las relacionadas con los migrantes y los países extranjeros. Conclusión del fino analista Moisés Naím: “el presidente Trump ha normalizado la mentira”. Conclusión provocadora: Donald Trump es, parafraseando a Miguel de Unamuno, “nada menos que todo un hombre”, el más humano de los presidentes. ¿Cómo? ¿Por qué? Porque todo el mundo miente. Mentimos sobre cuánto bebemos. Mentimos sobre la velocidad a la que conducimos o las veces que tenemos relaciones sexuales. Los médicos dicen que te vas a poner bien cuando no es así. Los científicos dicen que sólo les mueve la ambición de saber cuando no es así. Los banqueros dicen que esa casa es para ti cuando es suya. Los políticos dicen que eres un ciudadano cuando no es así. Las personas mienten a sus compañeros de trabajo. Dicen que les gustan las mujeres cuando les gustan los hombres. Mienten a sus jefes. Mienten a sus hijos. A sus padres, a sus parejas. A las encuestas. Se mienten a sí mismas. La ciencia de los datos o el Big Data, pero antes el psicoanálisis y algunas psicoterapias, demuestran que todos somos Donald Trump. El presidente estadounidense es un virtuoso de la psicopolítica al trasladar la mentira a la arena pública, un populista que impregna de desconfianza la lectura inocente de la vida. Transitamos hacia una era de la sospecha más allá de las pruebas. Una manera de ser recelosa, incluso, paranoica se consolida. El paso siguiente es el autoritarismo y, el último, el totalitarismo: o te conviertes a la causa, o eres un enemigo a batir.

II

La izquierda liberal considera que, con sólo tener acceso a la información adecuada, la gente pensará y actuará de forma correcta. Es un grave error disfrazado de profunda sabiduría. Es una respuesta insuficiente frente a los populistas manipuladores de la mentira y la desconfianza. La verdad ayuda sólo si el conocimiento de la vida se acompaña de la introspección, la auto-reflexión. Es necesario tiempo y medios para ver a la vez dentro de uno mismo y del mundo. Nietzsche  avisa: “el hombre moderno se mueve llevando dentro una ingente cantidad de indigeribles piedras de conocimiento…” Y lo que es más perturbador, ¿cuánta verdad somos capaces de soportar sin enfermar? ¿Acaso asumimos que el odio a los pobres, los gays y los extranjeros de otras etnias y religiones está extendido? ¿Que somos una sociedad homófoba y racista? ¿Reconocemos que existe una crisis generalizada en materia de violencia contra los niños y las mujeres? ¿Qué efecto tiene en nuestra vida interna visualizar estas y otras verdades? Es seguro que nos confunde, nos horroriza, nos deprime al mostrar que somos peor de lo que pensábamos. Debería formar parte de la naturaleza de un buen líder y de cada uno de nosotros la habilidad para analizar los propios impulsos como la violencia o los deseos sexuales, las ambiciones, los miedos, nuestra capacidad de cambio, para reconocer y no repetir las respuestas basadas sólo en mentiras y sospechas. El gusto por el auto-conocimiento ha muerto en esta sociedad de individuos desarraigados e hipervigilantes que impregnan al otro, incluso al más querido, del aroma de la sospecha. En su maravillosa versión de Suspicious Mind, Elvis Presley cantaba: “We're caught in a trap… because I love you too much baby… We can't go on together. With suspicious minds. And we can't build our dreams. On suspicious minds…”

III

A los cuarenta y cinco años, en 1915, Mahatma Gandhi volvía a la India definitivamente. Había desarrollado en Suráfrica la técnica de la no violencia que denominaba satyagraha, que puede traducirse como “insistencia en la verdad”, “fuerza del alma” o “fuerza de la verdad”. Era un método para reconocer y movilizar las fuerzas de la verdad y de la paz tanto en el adversario y opresor como en el oprimido, en uno mismo. Para Gandhi siempre existía un rescoldo de verdad incluso en el enemigo más detestable. Jamás se guiaba por el deseo de librarse del adversario, ni de debilitarlo o ridiculizarlo porque mantendría las soluciones violentas y totalitarias. Gandhi, con su poderosa presencia, caminaría hacia el 28A conversando con unos y otros líderes políticos, animándoles de forma entusiasta a convivir, a respetar lo que hemos dicho y hecho entre todos. Nos recomendaría mirar a derecha e izquierda para encontrar quién se acerca a soluciones universalistas, más allá de los pueblos o de la máscara de la diversidad, para buscar quién quiere construir una sociedad donde la violencia contra las mujeres, los niños, los gays, los diferentes o cualquier pobreza sea imposible. En otras palabras: ¿estamos preparados para reconocer con la fuerza de la verdad, con el auto-conocimiento, nuestras propias inclinaciones a mentir, a desconfiar, a no ver al otro? Para decirlo más claro camino del 28A: ¿estamos en condiciones de elegir a quien nos envenena de odio manejando dichas inclinaciones o a quien nos ayuda a mantenerlas a raya?

*Rafael Tabarés-Seisdedos, psiquiatra y psicoterapeuta, catedrático de psiquiatría en la Universitat de València, investigador principal en el CIBERSAM – ISCIII y en el INCLIVA.

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