Cinco consejos simples para estimular la lectura en los niños

Foto: PxHere

Los beneficios de la lectura para los niños son muy numerosos: desde el estímulo que representa para su creatividad e imaginación -una auténtica gimnasia cerebral que empieza desde bien temprano- hasta una mayor capacidad de empatizar con los demás y de ser felices, sin olvidar, desde luego, que en general tendrán un mejor rendimiento escolar y académico.

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Lo que no siempre está tan claro son los métodos que conviene utilizar para estimular la lectura en los más pequeños. A menudo se cometen errores. Uno de los más comunes es tratar de obligar al niño a leer, lo cual puede tener el efecto opuesto al deseado: que el menor sienta la lectura como un castigo o que la relacione con momentos de fastidio y aburrimiento.

Por ello, al igual que en muchos otros aspectos de la vida, da muchos mejores resultados una estrategia de seducción que una de coerción. ¿Cómo implementar esa estrategia de seducción? A continuación se ofrecen cinco consejos simples para lograrlo.

1. Leerles cuentos desde bien pequeños

La lectura no comienza cuando el propio niño aprende a leer, sino mucho antes, desde el momento en que sus padres u otras personas les leen cuentos e historias. Las personas a quienes les leen desde la primera infancia tienen más probabilidades de ser buenos lectores durante el resto de su vida, y a su vez de inculcarle el amor por la lectura a sus propios hijos. Así lo destaca un informe de Booktrust, una organización con sede en el Reino Unido destinada a promocionar la lectura infantil.

En este sentido, existe un manifiesto sobre el “Derecho de los niños a escuchar cuentos”, que circula desde hace décadas entre los cuentacuentos latinoamericanos y fue difundido hace unos años por la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap). “Todo niño tiene pleno derecho a exigir que sus padres le cuenten cuentos a cualquier hora del día”, establece el segundo artículo del decálogo.

Ese mismo segundo ítem se completa así: “Aquellos padres que sean sorprendidos negándose a contar un cuento a un niño, no solo incurren en un grave delito de omisión culposa, sino que se están autocondenando a que sus hijos jamás les vuelvan a pedir otro cuento”. Merece la pena leer todo el decálogo. Y hacerle caso, por supuesto.

2. Dar libertad, no imponer nada

El escritor francés Daniel Pennac, en un ensayo titulado Como una novela, de 1992, incluyó otro decálogo: los derechos del lector. La obra -considerada ya un clásico- enseña que los lectores tienen derecho a no leer, a saltarse páginas, a hojear, a no terminar un libro, a leer cualquier cosa y en cualquier sitio, a releer, a leer en voz alta y a quedarse callado. Derechos que valen tanto para los adultos como para jóvenes y niños.

En virtud de estos derechos, a los niños no se les puede imponer la lectura, sino que se les debe estimular para que se acerquen a ella. Si ellos son conscientes de que podrán ejercer esos derechos cuando sientan deseos de hacerlo, tendrán con la lectura un vínculo mucho más saludable y, sin dudas, placentero.

3. Leer juntos y dar ejemplo

Casi nada estimula más a los niños a hacer algo que el ejemplo que recibe de sus mayores. Y la lectura no es la excepción. Por ello, una de las mejores formas de que padres y madres propicien en sus hijos el hábito de la lectura es que lean ellos también. Además, si los miembros de la familia dedican un rato a la lectura todos juntos, sentados en el sofá del salón, en un parque al aire libre o en cualquier otro sitio, se reducirá el riesgo de que el niño relacione la lectura con un momento de soledad y encierro, factores que, en ocasiones, también desalientan esta actividad.

Según las estadísticas, dos de cada tres padres y madres podrían hacerlo sin mayores inconvenientes, ya que esa es la proporción de los españoles que lee libros. Así lo indica el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros 2017, presentado en enero de este año, el cual revela que el 65,8 % de la población lee con regularidad.

4. Realzar el aspecto lúdico de la lectura

Leer no implica solamente estar quieto frente a un libro mientras se sigue un texto o imágenes con la vista. Hay múltiples cosas que se pueden hacer: leer en voz alta con los niños, comentar las lecturas, imaginar cómo son los personajes o los paisajes que el texto y las ilustraciones no describen, escenificar las acciones del relato, poner voz a los personajes, inventar nuevas historias con los mismos protagonistas, etc. Son todas formas de expandir la capacidad creativa ya propiciada por el acceso a los libros.

Además de practicar esa “lectura activa”, niños y adultos pueden realizar verdaderas excursiones librescas: visitas a librerías y bibliotecas, participar en actividades que se realicen en esos sitios o en ocasión de fechas especiales (como el Día Internacional del Libro Infantil, que se celebra el 2 de abril), buscar títulos difíciles de encontrar en librerías de usados, regalar libros para los cumpleaños y ocasiones especiales, visitar los lugares reales donde transcurren las historias que se han leído, etc.

5. Pedir recomendaciones y seguir los gustos del niño

Ante la duda de cuál es la lectura más apropiada para el pequeño, existen varias alternativas. Una de ellas consiste en consultar con los maestros o profesores del niño, que pueden orientar acerca de los temas o motivos por los cuales el niño se muestra más interesado. También los bibliotecarios y libreros hacen recomendaciones: aunque no conozcan al niño, saben qué libros corresponden a cada edad y por lo general también cuáles son los que más éxito tienen entre los pequeños lectores.

Por lo demás, una cuestión fundamental: que las lecturas de los niños sigan el camino de sus gustos. Así como no se debe intentar imponer el hábito de la lectura, tampoco se deben plantear tales o cuales libros como obligatorios, sino permitir que los propios niños tengan sus libros preferidos. “De esa manera, los padres pueden compartir con ellos sus aficiones y sus gustos”, apunta la pediatra Esther Serrano en un documento de la AEPap. De lo contrario, “la falta de interés por los temas que se le impongan puede generar apatía y rechazo ante la lectura, por lo que es conveniente dejarles elegir”.

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