La lucha por el derecho a tener derechos
Mi organización, el European Center for Constitutional and Human Rights, tuvo durante la pasada semana una visita desde Marruecos. Dos activistas de Derechos Humanos informaron en Berlín sobre su trabajo con refugiados y migrantes que buscan el camino desde Nador en Marruecos hacia Europa. No es precisamente nada que no hayamos leído o escuchado ya de alguna manera, pero para mí es más preciso cuando escucho las historias de primera mano. La violencia y la injusticia se acercan, ya no puedes rehuirlas.
El camino más corto para llegar de Nador a Europa lo lleva a uno cruzando cercas de alambre de espino hacia el enclave de Melilla, que, al igual que Ceuta, está situado en el Norte de África. El largo camino prosigue a través del mar Mediterráneo hacia Andalucía y con ello directamente al continente europeo. Quienes logran cruzar las alambradas de hasta seis metros y la corrida de baquetas entre vigilantes fronterizos violentos de Marruecos y España suelen ser, en su mayoría, jóvenes varones en buena forma de entre 15 y 21 años. En cada intento de cruzar las vallas de Melilla hay heridos graves y repetidamente también muertos. Para el viaje sobre el mar, donde no siempre hay peligro mortal, se necesita dinero, dinero que muchos no tienen. De manera que acaba siendo una selección darwinista la que el régimen fronterizo de la Unión Europea fomenta.
El estado marroquí, por su parte, alimenta el racismo contra la gente subsahariana; los medios divulgan estereotipos y mentiras sobre ellos. En Marruecos no hay muchos voluntarios que se esfuercen por otros como lo hacen nuestros dos visitantes. Por eso nos alegra poder trabajar junto a los activistas. Juntos tratamos de darles sus derechos a refugiados y migrantes.
“Que existe algo como un derecho a tener derechos…” es algo que Hannah Arendt nos explicó después de la Segunda Guerra Mundial, usando como ejemplo los apátridas, los expatriados. Pero también en la era de los Derechos Humanos universales se tiene que luchar en muchas partes del mundo, incluyendo la Unión Europea, por este derecho a tener derechos. Refugiados y migrantes actualmente no tienen ningún acceso a un sistema funcional de protección jurídica en Marruecos, y en España rara vez tienen la oportunidad de un procedimiento de asilo, a pesar de que están en su derecho.
Hace unos días tuvimos esperanza. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos en Estrasburgo aceptó uno de nuestros casos. Se trata de una queja de dos hombres de Mali y Costa de Marfil contra la práctica de la policía española de expulsar de manera sumaria a refugiados y migrantes sin la posibilidad de solicitar protección jurídica o asilo. Sería la primera vez que Estrasburgo decidiera sobre la situación en Melilla y, con ello, sobre la rígida política fronteriza de España. En su reacción respecto a la exigencia del juez de tomar declaración, el ministro del interior español Jorge Fernández Díaz justificó esta violación masiva del derecho, la cual, además, es, desde marzo de este año, la política oficial del gobierno.
Por supuesto, somos conscientes de que una sentencia judicial no puede solucionar uno de los problemas europeos más grandes de nuestro tiempo. Heribert Prantl planteó hace poco unas propuestas convincentes en su escrito polémico de actualidad En nombre del humanitarismo: ayuda para países de tránsito como Líbano y Jordania, una ruta de huida más o menos segura, una política social adecuada y la abolición del sistema Dublín. Pero percibir a las personas que huyen como sujetos con Derechos Humanos y garantizarlos en territorio europeo sería un paso importante en la dirección correcta; los activistas de Marruecos ya lo dieron hace mucho.
Sobre este blog
Contrapoder es una iniciativa que agrupa activistas, juristas críticos y especialistas de varias disciplinas comprometidos con los derechos humanos y la democracia radical. Escriben Gonzalo Boye (editor), Isabel Elbal y Sebastián Martín entre otros.