Una salsa, una compota o el relleno de una tarta: tres maneras de aprovechar las manzanas de temporada según su sabor

Tarta de manzana.

Edu Molina

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La manzana es una de las frutas más versátiles de la cocina, capaz de adaptarse tanto a preparaciones dulces como a elaboraciones que acompañan platos salados. Su sabor equilibrado, su textura y su facilidad de cocción la convierten en un ingrediente habitual en recetas caseras, especialmente durante los meses más fríos, cuando apetece recurrir a elaboraciones reconfortantes y aromáticas.

Aprovechar las manzanas de distintas formas no solo permite diversificar el menú, sino también sacar partido a una fruta accesible y presente en la mayoría de los hogares. Desde salsas suaves hasta compotas tradicionales o rellenos para repostería, existen múltiples opciones sencillas que permiten transformar este ingrediente en preparaciones prácticas y adaptables a diferentes momentos del día.

Salsa de manzana

Para preparar una salsa de manzana destinada a unas cuatro raciones, se parte de aproximadamente un kilo de manzanas frescas. A esta cantidad se le añade alrededor de 100 mililitros de agua para facilitar la cocción, una cucharada de zumo de limón y, de forma opcional, una rama de canela para aromatizar. En función del dulzor natural, puede incorporarse una cucharada de azúcar, aunque no es imprescindible en todos los casos.

Las manzanas se pelan, se descorazonan y se cortan en trozos medianos, procurando que tengan un tamaño similar para que se cocinen de manera uniforme. Una vez preparadas, se colocan en una olla junto con el agua y el zumo de limón, y se llevan a fuego medio. Durante unos veinte minutos, la mezcla se cocina removiendo ocasionalmente para evitar que la fruta se adhiera al fondo.

Cuando las manzanas están completamente blandas, se retira la rama de canela si se ha utilizado y se tritura el conjunto hasta obtener una textura homogénea. En este punto se puede ajustar el sabor incorporando azúcar y cocinando unos minutos más para que se integre. La salsa se deja enfriar antes de su consumo o se conserva en frío en un recipiente hermético.

Compota de manzana

Para preparar una compota de manzana pensada para cuatro personas, se utilizan tres manzanas medianas, 300 mililitros de agua, ciento cincuenta gramos de azúcar y una rama de canela. Estos ingredientes permiten obtener una preparación dulce y aromática, con una textura suave tras la cocción prolongada de la fruta.

Compota de manzana.

El primer paso consiste en poner el agua y el azúcar en un cazo y calentarlos a fuego medio. Durante este proceso, se remueve ligeramente hasta que el azúcar se disuelve por completo y el líquido comienza a hervir. Tras unos minutos, se obtiene un almíbar ligero, aún fluido, que servirá de base para la cocción de la fruta.

Mientras se forma el almíbar, las manzanas se lavan, se pelan y se descorazonan, cortándolas después en trozos de tamaño regular. Cuando el almíbar sigue burbujeando suavemente, se incorporan los trozos de manzana junto con la rama de canela. El cazo se tapa, se reduce la intensidad del fuego y se deja cocer durante aproximadamente treinta minutos, hasta que la fruta está blanda y bien integrada con el líquido. Una vez finalizada la cocción, la compota se retira del fuego y puede servirse templada o dejarse enfriar antes de su consumo.

Relleno y base de tarta de manzana

Para elaborar una tarta de manzana de tamaño medio se emplea un kilo de manzanas, dos huevos, cuatro cucharadas de maicena y otras cuatro de harina de repostería, ocho cucharadas de azúcar, un vaso de leche entera, un sobre de levadura química, la ralladura de un limón, el zumo de medio limón y mantequilla para engrasar el molde. Para el acabado final, se utiliza mermelada de albaricoque o de melocotón. De todas las manzanas, se reserva una para cortarla en láminas y cubrir la superficie de la tarta.

Reserva una manzana para cubrir la última capa de la tarta.

Con el horno precalentado, se inicia la preparación de la masa. Las manzanas, excepto la reservada, se lavan, se pelan y se trituran o rallan finamente en un recipiente amplio. A esta base se incorporan los huevos, la leche, el azúcar, la ralladura de limón y el zumo, batiendo el conjunto hasta obtener una mezcla homogénea y sin grumos visibles. A continuación, se añaden la maicena y la harina tamizadas junto con la levadura, y se vuelve a batir hasta que la masa quede bien integrada y con una textura uniforme.

El molde desmontable se unta con mantequilla y se vierte en él la mezcla preparada. La tarta se introduce en el horno a una temperatura aproximada de entre 190 y 200 grados hasta que la masa queda cuajada. Para comprobar el punto de cocción, se puede introducir un palillo en el centro y verificar que sale limpio.

Una vez alcanzado ese punto, se disponen sobre la superficie las láminas de manzana reservadas, se espolvorean ligeramente con azúcar y se vuelve a introducir la tarta en el horno utilizando la función de gratinado hasta que la manzana se dora. Tras sacarla del horno, se deja templar y se cubre la superficie con una capa fina de mermelada previamente aligerada con un poco de agua, antes de desmoldar y servir.

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