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Elecciones andaluzas: error generalizado

El candidato de Vox en Andalucía, Manuel Gavira, tras los resultados electorales del 17 de mayo, en Sevilla.
19 de mayo de 2026 23:05 h

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En este 2026 tenían que celebrarse elecciones parlamentarias en las Comunidades de Castilla y León y Andalucía, pero no en las de Extremadura y Aragón, que deberían haberlo hecho en mayo de 2027. 

No sé si la decisión de convocar elecciones anticipadas en estas dos últimas comunidades fue una decisión de la presidenta extremeña o del presidente aragonés o fue una decisión del presidente nacional. En todo caso, ha sido una decisión frente a la que no se elevó ninguna protesta en el momento en que se adoptó. Se podría decir, en consecuencia, que fue una decisión compartida por el conjunto del partido.

Al tratarse de una decisión discrecional de disolución y de una convocatoria anticipada opcional de elecciones, resultaba imprescindible la justificación de la misma. Una cosa es la discrecionalidad y otra la arbitrariedad. La distinción es importante en el proceso de formación de la opinión pública, que es lo decisivo en todo proceso electoral.

La imposibilidad de aprobar los Presupuestos de la comunidad por la oposición de VOX fue la justificación que se ofreció de la medida. Con VOX no se puede gobernar con normalidad. De ahí la necesidad de disolver el Parlamento y convocar elecciones con la finalidad de obtener una mayoría que permita gobernar en solitario sin depender de la extrema derecha. 

Con esta decisión se pretendía matar varios pájaros de un tiro. Tanto en las dos comunidades como en el conjunto del Estado. No se trataba solamente de prescindir de VOX para gobernar, sino de provocar también una derrota sonada del PSOE y de prefigurar con ello, en cierta medida, el resultado de las elecciones generales de 2027.

Poder prescindir de VOX era la clave de toda la operación. Aunque fueran, jurídicamente, cuatro elecciones distintas, políticamente eran una sola. Todas eran estadios de una estrategia única que debía conducir a Alberto Núñez Feijóo a la presidencia del Gobierno en 2027. O antes, incluso, si para el PSOE resultaba insoportable políticamente y no solo jurídicamente cuatro derrotas inapelables.

Con ello, el propio PP estaba definiendo el canon con el que definir el éxito de la operación. La mayoría absoluta era imprescindible para que la estrategia hubiera culminado con éxito. 

En la definición de la estrategia la exigencia de la mayoría absoluta operaba para las cuatro elecciones, pero, sobre todo, para las elecciones andaluzas. En las otras tres comunidades la mayoría absoluta era importante, pero en Andalucía era imprescindible. Porque Andalucía es Andalucía y porque, además, era la única comunidad en la que se partía de una mayoría absoluta. Con la mayoría absoluta en Andalucía, el PP habría podido afirmar con credibilidad que la operación había sido un éxito. Sin la mayoría absoluta en Andalucía el éxito quedaba ensombrecido. Así ha sido entendido tanto dentro como fuera del partido.

Unificar las cuatro elecciones no fue una buena decisión. En realidad, fue en la disolución en Extremadura y Aragón donde el PP, en mi opinión, se equivocó, ya que ha convertido a VOX durante muchos meses en el centro del debate. Aunque sus expectativas de crecimiento se han visto frenadas, el 16% que ha consolidado lo convierte en aliado imprescindible del PP para las futuras elecciones generales.

Qué hubiera pasado, si únicamente se hubieran celebrado elecciones en Castilla y León y Andalucía, es algo que no sabremos nunca, pero el riesgo que se corría con la disolución discrecional y la convocatoria anticipada en Extremadura y Aragón era excesivo. Lo que se ha conseguido es la estabilización de VOX en el sistema de partidos.

La operación no ha sido totalmente negativa para el PP, ya que el PSOE también ha cometido un error importante al configurar la respuesta al calendario electoral. La decisión de convertir a ministros y ministras en cabeza del cartel electoral en las comunidades autónomas ha sido un error inequívoco. Tanto que pienso que debería corregirlo para las elecciones autonómicas previstas para mayor de 2027. 

Porque se trata de un error que afecta a la organización interna del partido y afecta a la cohesión del mismo en un momento en el que, como han acreditado los resultados electorales, el PSOE se encuentra muy débil. La desconfianza desde la secretaría general en las propias federaciones es lo último que necesita un partido para poder competir.

También ha afectado la cuádruple convocatoria al espacio de la izquierda no integrada en el PSOE. En Andalucía se ha puesto de manifiesto que hay un electorado de izquierda importante, que supera al electorado de VOX. La suma de los votos de Adelante y Por Andalucía es superior a la de VOX. Pero no creo que el éxito de Adelante Andalucía, por el que su dirección debe ser felicitada sin reservas de ningún tipo, pueda trasponerse a las elecciones generales y, sin embargo, puede dificultar, y mucho, la configuración de candidaturas unitarias para el Congreso de los Diputados. 

Dicho en pocas palabras: el PP ha cometido un error al definir el calendario electoral de la forma en que lo ha hecho, pero ni el PSOE, sobre todo, ni las izquierdas han sabido sacar partido del mismo, más allá del éxito puntual de Adelante Andalucía.    

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