Cuatro errores que no debes cometer con tus plantas este invierno

Plantas de interior

Eva San Martín


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Las plantas en casa nos permiten vivir rodeados de naturaleza, incluso en mitad de los momentos más oscuros del invierno. Pero, igual que les ocurre a las plantas en el exterior, nuestras compañeras vegetales de piso también se ven afectadas por los cambios de temperatura, de luz y de humedad que traen consigo los meses fríos del año. 

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De hecho, para muchas de nuestras plantas de interior, que nosotros, sus cuidadores, comprendamos estos cambios y los cuidados que implican, puede suponer la diferencia entre sobrevivir al invierno con dignidad o, por el contario, marchitarse y, en el peor de los casos, morir.

Para evitar los daños en nuestras queridas plantas de interior, y peor, las pérdidas, aquí van algunos de los errores más típicos que debemos evitar este invierno.

Error 1: Pasarnos con la regadera

No importa la época del año: las plantas mueren más por exceso que por falta de agua. De hecho, los excesos con la regadera provocan daños importantes en nuestras compañeras vegetales, incluido la putrefacción y pérdida de sus raíces. Algo que puede resultar especialmente problemático durante el invierno.

Ya hemos contado como rescatar una planta a la que hemos ahogado por exceso de agua: pero, lo primero, es evitar que suceda. Y, del mismo modo que el crecimiento de las plantas se ralentiza durante el invierno, lo mismo sucede con su requerimiento de agua y fertilizante (alimento). 

Recordemos que nuestras amigas vegetales entran en un estado de latencia durante los meses fríos. Y, puesto que no producen hojas ni flores de forma regular, tampoco necesitan tanta agua como requieren durante la primavera o el verano. Por eso, podemos recortar los riegos a la mitad, incluso menos, durante el invierno.

Mientras que las plantas de interior suelen agradecer que las reguemos cada dos o tres días durante el verano, para soportar el calor; puede bastarles con un riego cada dos semanas durante el invierno, y vivir felices sin que muestren señales de estrés hídrico.

Es más: si vivimos rodeados de cactus y suculentas, estas especies pueden aguantar perfectamente sin apenas agua durante los meses fríos. De hecho, este parón con la regadera puede suponer un empujón de crecimiento biológico cuando empiece la primavera, que hará que saquen flores más grandes y de colores más vivos,

La clave para acertar: usemos el truco del dedo. Metámoslo dentro de la tierra hasta la segunda falange para detectar la humedad real dentro de la maceta; y decidir así si nuestras plantas necesitan un trago (de agua) o no.

Error 2. Colocar las plantas lejos de la ventana ¡y de la luz!

Mientras que muchas de nuestras viviendas modernas no experimentan una bajada drástica de la temperatura en su interior, lo que sí reciben es mucha menor cantidad de luz. Y las plantas son, esencialmente, seres dependientes de la luz solar; por lo que esta bajada en los niveles de energía que reciben puede hacer que lo pasen mal.

Los vegetales más amantes del sol, como los cactus y las suculentas, pueden empezar a deformarse y alargar sus tallos hacia la ventana, en busca de los escasos rayos de sol. Otras plantas, como las píleas, entre las que se encuentra la cotizada planta china del dinero (Pilea peperomioides), empiezan a perder sus hojas, exhaustas por la imposibilidad de equilibrar la falta de luz con la activación del metabolismo en una habitación cálida, donde, por ejemplo, ponemos la calefacción. 

Existe un truco sencillo para evitarlo: acercar las plantas a la ventana. Un alféizar que puede abrasar las hojas en verano, por un exceso de rayos solares, por el contrario, puede resultar una localización estupenda para nuestras compañeras vegetales durante los meses fríos; y constituir el emplazamiento perfecto “luminoso, pero con luz indirecta” (que tanto leemos en las etiquetas) durante el invierno.

Otra alternativa es mover las plantas a una habitación más fresca. De hecho, a la mayoría de las especies de interior no les importa vivir con menos luz durante el invierno, siempre que el ambiente sea más fresco. Esta bajada natural de la temperatura ralentiza su metabolismo; por lo que no necesitan tanta energía solar. 

Error 3. No alejar las plantas del radiador ¡y achicharrarlas!

Otra advertencia: no coloquemos las plantas demasiado cerca de los radiadores, ya que el calor de la calefacción puede, literalmente, achicharrar y cocer las hojas de nuestras plantas.

Error 4. Seguir fertilizando las plantas en invierno

Ya lo hemos dicho: nuestras plantas de interior también entran en una fase lenta, latente, durante el invierno; en la que frenan su crecimiento. Lo que significa que no necesitan que las alimentemos o fertilicemos durante estos meses más fríos, algo que sí agradecerán en primavera o verano.

Es más: este aporte de fertilizante o nutrientes en invierno no es absorbido por la planta, ni aprovechado; y quedará en la tierra, lo que puede acabar por dañar las raíces. 

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